80.- Esta vida perra


La vida me acojona y por eso la trato de disfrutar al máximo, porque miro a mi alrededor y veo tantas desgracias y dolor que me pongo a temblar de terror de solo pensar que a cualquiera nos puede pasar. Así que trabajo, me esfuerzo y lucho todos los días por aprovechar y valorar las cosas maravillosas que tengo, por disfrutar y realizar de todo aquello que me da placer y me encanta: Los abrazos y besos de mis hijos, el amor de mi familia, el buen sexo (si, el buen sexo, pesados…) con mi marido, el humor y  las risas con mis padres y mi hermano, la amistad de mis suegros y cuñados, los buenos ratos y  las fiestas con mis amigos, las “terapias” con mis amigas, el buen ambiente en el curro, los proyectos que me entusiasman, las ilusiones que me obsesionan, la música que me apasiona, un cuadro que me enamora, una buena historia bien relatada, una peli que me hace pensar,  un chiste destornillante, una situación que me descoloca, una buena sorpresa, un llanto de emoción, una relajación en yoga, un momento para mí misma bajo la lluvia, un corte de pelo-levanta-ánimo, un pantalón que no me hace tripa.

Intento como una perra desesperada saborear, exprimir y grabar en mi alma y en mi corazón cada instante para forjar un carácter optimista y positivo y así encontrar la parte buena de las situaciones malas y poder afrontar de algún modo lo que me llegue, para poder seguir adelante en esta vida perra, de la que lo único que tengo claro es que de momento solo tengo una y ya la he gastado 43 años. Aunque eso sí, aún me quedan unos sesenta mas por vivir J puesto que pienso llegar a los cien como una rosa gracias a poder dormir cada noche como un lirón con la conciencia tranquila y a mi magnifico ácido hialurónico o como se llame y al aceite con ajo, que según mi madre es un prodigio de la naturaleza y sirve para todo; mata las bacterias, refuerza las defensas, elimina las manchas de la piel, estira las arrugas, arregla el estómago, hace crecer las uñas y elimina el mal aliento de sopetón.

79.-La clase de funcional

Quizás porque me ha dado la crisis de los cuarenta casi tres años después de cumplirlos, o porque se me caen los párpados y la papada, me cuelga la chicha de los brazos,  y desgraciadamente también las tetas, por eso he decidido por fin, definitivamente y ya esta vez, la buena del todo, dedicarme algo de tiempo a mí misma; a cuidarme, a pensarme, a observarme, a mimarme y sobre todo a intentar frenar la degradación que produce el tiempo en mi triste cuerpo y en mi sufrida mente.

Así que he recurrido a una de mis infinitas listas. Ésta se llama “Plan de acción para Dorita logre envejecer con dignidad”. La lista costa de los siguientes puntos.

1.- Cortarme el pelo: HECHO!!
2.-Beber más agua. En proceso…
3.-Comer más verdura y menos chocolate. Intentándolo sin lograrlo L
3.- Comprarme Ácido hialurónico. Hecho!!
4.-Destruir mi tripa con una súper técnica indolora. Algún día cuando me toque la lotería L
5.-Comprarme ropa con más estilo. Algún día cuando tenga estilo, ooooo pueda pagarme un estilista privado…
6.-Reconstrucción de uñas. Cuando me mentalice para no arrancármelas a base de mordiscos después de gastarme la pasta.
7.-Volver a pintar y escribir. En ello...
8.-Salir más con mis propios amigos. No valen los amigis de mis hijos. Deben ser realmente amigos míos. En ello…
9.-Ir a ver más exposiciones. Tristemente ninguna aún.
10.- Y que me besen y abracen más todos los que amo J En proceso!!!
11.-Gimnasio. Apuntada y entrenando ya!!

