72.-¡ Qué viene Legolas!

-¡MAMAAAA!¡MAMAAAA! - me grita mi hijo en cuanto entra a casa. Ha estado callejeando, lo que a mí me encanta, porque a diferencia de su madre que no entraba a casa de chica, este niño hay que literalmente arrastrarle hasta la calle y cerrarle la puerta en las narices para conseguir que se separe de las dichosas consolitas. Y cada vez me cuesta más porque pesa sus cincuenta kilitos y mide uno sesenta con sus once años.
  -¡Te he dicho mil veces que NOOO ME GRITES!- Le digo gritando como una descerebrada.
 -Pero mama, mis amigos dicen que hay una enfermera con Ébola en el hospital de enfrente.
 -¿Qué dices? No puede ser...- Le contesto asustada.

Corro a la cocina, pongo la radio y sí que es. Por lo visto una enfermera que atendió a los misioneros tiene el ébola y está en el hospital que hay enfrente de mi casa.
 El hospital donde estuvo mi hija hace dos días...  ¿porque no me enteré cuando me llamaron al móvil para recogerla y se la tuvieron que llevar a la consulta?. ¡Mierda!. Nosotros que nunca vamos a ese hospital. Y voy y no oigo el teléfono. ¿Es cosa del destino? ¡Qué maldita casualidad! ¿Pero la enfermera trabaja en el hospital? ¿Y si coincidió con mi peque?¿Y si la mala suerte...? .No puedo ni pensarlo... Si le pasa algo a mi niña me muero..., pienso con el corazón en un puño.

¿Qué se yo del ébola? Pues que es una enfermedad que tienen los pobres negritos en la lejana África. No debería estar en Europa, no debería afectarnos a los que vivimos en el lado bueno del mundo. ¡Nosotros somos los afortunados! ¡Mierda! Si es qué... ¿Para qué trajeron a los misioneros?

Continuo atenta a la tele a ver que más cuentan. Está dando una rueda de prensa la ministra de sanidad. Y me entero que no trabajaba en el hospital, que fue de urgencias y la llevaron en ambulancia. Menos mal, mi princesa está a salvo.

-Mama... Me llama mi niña con carita preocupada. - Aunque yo me siento completamente aliviada.
 -Dime cariño.
-Tengo miedo de que venga volando el Legolas y me chupe en el cuello.- ¡Ostras! ¡Pedrín! . me empiezo a reír con nerviosismo. ¡Menudo lio tiene mi nena!
-Si viene el Legolas me avisas y me echo una foto con él.- Me rio a carcajada limpia en un ataque de ansiedad. Me ha cambiado el humor de pronto.
-Pero mama... Tengo mucho miedo.- Me dice enfadada porque no la tomo en serio.
 -Ay, cariño, perdóname... Es que Legolas es un tío muy guapo que a mama le gusta mucho. El virus se llama Ébola, y no vuela, ni tampoco muerde a las niñas.
 -Pero viene de un murciélago. ¿no? ¡Chupa la sangre! Me lo han dicho en el cole.
 -No, mi vida. Lo que has debido oír es que esta enfermedad es típica de los murciélagos. No de los humanos. Pero como en África son pobres se han debido comer un murciélago enfermo y se han contagiado. Eres una niña con mucha suerte porque vives en un país bueno.- Tenemos mucha suerte de haber nacido aquí, pienso para mi misma.
 -Pero mama, tengo mucho miedo.
-No te preocupes que hoy duermes con papá y ya verás como Legolas no se acerca...

Suena el teléfono y es mi padre:
-¿Has visto la tele?
-Sí. Es el hospital de casa.
-Si es que los españolitos somos así. ¡Unos chapuzas!. Seguro que no llevaban lo que debían. Si es que nunca cambiaremos en este país. ¡Esto sólo nos pasa en España!
 -Si es que queremos ser pero no podemos.
 -Y se fue de vacaciones. A saber la gente que se ha contagiado.
 -Madre mía... - Me entra algo así como un terror frío. Se va a evaporado mi alegría de antes. Esto puede ser horrible. Vuelven de nuevo los malos presentimientos y oscuros nubarrones de enfermedad y muerte me persiguen mientras achicharro el pescado de la cena con alma en pena.

