78.-Esos momentos...



La claridad se filtra por mis ojos cerrados mientras me acarician la cara con mimo, mis oídos no oyen ruido ninguno, solo un susurro agradablemente burbujeante, me invade un olor intenso marino, mi cuerpo ingrávido lo tengo expandido, fresquito y relajado, me siento mecida despacito por una fuerza invisible con cariño y delicadeza. Con tanto gustito, este cerebro mío va olvidando poco a poco todas sus preocupaciones, estoy realmente en la gloria. Abro los ojos y veo un cielo azul intenso, con alguna nube blanca brillante, y en los bordes inferiores de mis ojos que se niegan a abandonar el azul percibo lo que parece vegetación verde y arena brillante.  Sin duda estoy en el paraíso, pienso, mientras estiro aún más mis brazos y abro mis dedos para sentir nuevamente la levedad de mi ser meciéndose sobre un ente brillante.  Este sutil movimiento provoca que una cadena de burbujas exploten en mi espalda. Ummmm, que maravilla... En un estado semi-inconsciente decido que este es el modo perfecto de pasar la vida, no quiero ni parpadear para no romper el más sutil, ligero y maravilloso estado en el que me encuentro; estando pero sin casi estar...

-Mama, ¡Bomba va!
-¡Joder! ¡Me cago en todo!

 Entonces bruscamente mi paz infinita se hace añicos, cuando un bestiajo cae encima mío, salpicando todo el agua de la piscina sobre mi refrescado cuerpo y destrozando la levedad de mi ser, y aquella luz eterna que casi logre sentir en mi interior... ¡La madre que os pario! Le grito, mientras me hundo y trago lo menos dos litros del agua de la piscina.

-Pero mama, llevas dos horas haciendo el muerto, ya empezaba a preocuparme.
-¿Perdona? ¡Pero estaba haciendo la sirena!

Estaba viviendo un momento único para mí. He descubierto que un momento de estos intensos me recarga las pilas como una sesión de spa. Y he empezado a practicar los momentos únicos Dorita.
Por ejemplo, otro momento único solo mío, es cuando regreso de trabajar a las tres de la tarde con el coche ardiendo a cuarenta grados y con el aire acondicionado roto. Pues podría morirme ahí metida por derretimiento o deshidratación. Pero no,  he descubierto que es otro momento especial, porque abro las ventanas mientras voy sintiendo la velocidad a 100 kilómetros por hora por la autopista; el pelo se me aloca volando sacudido por el viento, lo que me provoca una sensación intensa excitación, porque mi cochecito parece que se va a desarmar. Como no escucho la música con el ruidazo de la autopista, pongo la radio al máximo volumen.  Y por supuesto es importantísimo sintonizar para este momento Rock FM, y así, imprescindible,  poder cantar a todo pulmón, por ejemplo la de " Sweet Child O' Mine2" de Gun n' Roses. Es entonces cuando experimento la libertad, la revolución, la anarquía. Y me siento una tía salvaje y guay: ¡Soy una rockera sin Ley!

Y me río a carcajada limpia cual loca de remate con un punto de histeria desesperada, cuando observo la cara de alucine de los otros conductores preguntándose qué coño hace una madre cuarentona con pelos de punta gritando a todo pulmón, a saber qué canción, dentro de un corsita canijo por el carril de la derecha: ¡Coño! ¡Pues disfrutando de la vida!

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77.- Podríamos ser nosotros

Me fijo en la foto y veo a una familia; un padre con una niña en brazos, otro niño de a mano, un tercero detrás cargando como puede con su maleta y el ultimo junto a su hermana o madre, que viste también vaqueros y unas converse rosas a conjunto de una camisa también rosa que lleva debajo de su chaqueta. Creo que sonrie. ¿Estarán llegando a su destino?  Me fijo y los niñós llevan vaqueros y cazadoras como los míos, no están sucios ni flacos. Podría ser una familia de viaje, solo que la mujer lleva un pañuelo en la cabeza, por lo que deduzco que quizás es una familia musulmana, y no están en un aeropuerto, sino en un camino de tierra, rodeados de una multitud de personas que llevan como pueden las cosas que han debido pensar que necesitarán en su llargo viaje. Sin duda ya sabéis que los de la foto son refugiados sirios.

Me fijo bien en la foto, y veo que se parecen mucho a una de nuestras familias, podrían ser mi familia. ¿Cómo habrçia vestido a mis hijos para hacer ese viaje?  Me es fácil imaginar que podríamos ser nosotros. Nosotros escapando de la guerra; huyendo del terror y de la muerte. Porque sin duda eso haría yo. Me llevaría a mi familia a un sitio más seguro costase lo que costase. Nos iríamos lo más lejos posible.