Lo del corte de pelo ha sido fácil, porque me encanta y siempre me funciona: Voy a la pelu, me leo un par de revistas de cotilleos, me dan un masajito capilar, me soban la cabeza, me dejo mimar,  y ¡salgo como nueva!  Yo siempre lo digo esto deberían recomendarlo los psicólogos y psiquiatras, porque una buena sesión de peluquería arregla la mente y calma el alma.
Lo de beber más agua, lo tengo encaminado. Cada día lleno mis botellas hasta 2 litros. Pero cada día solo consigo beberme media de una. Además me han dicho que los cafés y las coca-colas, no suman sino restan… ¡Y yo qué pensaba que cualquier líquido valía! ¡Pues no! No vale ponerse ciego de cervezas para hidratarse…
Lo del chocolate el algo complicado… Estoy demasiado enganchada. Tendré que sustituirlo por otro vicio…, ¿pero cuál?
¡El ácido! Estoy deseando probarlo a ver si realmente me engorda la piel y se me tensa como dice las mil páginas que hay en internet.
Destruir mi tripa… Un sueño inalcanzable…
Lo de la ropa con más estilo, es difícil, a los cuarenta ya no tengo solución, soy una paleta, hay que asumirlo. Quizás si voy al programa ese que le encanta a Raquel donde te transforman si te cogen.  Aunque yo creo que está todo preparado.
Uñas: ¡Imposible! Aún me como los codos.
Pintar y escribir, salir con mis propios amigos, más besitos, exposiciones: ¡Estoy en ello!

Al punto del gimnasio era donde yo quería llegar, porque estoy muy, pero que muy requeté-orgullosa de mi misma. En Enero me apunte y cuatro meses después aún continuo. Solo que esta vez, estoy convencida de que voy a durar. Creo que aguantaré porque voy a la hora de comer, una hora perfecta porque aún no estoy cansada de un día corriendo de aquí para allá con los niños. ¡Y se nota! ¡Aún no me he rajado! ¡Y me encanta ir!¡Me siento tan satisfecha cuando termino la clase!

Es verdad que solo voy a las clases colectivas. Lo de las máquinas aún no me llama…, eso de estar yo solica martirizándome con un cacharro con cuerdas, cadenas muelles y pesos, pues como que no me hace, y además me da un poco de vergüenza… porque no tengo ni idea de cómo funcionan esos diabólicos aparatos llenos de colgajos. Pero me estoy mentalizando... Quizás solo sea tan sencillo como pedir ayuda a un entrenador.

También es verdad que comencé con Yoga, pero en estos meses he evolucionado poco a poco y ahora voy también  a pilates, zumba,  fit balance y body pump. Día a día me noto más flexible y fuerte; tristemente no más delgada, porque cuando termino tengo  muchísima hambre que mi cerebro engaña vilmente a mí voluntad diciéndole que me he ganado una buena tableta de chocolate. Pero eso sí creo que estoy cambiando grasa por músculo. ¡En serio! No os riáis.  Es verdad que aún  no se nota mucho. Por lo que ya me estoy haciendo a la idea de que nunca seré una de esas chicas gráciles y espigadas que andan por la calle cual junco balanceado por la suave brisa marina. Y sin embargo acabaré ancha y musculosa como la masa. Una pena… Pero bueno, ¡Eso mejor que estar como michelin!

Me he animado tanto que me he liado a probar todas las clases colectivas que pillo. Así que ignorante de mí me he metido en una que llaman funcional, y que describen como “entrenamiento para el día a día” y yo he pensado, ummmmm, eso me hace falta porque mi día a día es la pera. Indudablemente necesito entrenar para sobrevivir a las carreras y prisas.

Así que ni corta ni perezosa en la puerta de la clase me he plantado con mi botellita de agua y mi toalla por si llego a sudar algo. Y mientras espero, van llegando los tíos más macizos y las tías más fibrosas del gimnasio… Ummm… ¿Estos vienen a mi clase?  Pienso mientras me rodea una colección de buenorros, e instintivamente meto tripa y dejo de respirar durante el resto de la hora. ¿Cómo era la postura perfecta? “Activa abdominal, aprieta glúteo, junta escápula, saca pecho, relaja hombros, suelta cuello y crece, crece, crece”. Ufffffffffffff, me deshincho mientras pienso: ¿Y cuándo respiro?