En los postres me llegan un montón de whatsup. Joeee, ¿Ya hay chistes? Y encima me hacen reír de verdad, sobre todo el de unas señoras con bolsas del Alcampo en la cabeza. Los españolitos también somos así, unos chistosos. En lugar de acojonarnos, nos liamos a mandarnos chorradas. Aunque mejor reír que llorar, por supuesto... Y me vuelco en la labor de reenviarlos a mis amigos: Para que se sientan mejor como yo. Sin darme cuenta he pasado de estar aterrorizada a partirme de risa de las ocurrencias que manda la gente. ¡Somos la leche! ¡Hasta de la muerte nos guaseamos! Y siento algo así como un orgullo de tomarnos la vida de este modo.

Pero en el fondo y a pesar de tanta guasa estoy acojonada hasta los huesos. Este episodio me suena a los libros del fin del mundo que he leído tantas veces. Esa noche duermo fatal, tengo pesadillas con aviones que llegan a Barajas llenos de zombies con un virus mortal muy contagioso. Muertos vivientes bailando Thriller mientras contagian a los vivos del ebola.  Legolás vanpiros que uerden a mis niños y les contaminan la sangre...  Me despierto agotada de tanto luchar con tanto monstruo, y voy corriendo a desempolvar el jabón de manos que compre cuando la amenaza de la gripe aviar.

Hoy empezamos con medidas severas de higiene en casa.
 -Lo importante es la higiene. Hay que lavarse las manos muchas veces al día. Nada de besos, solo a mama. Cuidado con beber de donde beben los demás. Nada de besos. Cuidado al ir al baño. No tocar nada. No compartáis nada con nadie.
-Mama, si hay ébola en Alcorcón, no tendré que ir al colegio, ¿no?- Me pregunta mi hijo esperanzado.
-Anda, andaaaa..., que cualquier cosa es buena para no ir al cole.
-Mama, pero si hay legolas, nos pondrán una vacuna, ¿no?
-¡No!¡ pinchazos no!
-Pues tendrás que pincharte o vendrá el legolas y te morderá el cuello. ¡Cobardica!
-¡Anda que tú! Que has tenido que dormir con papa.

 Por la radio de camino al trabajo me entero de un montón de detalles que me indignan. Estoy morada de rabia, lo siento.  Si es que esto solo puede pasar en España. ¡Quiero que alguien dimita! ¡Qué mal se han hecho las cosas! ¿Y todo para qué? ¿Por aparentar que somos un país avanzado? ¿ O es una cuestión de humanidad? Si yo me estuviese muriendo al otro lado del mundo, ¿Querría que me repatriaran? ¿Eso es lo ético?. ¿O lo ético es gastarse el dinero que cuesta repatriar a los misiones en médicos en África? Ufff, menos mal que no soy ministra, porque no tengo nada claras las cosas.

 -¡Eh! Los de Alcorcón lejitos no vaya a ser que traigan el virus. -Me dice mi compi en la oficina. -¡Que graciosillo eres majete! Además ya se han llevado a Teresa al Carlos III. Ahora está más cerca de tu casa que de la mía.
-¡Bah! No os preocupéis. La medicina en España es mucho mejor que en África. Aquí seguro que la cuidan y sobrevive.
 -Pues yo creo que no.
 -¿Qué te apuestas?


Nos enteramos que Teresa empeora rápidamente, tiene afectados varios órganos. Está muy grave. De nuevo vuelven las nubes grises a mi cabeza. ¡Ay! ¡Por Dios! Que se cure. Pobrecita. Ella es joven, estaba sana y parecía fuerte en las fotos. Si ella se muere significa que la medicina moderna no habrá podido con el ébola. Entonces, no habrá esperanza. Estoy muy agobiada y apenada. ¿Será posible que no puedan salvarla? Pienso en mi familia, mi hijo y mi madre se contagian con ver a un enfermo. ¿Qué será de nosotros? El caos..

-Mama, hay más señores con el Legolas. Pero ha dicho mi seño que los mayores lo están arreglando y que no nos preocupemos.
-Tu profesora sabe muy bien lo que se dice.
-Mama- Dice el otro- En mi cole nos han explicado que es una enfermedad que normalmente tienen animales como el mono y el murciélago. Por lo visto a ellos no les mata, pero a los hombres sí. 
-Pues mama -dice la enana, en el cole me han dicho que el perro tiene el legolas.
-Ebola cariño. ¿Pero qué perro?
-¡Pues su perro!
 -Pero qué dices. ¡Eso es mentira! Solo tienen el ébola los monos y los murciélagos. lo ha dicho mi profe. -Le replica el hermano.
-No, que lo sé yo, que me lo han dicho, el perro también está malo. -Y nunca supimos si estaba malo porque al pobre lo mataron. Pero eso nunca se lo conté a mi hija.