Sandra mira las fotos por encima de mi hombro, abre los ojos como platos, se gira hacia mi asustada y me pregunta:
-Mama, ¿Son los de la guerra?
-Si cariño. En su país hay una guerra horrible.
-Mama, si aquí hubiera una guerra, ¿Qué haríamos?
-Si hubiera una guerra nos iríamos a Canarias.
-Menos mal, mama. En canarias seguro que estamos a salvo.
Mi hija siempre asocia Las Canarias con el paraíso. Y claro en el paraíso es imposible que haya guerras. Por supuesto el paraido es el sitio más seguro delmundo para ella.


Continúo viendo fotos con mi portatil y me topo con las ciudades totalmente destrozadas. Se aprecian casas que antes debieron estar muy bien, con grandes habitaciones con paredes destrozadas, y terrazas enormes ampliadas al vacio. Todo es gris y lleno de escombros. Solo pasean los fantasmas ¿Quién no huiría de allí?

Me pregunto cómo es posible que se pueda pasar de una vida donde tu mayor preocupación es que llagas tarde al trabajo o que tu hijo no lleva la camisa del uniforme plantada a esta situación. A encontrarte en medio de una guerra encarnizada de la que tienes que huir a algún lugar donde nadie te quiere. Me imagino la sesación de perdida de esas familias que andas por el camino. Me imagino que me ocurre a mí y la angustia me oprime el pecho. El temor y el miedo a la vida me deja helada. El miedo a esta vida que sorprende con estos giros tan crueles. Quién sabe, en algún futuro por venir, podrían secarse las huertas de España, podría evaporarse el agua, podría morirse el ganado, podríamos quedarnos sin trabajo y dinero, podríamos ser nosotros en algún futuro muy, muy lejano… quien sabe… podríamos ser...

76.- Locas por Valentín


A pesar de estar herido tras liberar a la bellísima Marieta de las garras del temido Jonas, no pudo contener la ola de calor profundo que le consumía al desearla tanto y haber temido horrorizado perderla para siempre.  La abrazo por detrás con sus poderosos brazos, sorprendiéndola agradablemente por el suspiro de aprobación de la dama. Con lágrimas en los ojos por volver a sentirla suya le beso con desesperación en la nuca, los hombros, el cuello y la cara, para finalmente terminar en la boca, donde impaciente empujo su lengua para sentir su húmeda y cálida profundidad. La destreza de sus manos con las armas se volvió torpeza cuando empezó a soltar los miles de lazos de su vestido.  Su agitación incrementaba mientras forcejeaba con el vestido hasta que impaciente lo desgarró liberando los ansiados pechos de su amada, que tomo entre sus manos con exasperación.  La fue desnudando adorando sus perfectas curvas y admirando el brillo a la luz de la cálida de la suave piel de Marieta, que ansiaba cubrir completamente con sus fuertes manos. De pronto y con violencia la agarró por las caderas y la colocó encima de sus piernas, el ya estaba preparado y ella también. Mordió sus pechos mientras apretaba con fuerza sus nalgas y cuando ella gimió Valentín la penetró con suavidad mientras le decía al oído con voz ronca emocionada: “Te amo tanto que cuando te perdí solo pensaba en morir si no te encontraba”.
¡Ayyyyyy! ¡Madre mía! A mí me da algo con estas lecturas. Me entra como unos sofocos que no los puedo soportar. ¡Mariditooooo! ¿Por dónde andas? ¡Te necesito con urgencia! ¿Amado mío? ¿Dónde andas?  ¡Estoy preparada! ¡Prepárate tú! ¿Amante mío? ¿Dónde te escondes? ¡Mariditooooo!    Tu Marieta está lista… ¡Estoy preparada! Pero…,¿Dónde te has metido Valentín mío?
Vaya… ¡Mierdaaaa! ¡Está roncando a pata suelta!  Joooeeee.  Claro, son las dos de la mañana, hace horas que me dijo que se iba a la cama.  Uffff, me enganchao a la novela, y me ha pasado el tiempo en un suspiro. ¡Joeeee! ¡Vaya plan! Aquí estoy desvelada, con el corazón a mil, las entrañas ardiendo de pasión, mi marido soñando con los angelitos y mañana tengo que madrugar para ir a una reunión. ¡Vaya planazo! Me tendré que mojar las ganas en el café…
Esta mañana cuando me he levantado con los ojos inyectados en sangre por no dormir y tropezándome con todos los muebles, Martín me ha mirado con el ceño fruncido y me ha dicho categóricamente que Valentín va a acabar conmigo. Y yo he pensado para mí misma que lamentablemente no de pasión sino de agotamiento.  Desde que empecé con esta saga no duermo nada y voy como una zombi por la vida.  Ya ni plancho, ni frego, ni limpio, ni hago la cena, ni regaño a los niños, ni naaaa de naaa,  me pasó todo el día lee que te lee. Y el resto de cosas… ¡Me importan un comino! Porque no son tan fascinantes como el atractivo mundo novelero que he creado en mi cerebro. Y cuando no puedo leer, porque por ejemplo estoy conduciendo, revivo las escenas con gran intensidad poniendo cara de boba degollada al volante del coche mientras vuelvo a visualizar al  magnífico Valentín trajinándose a la Marieta.