 Veo llega a mi profa de pilates, que es quien va a dar la clase:
-Gema, Gema,  perdona, una preguntita…
-Sí, dime Dorita.
-Tú que ya me has visto en pilates y sabes cómo estoy de forma, ¿Crees que puedo estar en esta clase con todos estos que me rodean…?- Le pregunto admirando el panorama.
-Es lo digo siempre, Dorita, en mis clases puede estar todo el mundo. Haces los ejercicios a tu ritmo y ya está.
-¿De verdad?
-Sí, claro.
-Bueno, pues entonces voy a probar.
Probé, y casi la palmo. No era una clase de entrenamiento para la vida, sino para la muerte.  Dice la profe:

-Vamos a empezar con calentamiento, 20 series de pasos de oso. -¿Qué coño es eso de paso de  oso? Pues andar de un lado a otro como a cuatro patas, pero sin apoyar las rodillas y a toda velocidad.
-¡Ahora 100 sentadillas! ¿100? Pero si no puedo ni con diez. ¡Por Dios!¡Me arde el culo!.- Ahora entiendo porque todos los que me rodean tienen esos pedazo de culos perfectos. Y yo soy una fofa asquerosa… Bueno, al menos entre sentadilla y sentadilla puedo recrearme la vista con los panderos que vislumbro por el rabillo del ojo, no se me vaya a notar demasiado que me estoy recreando los sentidos.
-¡100 flexiones!.- Ni una fui capaz de hacer. Y mira que lo intentaba, pero soy incapaz de bajar el cuerpo sin estrellarme contra el suelo.
-¡100 abdominales! .- Menos mal que de esto estoy algo entrenada porque hago en pilates. Pero más de 20 no llegue a hacer.  Ummm, voy a inspeccionar nuevamente por el rabillo del ojo como van estos súper tiarrones con sus tabletas de chocolate. Ummmm, van bien los jodidos, que precisión de musculatura, ummm, me gustaría comprobar si están tan duras como parecen esas abdominales.
-¡Dorita! ¿Puedes dejar de distraerte y seguir con tus abdominales?. - ¡Joder! ¡Qué pillada! Perdón seño pero es que están muy buenos… Y algo gratificante me tendré que llevar.
-¡Ahora Burpeess!.- ¡Mierda! ¿Qué coño es esto?  Pues algo así como desde tirada en el suelo doy un grácil salto y me levanto, doy otro y hago una sentadilla, doy otro y vuelvo a caer en posición tabla ¡Facilísimo!  Al segundo burpee de estos, me quede tirada lo larga que soy en el suelo pensando cómo podría escaparme de esta clase torturadora sin hacer un grandísimo ridículo. El problema es que como soy miope, me he puesto en la primera fila.
-¡Venga chicos vamos a por las pesas! Que cada uno coja el peso que piense que es el adecuado.- Yo cogí la barra sin pesas. Esta vez no voy a fallar.
- Hombre Dorita, al menos tienes que levantar algo de peso.
- Bueno, pues el de medio kilo.
- ¿Si? ¿No te parece poco? Hay que forzar algo.
- No seño, yo me siento súper forzada, te lo aseguro.- Le contesto medio muerta a la profe mientras compruebo que todos los tiarrones y macizas del gimnasio están como rositas.
*      -Y ahora vamos a la pista de correr a hacer series de carreras.- ¡Mierda, caca, culo, pedo, pis!
*       
-Gema… Eh… Yo no puedo correr tengo asma bronquial… Mejor me voy .- Y me libero de esta agonía.

-No, hombre, no. De mis clases no se va nadie.
-¿No? Siempre hay una primera vez. Es que…
-Tú si no corres anda.- Así que yo andaba mientras todos esos tíos y tías buenos me pasaban una y otra vez.
-¡Muy bien chicos! ¡TRX!.- Esto ya es demasiado para mí. Flexiones con los pies enganchados en una especie de cuerda, goma… yo que se… Eso no se estaba quieto, era incapaz de controlarlo, y mantener mi cuerpo en tensión manteniendo la postura. Así que decidí atármelo al cuello y acabar de una vez por todas. Pero Gema me regañó.
- ¡Estiramientos! .- O mejor dicho torturamientos.
-¡Relajación! .- ¡Bien! ¡Por fin!
-… Ahora chicos, con los ojos cerrados, pensar dos cosas por las que estar agradecidos hoy.- ¡Lo tengo clarísimo! Estoy súper agradecida porque ha acabado la jodida clase y porque milagrosamente he sobrevivido a ella.