Hoy han dicho que teresa está estable dentro de la gravedad, los políticos se han estado tirando los trastos a la cabeza, un inútil, que no dimite ni para atrás, ha dicho que no hay que tener carrera para ponerse el traje y le ha echado toda la culpa a la auxiliar; claro, se ha liado la de Dios. Y Rajoy ha tenido que pasarse por el hospital a calmar los ánimos. También se han publicado en la prensa muchas barbaridades, en internet hay de todo; desde que es un invento de las ONG para consegir pasta, como que el ejército ha tomado Alcorcón y tonterías varias.

El personal sanitario está indignado y no me extraña, aún no saben cómo se contagio Teresa y ellos están allí cuidándola jugándose la vida.   No me cuesta mucho imaginármelos en la planta del hospital, con los trajes, guantes y mascarillas. No me cuesta nada imaginarme la inseguridad que deben sentir, el terror a contagiarse y que les pase lo mismo que la persona que cuidan. Pobrecillos. la verdad es que son unos valientes y unos héroes. Tienen toda mi admiración.

Pero lo peor de hoy es que ha volado un señor desde África, haciendo escala en Paris, con fiebre. También tiene fiebre otra enfermera, un señor que iba en la camilla y otro de la cruz roja que ayudo en África. ¡Qué agobio! Hay mogollón de gente ingresada y en observación, cada vez incrementan más la cifra.  Esto se nos está descontrolando.

Evito poner la tele para que los niños no oigan las noticias y estén tranquilos. Pero yo no logro dormirme, la enfermedad esta parece que va ganando. Si al final se contagia de modo más sencillo, y con lo violenta que es, se nos viene una buena encima. Dios mío y debe ser muy dolorosa. Por lo visto vomitas sangre, te destroza los órganos, tienes dolores musculares fuertes... Yo nunca he llevado bien lo del dolor; ni el mío, ni el de los míos.

De nuevo veo el futuro con un color catastrofista. Si mis niños se contagian, no podría superarlo, me contagiaría yo también. No podría vivir sin mis pequeñines, no soporto ni pensarlo. .. Si empeora la cosa en Madrid, cerramos la casa y nos vamos lejos, a un sitio avandonado, alejado de la civilización y de otras personas. Nos aislamos. Aunque lo pierda todo, tengo que salvar a mis niños. Es de noche, llueve mucho y está muy oscuro; Lo veo todo negro. Es la hora de las preocupaciones y no se van de mi cabeza. Espero que mañana salga un sol radiante y sienta las cosas de otra manera.  Menos mal que en este vendito país al menos tenemos sol...  Con estos pensamientos me duermo, y nuevamente sueño con enfermos y con nuestra huida, como la que me contaba mi abuela que hizo ella en la guerra. Huimos al bosque, y comemos lagartijas que decía mi abuela que sabían a pollo, aunque no me lo creía mucho y desconfiaba de chica...

Al día siguiente veo en facebook una publicación donde sale un ángel negrito que le dice al perro, a ti tampoco te hicieron caso y se me cae el alma a los píes. He sentido, miedo, terror, agobio, guasa, alivio, susto, indignación... Pero ahora lo que siento es vergüenza, porque solo he pensado en mi misma, solo me ha preocupado el ebola cuando ha estado en el hospital enfrente de mi casa. Pero me han dado lo mismo los miles de muertos que ya hay en África. Eso estaba tan lejano que me resbalaba. Mis cositas, mis gilipolleces siempre son tan importante que no me dejan ver lo demás.

¡Qué vergüenza! ¡Qué egoísta! ¿Qué puedo hacer yo? Pues algo he de hacer, algo que me ayude a tranquilizar mi conciencia. Voy a donar. Voy a poner mi granito de arena para que ayuden a toda esa gente. Si pudiera lograr que todo el mundo donase un poquito, en total sería muchos, porque somos tantos los de a pie. Ni corta ni perezosa me pongo a buscar ONGs que estén ayudando en Africa, y me las estudio. En realidad están haciendo un trabajo manifico, y la gente... ¡Que buena es mucha gente! Estoy conmovida por lo generosas y maravillosas que son algunas personas. Es impresionante como se juegan la vida por los demás en un país lejano.  ¡Hay que ayudarles!