Las chicas estaban como locas con esta nueva saga escrita, por supuesto, por una mujer. La historia va sobre un valiente, guapísimo, alto, fuerte, educado, fiel e inteligente caballero llamado Valentín, que se no para de salvar a su amada, yo creo que algo hiperactiva y bastante imprudente porque siempre anda metiéndose en líos, de un montón de peligrosos malvados. Bueno, no para de salvarla y de hacerle el amor de miles de maneras posibles, que es en realidad lo que más nos interesa de todo esto.  
La autora siempre describe las escenas de sexo muy sensuales y románticas, justo como a nosotras nos encanta y excita.  Es lo que tiene cuando el sexo lo plantea una mujer, pues lo escribe especialmente para mujeres, detallando movimientos, sentimientos y sensaciones exactamente como a nosotras nos gusta. Así claro, andamos todas revolucionadas y enamoradas de este personaje tan increíblemente perfecto. 
No he de negar que la historia está bien; hay aventuras, mucha acción, buena ambientación, está muy bien contada y es trepidante, pero para que engañarnos, yo leo como la loca, de escena intima a escena intima y leo más porque me toca, buscando entre las páginas el siguiente polvo. Esto mismo nos pasó a todas con el famoso Grey. Y es que en el fondo no somos ni tan difíciles, ni tan frías: Sólo hay que encender la mecha de nuestra loca lujuria.
Al principio me había resistido un poco a leerme el libro, pero al final he caído y ya no puedo parar. En un par de atacadas, sin comer, ni cenar, ni dormir  y casi sin respirar me he terminado el primer libro.
Whatsupp: Chicas! Ya me lo he leído!
Whatsupps: Y que tal? Fall in love?
Whatsupp: Ya sabeis que me gustan los hombres grandes…
Whatsupp: Y fuertes, valientes, simpáticos, amables, encantadores, educados, inteligentes…
Whatsupp: Y que follán bien!!
Whatsupp: Jajajaja! Bienvenida al club!
Whatsupp: Ahora te tienes que leer el 2. Imprescindible.
Whatsupp: El 2 es buenísimo. Tienes que continuar. Son 8
Whatsupp: Ocho!! Yo de esta me muero!l
Whatsupp: Anda! Anda! Si esto es buenísimo para la salud. Es ejercicio cardiovascular de lo que se nos acelera el corazón.
Whatsupp: Y es buenísimo para el matrimonio!
Whatsupp: Ya sabéis cada vez que copulen los del libro…  vosotras también. Entonces despejareis cuerpo, mente … y telarañas!
Whatsupp: Nuestros maridos estarán más que encantados… ¡Y nosotras también!
Whatsupp: Beneficio pa toos!  Relajados y con buen humor.
Whatsupp: Pues no se si es bueno para mi matrimonio
Whatsupp: Porrr??
Whatsupp: Porque me paso el día pensando “Martín no me dice estas cosas tan bonitas al oído cuando me está poniendo mirando a cuenca”.
Whatsupp:  Q fuerte Dorita!
Whatsupp: Jajajaja! Q es un cuento! Volver a la realidad
Whatsupp: No, Valentín existe!
Whatsupp: Si, está en una serie.
Whatsupp: Ostras! Hay una serie?
Whatsupp: Si, si, descárgatela con el torrentz.
Whatsupp: Yo la quiero verrrrrr!!!!

Y ni corta ni perezosa me pongo a buscarla por los interneses. No puede ser tan complicada piratearla para una informática como yo. ¡Madre mía! Estoy ansiosa por ver como plantean los momentos más jugosos. Encuentro algo que parece la serie y me lo intento descargar pero el antivirus me lo borra. ¡Joooeeeee! ¡Jodido antivirus!
Yo creo que en realidad no hay virus, esto lo hacen a propósito para que no pueda ver la serie. Yo creo… Ummm… que no pasa nada si deshabilito el antivirus. Seguro que el archivo no tiene nada… Ummm… Seguro que va bien… Y puedo ver al Valentín en acción.  Así que deshabilito el antivirus, me descargo el archivo y lo ejecuto y … ¡Mierda! ¡Si que había virus! Joooeeeee, estoy sin serie y con el portátil hecho un cristo. ¡Mierda! ¡Mierda!¡Mierda! Toda la tarde me la paso arreglando el jodido ordenador.
Bueno, pues voy a buscarlo por otro lado. ¡Qué  bien!¡Lo encontré!  Dos horas de descarga y… ¡Por fin lo tengo!  Ahhhh… Ummm… Pues no parece que va del libro. Aquí sale un bicho un poco feo.  Joooeeeee. Es una peli que se llama igual. Uffff, quien lo sigue lo consigue… Continúo buscando. ¿Será esto? ¡Mierda! Son los libros pero en giri.
Pero bueno, esto no puede ser. ¿Cómo es posible que no me lo pueda piratear! Entro en una página donde para verla me piden el teléfono.  Ummmm… ¿Qué puede pasar si lo meto? Algo me cobraran, pero merece la pena, y así no pirateo y soy legal.  Meto el número y al segudo.
¡Pipi!  SMS: Te has suscrito a un servicio ajeno a la operadora, se le cobrará por cada mensaje que le llegue. ¿Ehhhh?...¿Cómo? 
¡Pipi! SMS: Buenvenido a nuestro servicio. Hoy te recomendamos ver nuestra pagina pititín.- ¿Eh? ¿Qué es esto?
¡Pipi! SMS: Encantados de tenerte como cliente. Hoy te recomendamos ver la nueva peli tirili.- ¿Otro? ¿Encantados?
¡Pipi! SMS: Gracias por seguir con nosotros. Ahora te recomendamos la peli taralarito.- ¿Pero? ¿Seguir con ellos?
¡Pipi! SMS:  Continua viendo nuestras pelis. Te recomendamos la peli piriripi. – Jooeeee, esto tiene mala pinta. ¿Cómo coño se para este jodido servicio?
¡Pipi!¡Pipi!¡Pipi!¡Pipi!¡Pipi! ¡Pipi1
¡Me cago en la…!
¡Pipi! SMS: Su consumo acumulado por los servicios de SMS ha ascendido a 40 euros.- ¡Me cago en tooooo! ¿Cómo coño se para esto?