Parece que Teresa mejora, le han hecho un primer análisis y sus anticuerpos han podido con el ebola. Los médicos han logrado mantenerla viva, para que su cuerpo tuviera tiempo a defenderse. Los otros casos también han dado negativo, así que ¡Vamos ganando!

-Mami, ya no tiene legolas la chica.
-Es verdad, han dicho por la radio que le han hecho un segundo análisis y está sin virus.
-¡Qué bien! Ya no tenemos que vacunarnos, ¿no?
-Estoy tan contenta, me alegro tanto por ella, por su pobre madre, por su marido, por los médicos que le han cuidado, por todos que vemos como nuestra medicina nos puede salvar. Me alegro muchísimo por mis niños que no corren riesgo
- ¿Estás más tranquila? ¿Has visto que no hay por qué preocuparse? Si nos ponemos malos los médicos nos curan.
-Sí, mamá. Ahora lo que hay que hacer es no dejar entrar a nadie de África.
-Ay cariño, eso es muy injusto y egoista... Así la afortunada Europa volverá a estar segura y se quedará tranquila mirandose el hombligo una vez más.  Hija, no tienes ni idea de la suerte que tienes por haber nacido en el lado bueno del mundo.

30 años despues: La Unión



-Hoy voy al concierto de la unión- Le digo a mi compañero de veinte y tantos.
-¿La unión? Pero esos son un poco mayorcitos, ¿no?
-¡Anda! ¡Toma!¡Como yo!
-Pero esos... ¿Qué canciones tienen? La del lobo, ¿no?
-Madre mía, no sabes nada de la música. Este grupo fue de los pioneros de mi época. Fueron de los primeros que metieron la música eléctrica en sus canciones.
-Es que yo era un niño en esa época.-Me dice con una sonrisa de oreja a oreja.
-Pues yo era una adolescente y me encantaban. Me acuerdo que un verano en las fiestas del pueblo de al lado vinieron. Fuimos todos los amigos a verles, Tendría 15 años.  ¡Cómo me molaban!  Rafa me parecía tan sensual con la voz que tenía. Y no veas cómo se movía, parecía una cobra. ¡Su música era excitante!
-Anda tía..., ¡Que pareces a mi abuela contando historietas de la guerra!
-¡No sabes nada! ¡Nada! La unión es mítica.

Mi maridito y yo vamos tan contentos en el metro hacía Vista Alegre, el vagón en el que estamos está lleno de parejas como nosotros; maduritos, intentando vestir de un modo informal para una ocasión especial. Se ve a una legua que normalmente no suelen salir por la noche porque están muy liados leyendo cuentos a sus niños. A mí me ha pasado lo mismo. ¿Qué hay que llevar a un concierto? Algo juvenil, algo sofisticado, algo estiloso. Al final nuevamente vaqueros, con botas y una camiseta con un dibujo dorado para tener al menos un punto de glamour.  

Nos bajamos todos a la vez y solo tenemos que seguir la manada de cuarentañeros para llegar al pabellón. tenemos entradas de pista para bailar como una loca. ¡Quiero volver a mis años adolescentes! Vamos a por una cervecita mientras se llena el recinto. "Disculpe", "por favor", "muy amable" , "gracias". Vaya, que publico más educado somos los maduitos.

Nueve y cuarto, y aún no aparecen. Les hemos dado quince minutos de rigor, pero por Dios que no nos hagan esperar mucho que se me cargan las lumbares, y se me suben los gemelos. "Ya llegan", "Ya llegan".  Madre mía, como pasan los años para todos.  A Rafa se le ve mayor pero con energía, Mario anda más tocado y Luis aún está de buen ver. Pero los tíos menuda caña nos meten. Aún canta bien Rafa y se mueve como cuando era joven, así como de un modo sinuoso.  Estoy realmente encantada de estar aquí esta noche, a pesar de mis cuarenta tacos y de que hasta ahora mismo lo que más me apetecía este viernes final de semana intensiva de curro y de niños era meterme en la cama con mi mantita de abuelita. Pero aquí ando viviendo la vida, gozando la noche. ¡Qué satisfecha me siento de mi misma! 

Me acuerdo de cuando vi el otro concierto con quince años, y me siento orgullosa de lo que he evolucionado. En aquella época tendría juventud, energía, vitalidad, optimismo, pero ahora tengo experiencia. Sé quién soy, se como soy, me conformo y hasta en ocasiones me gusto.  Y como entonces me encanta la fiesta y la noche. Y me alucina sentir, sentir como la vida corre por mis venas aquí entre las luces , la música y todas estas personas que como yo quieren disfrutar este momento al máximo.