Por fin tengo la inspiración de mirar en internet y hay que mandar la palabra PARAR. ¡Qué cabrones! ¡Me han timado! Y lo peor es que no he podido ver la serie ¡Guaaaaaa!
Finalmente he tenido que pedir ayuda y Martín se ha apiadado de mí y me ha bajado la serie. Lo malo es que está en inglés y subtitulada. Pero paso de buscarla en español. Me doy por satisfecha, puedo ver a mi Valentín en carne y hueso.  Me gusta más el que había creado en mi mente, pero el chico está muy bien, tiene una sonrisa que le ilumina los ojos y me derrite las entrañas  y está cuadrado. Además tiene bastante sexo, como esperaba.
El único problema es que si leo los subtítulos no soy capaz de ver todos los detalles del fotograma y tengo que ir para atrás todo el tiempo para leer primero y ver después.

75.- Escapada a Candanchu



-Veo, veo…  -Dice Sandra.
-¿Qué ves?
-Una cosita…
-¿Y qué cosita es?
-Empieza por la “T”.
-¡Tren!
-No, no, lo tengo que ver.
-¡TontoLava!
-Danos una pista.
-A ver. Está dentro del coche, pero también fuera.
-¿Y lo ves?
-Lo veo, pero no lo veo.
-¡Pues vaya pista!
-A ver… Lo vemos todos pero no nos damos cuenta que lo vemos.
-¿Pero cómo es eso?
-A ver, me explico, está desapercibido.
-¿Desapercibido?
-¡Sí! Está ahí, pero desapercibido…
-Pero, ¿lo tenemos cerca?
-Sí, lo estáis tocando pero desapercibidamente.
-¡Madre mía! Esta  dentro pero también fuera, lo vemos pero no lo vemos y está desapercibido.
-¿Os rendis?
-Sí, me sale humo de la cabeza.
-¡Pues el Toyota!
-Desapercibido total…

Les habíamos prometido a los niños hace mucho tiempo llevarles a esquiar. Sandrita jamás había esquiado en la montaña, solo tiene recuerdos de quedarse en una guardería mientras los demás nos tirábamos por las pistas y se moría de ganas por subir a la montaña. Por fin hemos conseguido cumplir nuestra promesa y vamos emocionados de camino a Candanchú, la estación donde Martín y yo aprendimos a esquiar.

-¡Vaya! ¡Estás en la gloria!
- Pues sí. Este valle me parece de los más bonitos que he visto. – Y le devuelvo a mi amiga Piti una sonrisa de oreja a oreja.
Estamos en la terraza de la cafetería “Martini” de la estación de Candanchú, en una especie de tumbona al sol. Me acabo de desabrochar las odiosas y torturadoras botas de esquí para disfrutar la satisfacción de sentir correr nuevamente la sangre por mis tristes y congelados pies.
-¿Te parece si nos pedirnos un Martini mientras llegan los demás?
-Me parece una maravillosa idea.- Le contesto con otra sonrisa de oreja a oreja a mi amiga.

Hemos hecho huchita los últimos meses para escaparnos este fin de semana a la montaña. Llevábamos muchísimos años sin esquiar, desde que nació la niña y a Martín se le rompieron las rodillas: Los dos meniscos exactamente. Antes veníamos todos los años ¡nos encantaba!  Nos aficionamos cuando terminamos de la carrera y teníamos dinerito de nuestros primeros trabajos. Nos veníamos los amigos de la universidad y lo pasábamos en grande: Por el día esquiando y por la noche saliendo de parranda en los garitos de la estación.

Eran otros tiempos, teníamos ventitantos…  En aquella época éramos los primeros en abrir la estación y nos subíamos en el último telesilla para ser los últimos en cerrarla. Ahora estoy aquí tirada al sol porque prácticamente no puedo mover un músculo más. Como he perdido técnica después de tantos años sin practicar, bajo la montaña a base de fuerza bruta y tengo las piernas destrozadas. Antes lo podía hacer, pero ahora me pesan los cuarenta.  Qué pena…, porque yo en aquella época me imaginaba de mayor bajando las pistas negras con gran elegancia, en un paralelo perfecto con las piernas juntas y moviendo las caderas en armónico movimiento. Y por supuesto delgadísima con un mono de última moda. Pero aquí estoy con un pantalón que no me cierra porque cuando me lo compré pasaba diez kilos menos.

-Pues no hemos subido con el niño al telesilla. Nos han dicho que había una azul muy larga. Solo que había que bajarse de la silla en marcha. La verdad es que hemos pensado que era buena idea, con tal de coger una silla y que Lucas pudiera disfrutar un buen rato del snow, sin caerse miles de veces en la percha. ¡Y qué follón hemos liado! Porque lo de bajarse en marcha es literal. Yo pensaba que la silla frenaría o algo así. Pero no. Así que he tenido que lanzar al niño que por supuesto no ha sabido quitarse del medio y ha acabado debajo de las sillas.

-¡Madre mía!
- Que me pase a mi no me importa. ¡Pero al niño! ¡Casi me da un telele! Entonces el padre ha intentado sacarle y se han quedado los dos debajo del telesilla. –Me cuenta Piti con muchos aspamientos.
-¿Y qué has hecho?
-¡Pues gritar! Había un señor de esos de la estación en una cabaña cerca. Y al final nos ha ayudado.

¡Qué pena habérmelo perdido! Porque ya se sabe que todo esquiador que se precie ha quedado atrapado debajo del telesilla. Por ejemplo una misma. Cada vez que se para el telesilla es que hay alguien que ha bajado mal y se ha quedado debajo.  Aunque ahora en las pistas modernas han inventado unos telesillas que van frenando para que te puedas bajar sin dificultad. ¡Aunque pierde emoción!

-Pues yo he ido con David por una azul y no me giraban las piernas como yo quería. Yo lo intentaba y nada. 

No era capaz de cambiar bien de sentido. Así que he tenido que recurrir a la cuña. ¡Qué depre! He vuelto a la primera clase. Y por supuesto no tengo fuerzas para hacer la cuña en una azul, así que finalmente me he pegado un gran tortazo. ¡Y madre mía! Lo que cuesta ponerse de píe con diez kilos de más.  Encima el niño no paraba de gritarme ¡No seas lenta mama!

-Pues yo te veía esquiando bien.
-¿Qué dices? A partir de ahora me voy a plantear esto del esquí de otro modo. Que los niños vayan a sus 
cursos durante la mañana, se diviertan con otros niños de su edad y exploren con el profesor la estación. Mientras, yo aquí en la cafetería o dándome paseítos disfrutando de las vistas. Luego, si me animo alguna tarde, me pillo un medio-forfait y esquió un ratito con ellos. Ya una no tiene edad de despatarrarse por la nieve.

Van llegando el resto de la pandilla, cada uno contando sus aventuras. Nos hemos venido dos familias y nos alojamos compartiendo un apartamento.  Ayer nos nevó todo el día pero hoy nos está haciendo un día espléndido, de esos que siempre se recuerdan.

-Pues el profesor me ha puesto un notable en el paralelo.-Nos dice Sandra.
-Y yo me he bajado ya por todas las verdes.-Cuenta David.
-Y nosotras hemos bajado por la pista del tobogán. La que llaman rompe-culos.- Dice la niña de mi amiga.
-Sí, porque tienen muchos baches y se te rompe el culo. - Y Sandra se parte de risa.
-Pues yo he conocido a un matrimonio de Pamplona en el telesilla y me han dado orujo que llevaban en una petaca.
-Pues David y yo hemos bajado por esa azul y me he metido una leche.- Digo yo orgullosa.
-¡Para leche yo! Que he salido volando en el tobogán.- Me contesta David.
-Y yo me he caído  haciendo la curva que nos ha enseñado el profesor, y se me han quedado las piernas al revés.
-Las piernas no, serán los esquís.
-Y el profesor me ha levantado en volandas y me ha colocado.
-Para leches la de Piti. Estaba intentando que Lucas tomara una percha con el snow y no había manera. No os hacéis una idea de lo complicado que es. Porque hay que torcer la percha y ponerla entre las piernas, a la vez que pones los dos pies en la tabla y guardas el equilibrio. En esas que ha pegado el tirón la percha y han salido volando y cayendo de boca madre e hijo. ¡Menudo tortazo! ¡Qué pena no haberlo grabado!