Entonces llega fueron los celos, tren de largo recorrido, maragaibo y por fin al este del Edén, que la tocan con lagarto amarillo. Por Dios, que llorera me entra.
-"Paseando el otro día en la mañana me encontré un amigo de la niñez, hablaba con nostalgia de la infancia. Que dura se ha vuelto la vida después.  ahora el tiempo pasa y no perdona
se van meses y años para no volver."-  Jobar...,  Qué razón tienes amigo.  La vida me es muy dura, cuesta mucho, cuesta tanto salir adelante, me lo decían de pequeña, pero no lo entendía: Estaba empeñada en ser mayor. Ahora el tiempo pasa a toda velocidad y yo gasto las horas rabiando, peleando y luchando. ¡Que felices éramos de chicos!.

- " ¿Quién te ha visto amigo y quien te ve? ¿Cómo te va la vida? A mí me ha ido bien. "  -  Y yo me creo que me lo dice a mí, tras treinta años sin oír su música, les tenía tan olvidados, me vienen miles de recuerdos a la cabeza con la melodía y se me llena el corazón de emoción que no me queda otra que liarme a llorar.  ¡Rafa! ¡A mí me ha ido bien! ¡De verdad! ¿Sabes? Me casé. Quiero muchísimo a mi marido. Tengo dos niños preciosos. Me compre un piso, tengo una hipoteca pero soy feliz. Pienso con una sonrisa en la cara.

- "¡Tan lejano el paraíso aquel! Estoy acostumbrado a vivir al este del Edén". -  Si, es verdad,  tan lejanos aquellos irrepetibles momentos de juventud. Aquella noche de verano en Jaén, aquel amor de juventud, aquellos amigos de infancia, aquellas nuevas experiencias, descubrir el mundo. Recuerdo la magia de aquella noche hace treinta años con mi prima,  recuerdo la alegría de vivir que sentíamos,  mi piel se eriza y las lagrimas me bañan la cara.  Lo bueno es que ya no me averguenza sentir así y liarme a llorar. Yo soy así y me emociono como me da la gana, y ahora mismo me siento tan, tan feliz:  Tengo un magnifico instante de verdadera felicidad.

No sé en que canción hace un solo a guitarra el melenudo que acompaña el grupo que es digno de mencionar. Nos quedamos todos alucinados con el tipo ese.
Llega "Dónde estabais en los malos tiempos" con Miguel Bosé. Ay, mi Miguel Bosé, también pasa los años por él.  Como dice Rafa con esa voz como de cuento que tiene, lo bueno es no tener que decir "Donde estabais". De nuevo me siento la mujer más afortunada del mundo pienso mientras meneo mi cuerpo imitando a Rafa. Tengo muchísima suerte porque el amor de mi vida está ahora mismo a mi lado compartiendo este momento tan mágico.

Continuamos con "hombre lobo en parís", una versión más melancólica e intima acompañada de una guitarra, proyectan de fotos de la unión cuando aún eran cuatro chiquillos  con gabardinas y tupes.  En la pantalla grande ponen el video original y nuevamente me encuentro fascinada;  Aquel ambiente brumosos en blanco y negro de novela policiaca de los cuarenta, el sucio hostal y las prostitutas mostrando su género.
Entonces nos sorprenden con "Más y más". No me acordaba de esta increíble canción:   "Haz conmigo lo que quieras, nena.  Sabes que te pertenezco, nena .  Cada poro de mi piel es tuyo,  haz conmigo lo que quieras nena.".  

Madre mía, si treinta años después aún me pone.  Me acuerdo del video donde salía Rafa con cara de pillo sentado en una silla en plan nueve semanas y media diciendo "ahora harás lo que yo diga, nena ".   En aquella época se jugaba mucho más con lo sensual, lo erótico, lo insinuante, sin entrar en lo implícito como ahora.  En aquellos veranos, para nuestras hormonas con lo intuido era suficiente.   Teníamos la peli de Kim Bansinger y Mikey Rourke, teníamos el "I want your Sex" de George Michael y teníamos el "Más y más" de la unión para adivinar el mundo del deseo al que nos encaminábamos.