Mi amiga Piti es una súper-madre, me digo para mí misma, cuando la he visto volando agarrada al niño. No me cabe ninguna duda de que haría cualquier cosa por sus hijos; incluido comerse la nieve y arrearse contra la tabla de snow con tal de que Lucas se sienta menos fustrado.

-Esta tarde podríamos ir al otro valle. Tendríamos que coger una percha y luego un telesilla. Allí hay unas azules muy largas muy chulas.
-Mira, yo me quedo en este valle que me lo conozco. Es mi zona de seguridad. Ir al otro valle con los niños me crea una ansiedad horrible. Si fuera sola no me importa, pero con niños…, me agobio un montón pensando que les puede pasar algo. –Dice Piti.
-Es verdad, David por ejemplo va a su bola. Estaba esquiando con él y en cuanto me descuidaba se me había pirado a algún remonte.
-¡Pero mama! ¡Si yo te avisaba!
-David, pues sería de lejos porque no me enteraba y he pegado cada susto. El año que viene te pongo un GPS.

La verdad es que esto de ir a esquiar no tiene nada que ver con ir solos.  Con niños no paras, todo el rato atento a sus necesidades y pendiente de que no les pase nada. Pero eso sí cuando les ves disfrutar es como si tu disfrutases tres veces más. Verles felices y contestos  te rellena algunos de esos huequecitos de infelicidad que tenemos.

Al final Martín que tiene las rodillas rotas y nos hace de mayordomo se ha vuelto a casa a preparar las cosas, y los demás, que andamos emocionados con el buen tiempo que nos hace, hemos querido aprovechar al máximo el día: Piti y el niño bajando con el snow hasta el trenecito que les vuelve a subir a la estación.  Candanchú es una estación que te permite ir esquiando hasta la puerta de tu casa y luego coger un trenecito que recorre el valle para subir a la estación.

Las niñas y yo vamos a aprovechar practicando lo aprendido en las pistas verdes. Ahí sí que me siento yo cómoda sin hacer esfuerzos y sintiendo que lo tengo controlado.  David y Andrés, el marido de Piti, se van finalmente al otro Valle.

Me preocupa que David vaya al otro valle, pero se le ha quedado pequeño este que yo le ofrezco, y me quedo con el corazón en un puño porque se va sin mí, porque lo que yo le puedo dar se le queda pequeño. Menos mal que va con Andres y se que le va a cuidar estupendamente,  Lo malo es que me doy cuenta de que esto me va a pasar muy a menudo a partir de ahora.

Mejor pienso en otra cosa y disfruto con las niñas en el gran rompe-culos. Voy al torno, acerco el bolsillo donde está mi forfait y espero a que me deje pasar. ¿Ey? Esto no me abre. Empiezo a menear el cuerpo a ver si el chisme este me pilla. Pero nada. Me doy varias vueltas restregando todas las partes de mi cuerpo contra el chisme este magnético. ¿Pero qué pasa?

¡Pues lo que pasa es que he perdido el carísimo frofait!  Noooooooo. ¿Pero por qué yo? ¿Por qué otra vez yo?  ¿Qué he hecho mal? ¿Qué hecho sin pensar, inconscientemente, sin centrarme atontadamente? ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho? ¡Mierda! ¡Mierda!  No es por el forfait. Es por mí. Es porque otra vez lo he hecho yo. Otra vez yo. ¡Estoy harta! ¡Estoy cansada!

He dejado el forfait descuidadamente en un bolsillo nada seguro, y como he metido y sacado mil cosas por los niños pues al final lo he perdido. No he sido cuidadosa. No he sido concienzuda. 
Me tiro en la nieve. Se ha ido el sol, se ha levantado aire y hace frío. Las niñas se fueron solas por la pista y no las veo bajar.  Si algo les pasa y no estoy allí porque soy un desastre de persona no me lo voy a perdonar nunca. Soy una malísima madre que se está quedando congelada.

Las niñas aparecen entre la blancura, dos puntitos verde y azul. ¡Son ellas! Preparo el móvil y as grabo. ¡Madre mía! Lo que les ha cundido. ¡Qué maravilla! Si hacen el paralelo fenomenal. ¡Qué estilazo! ¡Si giran en paralelo!  ¡Uppssss! Si no son ellas…
Esas si son. Una enanilla despatarrada y otra más alta. La enanilla se ha despatarrado del todo rodando por la nieve. ¡Esa es mi Sandrita! Pobrecina. Pero mírala, se levanta y continúa. Me saluda con la mano. Se me llena el corazón de orgullo. ¡Qué ricas son nuestras niñas!

-¡Muy bien chicas! ¡Sois unas campeonas!
-Me ha dicho un señor que cuanto cobro por las clases de esquí. Porque le iba diciendo a Sandrita que tenía que hacer. Yo iba delante y según como bajase le indicaba. Paralelo, cuña, déjate llevar.

Hemos quedado todos a las cuatro y media para volvernos juntos en el último descenso hasta el apartamento donde Martín nos espera con las maletas preparadas para volver a casa.  Estamos agotados, helados, nos duelen todos los músculos del cuerpo, pero nos sentimos todos felices y unidos. ¡Volvemos a Madrid con las pilas nuevamente recargadas!

74.-¿Qué pasa entre las madres y las hijas?

-Te digo que te tienes que venir conmigo a mi dermatólogo. Eso que te ha salido en la nariz es de la edad. Aunque no quieras reconocerlo te haces también mayor y debes cuidarte.- Ainssss... , me muerdo la lengua y arrugo mi nariz.
-Pero mama, si no es nada. No me molesta nada, y qué va a ser de la edad. Además me viene fatal. A ver, ¿Qué hago con los niños?- Le contesto desairada, mira que decir lo de la edad.
-Para eso tienes un marido, que se quede él con los niños mientras vas al médico. -Uffff, me vuelvo a morder la lengua.
-Ya sabes que trabaja hasta tarde.- Le contesto más fatidiada aún. Me joroba mucho no poder contar con Martín por las tardes, no necesito que me lo recuerde.
-¿Qué haríais ahora todos vosotros sin los abuelos?- Joooeeee. Me muerdo la lengua por tercera vez. ¡Ya hasta me duele!
-Pues mama, habría buscado una señora que me los cuidase.- Le digo completamente asqueada.

Es inceible que puntería tiene mi madre. No se da cuenta que mete el dedo en todas mis yagas. Quizás se cree que nos gusta tanto a Martín como a mí que él tenga que trabajar tantas horas y hasta tan tarde, y yo pasarme la tarde peleando sola con los hijos. Pero no sabíamos esto de jóvenes, no previmos que nos vendría bien un horario solo de mañana, nunca nos planteamos estudiar unas oposiciones, o buscar un empleo menos exigente, nos metimos en la empresa privada donde se ganaba más, sin saber que a cambio nos chuparían hasta la última gota de sangre.

Mi padres vivieron de otra manera, mi madre estaba en casa y mi padre salía a las tres de trabajar, por ello imagino que literalmente alucinan con la vida que llevo yo; corriendo de un lado a otro para llegar a todos sitios por supuesto tarde, volviéndome loca para simplemente medio cumplir, haciendo lo que buenamente puedo pero sin hacer nunca nada bien, sin sentirme orgullosa de nada, con la impresión de que mi vida se descontrola cuesta abajo. Pero no es culpa mía, me arrastra la corriente y es que no sé bajar de este tren súper rápido de última tecnología. No entienden que Martín y yo sólo tratamos de sobrevivir, aunque nos cueste la vida hacerlo.

Podría haber optado por contratar a alguien para cuidar de mis hijos, apartando a los abuelos, poniendo barreras para no tener que escuchar lo que opinan sobre todo lo que hago, de lo que decido, para no tener que intuir en sus expresiones que ellos lo habrían hecho de otra manera. Pódría haberme evitado saber todo el tiempo que no sigo sus pasos, que mi vida va por otra senda. Espero que no sea mala, pero seguro que es distinta, muy distinta porque estos tiempos son otros.

Pero yo amo la familia y adoro a mis padres, además estoy convencida que los abuelos y los nietos deben pasar tiempo juntos, para compartir, para aprender, para que los nietos les transmitan sus energías de vivir a sus abuelos, y los abuelos les regalen sus vivencias, sabiduría y experiencia. Estoy completamente convencida que estos momentos que pasan juntos son de un valor incalculable, y por eso cuento con ellos, aunque me tenga que tragar algunas cosillas que preferiría no oir. Pero claro, los padres están para decirnos las verdades, porque si no lo hacen ellos, ¿Quién lo va a hacer?

Rumiando estos pensamientos me voy con mi madre al dermatólogo, voy algo disgustada, porque me ha costado mucho escaparme antes del curro, colocar a los niños y encima empieza a caer copos de nieve de camino a la consulta:

-¡Madre mía!. Odio conducir cuando nieva. Creo que mejor doy la vuelta… -Comento nerviosas.
-Pero si son tres copos locos. Esto ni cuaja.
-Que no, que me da mucho miedo mama. Una vez empezó a nevar así de camino al cole y de pronto nevaba un montón, el coche se me iba sin control. Paré asustada, y cuando pude seguir había coches en la cuneta y otros habían chocado porque no pudieron frenar.- Me voy poniendo histérica.
-Si nieva más dejamos el coche y nos vamos en metro. Pero con lo que me ha costado convencerte vamos a la consulta.
-No puedo dejar el coche tirado si nieva… Lo necesito mañana a primera hora. Tengo una reunión. Odio conducir con nieve… Ya le he dicho a mi jefe que si nieva me quedo en casa. Estoy muy agobiada mama. Mejor nos volvemos a casa… -Le digo acojonada ya viéndome tirada en mitad de un metro de nieve.
-Si no cuaja, no ves que ha empezado a llover. Anda, no seas exagerada. Esto no es ni una nevada, es agua nieve.
-Ya, como cuaje nos vamos a enterar.- Le digo asustada pero sin ánimos de llevarle la contraria y huir como una cobarde al garaje seguro de mi casa.

De ese ánimo llegamos a la consulta donde el dermatólogo que además era cirujano plástico de piel, a mi pesar, le dio la razón a mi encantada madre, lo de la nariz sí que era de la edad. Lo bueno es que me los podía quemar con no se qué chisme de nitrógeno líquido. Yo puse corriendo mi nariz deseando quitarme la evidencia de los cuarenta y el doctor ejecutó aplicando la llama helada sobre mi sobresaliente nariz.
-Ya que estamos aquí quería comentarle que mi hija tiene una verruga en el ombligo. No se suele ver, pero en los embarazos cuando se le salió el ombligo la descubrimos. - Comentó como tal cosa mi madre, mientras a mi se me abria la boca de incredulidad. ¿Verruga en el ombligo? ¡Si ni me la veo! Han pasado nueve añazos desde la ultima vez que la vi.
-Qué más da mama.- Logré balcucir completamente azorada.
-Ya que estamos, aprovechamos, ¿no? Enséñasela. Podría ser mala.

Yo no estaba preparada para enseñarle nada debajo de la ropa al doctor, solo pensaba enseñarle mi nariz. Para eso si estaba mentalizada. Este día frío de Enero que preveían nieve por la mañana me había puesto mi braga de cuello alto más abrigadita y más viejecina para ir bien cómoda. Una con unas puntillas deshilachadas horrorosas que debí comprar hace miles de años en algún mercadillo. Joooeeeee, si hubiera sabido que mi madre se iba a empeñar en que me bajara el pantalón habría elegido una ropa interior menos vergonzante.

Encima, cuando voy le enseño el ombligo al doctor compruebo horrorizada ¡Que lo tengo lleno de pelotillas! Me puse colorada como un tomate. ¡Qué sofoco! ¡Dios, manda un rayo y que me pulverice ahora mismo!
No es que no me haya duchado y sea una cochina, es que cuando me ducho normalmente no me acuerdo de que tengo ombligo y de que hay que limpiarlo. Ni siquiera sé a ciencia cierta de si es conveniente limpiarlo o no. Nunca me he parado a comprobar que hay dentro de él. ¿Vosotros si? Yo intento enseñar la jodida verruga en mi ombligo entre las pelotillas negras y el pobre doctor a modo de escusa para terminar con la bochornosa escena comenta que no se diferencia bien la verruga…
¡Claro!, pienso yo, es difícil distinguirla entre tanta pelotilla de roña.

Mi madre que no se ha enterado de nada continúa con la carga:
-Doctor, ya que estamos aquí voy a aprovechar. Pues mi hija tiene mucha barriga, aún estando delgada en otras ocasiones, tiene barriga. Anda enséñasela.
- Mama… Eso es que estoy gorda... - Ni hablar, pienso, no pienso enseñar nada más.
-En realidad lo de la barriga no entra dentro de lo que yo hago. – Contesta el buen doctor nuevamente abochornado.- Lo mío es estética de piel. La barriga es grasa, por dejado de la piel. Para la barriga mejor es que se haga una liposucción, sin duda es lo más eficaz para ella.
Yo deseando acabar la consulta le doy las gracias al doctor por su franqueza y salgo pitando queriendo matar a mi madre.
-Pero mamaaaaa.- Me giro de pronto y le confieso.- No veas que vergüenza... Resulta que tenía el ombligo sucio y lleno de pelotillas negras.
-Ahhh…- Se queda pensativa.- Ahora comprendo porque venía el doctor tan ruborizado. Si hasta tenía la raya del pelo coloradísima.
Y de pronto nos miramos la una a la otra y comenzamos morirnos de risa en un ataque incontrolable de carcajadas en el holl del hospital. Que buenísimas risotadas a todo pulmón nos echamos las dos agarradas del brazo. Se nos doblaban las patejas y a mi se me caian las lagrimas de tanto reir. La gente nos miraba desconcertada y con cierta envidia, porque no hay nada mejor para la salud que un buen soponcio de risa.

Qué a gustó me quedé y cuánto disfruté con mi madre esos minutos sin ninguna inhibición, nos reíamos juntas porque nos daba la gana y nos encantaba compartirlo. Nos reíamos juntas porque sentíamos nuestro vínculo, sentíamos que era nuestro momento y adorábamos ser ambas así (de guasonas). Nos reíamos juntas porque ahí estábamos madre e hija sintiendo intensamente un momento intimo aunque la gente nos rodease sorprendida.
Y a pesar a veces la quiera matar, en realidad a mi madre la quiero con locura y tengo el privilegio de ser la hija de una mujer excepcional y maravillosa. Por supuesto no me perdería por nada del mundo poder compartir nuevamente carcajadas con ella disfrutando de estos pequeños momentos que nos regala la vida.