En estas andaba, cuando de pronto aparece una tía o tío larguirucho, con tacones y con melena morena. ¡Joder! Si es el Vaquerizo. ¡Qué me da algo! Sale con "Ella es un Volcán" . ¡Y tanto! Me divierten tanto las Nancys Rubias, aunque son morenas. Este Vaquerizo no parece una lumbrera, pero debe ser un tipo muy listo, o al menos sabe montárselo de miedo. Y siempre se queda con la atención de toda la peña. Ahí está en mitad del escenario contoneándose con su mallot negro, sus pantalones caídos para enseñar cacho de cadera, y sus tacones. Marcha no les falta y saltamos todos alborotados por el momentazo Mario.

Si algo tiene este aniversario son momentazos y la verdad es que los estamos disfrutando como enanos.
Se van como todos sabíamos, y como dice el protocolo de los conciertos hay que gritar "OOOEEEE, OOOOEEEE, OEEEE, OEEEE...." y luego "OOOOTRAAA, OOOTRAAAA, OOOTRAAAA". Este es un momento muy importante, porque intimidas con tus compañeros de pista. Nosotros nos hemos llevado muy bien con la parejita de chicos, bueno, mejor dicho locas que tenemos al lado, con la que hemos saltado como locos y hemos cantado a vivo pulmón las canciones. Es curioso porque son bastante jóvenes y se saben todas las letras de las canciones. Mucho mejor que una prenda que se ha sorprendido porque me canto mucha letra y no me lo esperaba. Soy un desastre con las letras porque tengo memoria de pez.

Se hacen rogar pero vuelven. Lo sabíamos porque aún les falta Sildavía, por favor. Además nos habían dicho que estaban invitados "Love of Lesbian", que como estoy algo oxidada no sabía quiénes eran y los he tenido que googlear, pero no me suenan. Me sorprenden porque no tienen ninguna pinta de lesbianas, o de androgenos, o de locas, o de grupo rompedor. En realidad me recuerdan a granjeros americanos. Eso debe ser lo del pop indie que ahora oigo tanto. 

Suena "No tengas miedo de perderte en Sildavia" y yo me imagino un paraido tropical verde bañado por playas de arena blanca y aguas turquesas, con un hotelito de bungalows de madera, con  una piscina de agua calentita, donde me encuentro yo con mi pulsera todo incluido en una mano y mi mojito en la otra. ¡Miedo ninguno! Estoy como loca por perderme en Sildavia. ¿Cuándo nos vamos?

Y termina de nuevo con "Lobo hombre en París", pero versión cañera. Nos rompemos las piernas de tanto saltar y los brazos de tanto aplaudir.  Por eso cuando terminan ni mi maridito ni yo podemos casi andar. Si no fuera por ese detalle, nos habríamos ido a vivir la noche madrileña, porque como dijo al final Rafa, este solo era el principio de la Noche. Pero para nosotros era el principio de irnos a dormir a pata suelta a la cama porque hoy no tenemos niños dando por culo en casa.

70.- Cuarentañera

Hoy me he levantado pensando que todo parece igual que ayer, en realidad no noto nada especial, mi mundo continúa igual aunque hoy haya pasado de década. ¿Se supone que hoy comienzan esas cosas de la crisis de los cuarenta? ¿Hoy me llegará la temida depre que les da a los cuarentones? ¿Y empezaré a hacer tonterías varias? No sé, como eso de cambiar un marido por dos venteañeros…

¡Vaya palabrita más fea! CUARENTONES. Hay que tener mala idea para inventarla. Sería alguien realmente amargado el que la creo. Suena horrible: C-U-A-R-E-N-T-O-N-A. ¡Qué horror!
Estoy convencida que para nuestra generación debería ser cuarentañeros, eso de cuarentones es que no nos va nada... Porque los cuarenta de ahora son como los 20 de antes. Ahorra la gente con cuarenta está estupenda, come bien, está más sana, se cuida mucho, hace deporte, es muy activa, aún está en la etapa de creación de la vida, descubriendo sensaciones, explorando nuevas experiencias.
Cuarentones implica connotaciones que no se nos puede aplica. Para mí, toda la vida una cuarentona es una señora vieja con traje feo y pelo recogido malamente, triste, que ya ha hecho todo lo que tenía que hacer, que está acabada.... ¿Quién es ahora así a los cuarenta? ¡A los cuarenta aún nos queda toda la vida por descubrir!

Por favor os lo pido, a mi llamarme cuarentañera que me gusta mucho más y me va perfectamente a mi mentalidad infantil y como me siento. Me siento como una niña que disfruta de la vida, solo que quizás un poco resabida... Quizás es ese el problema de los cuarentones que quieren ser cuarenteños, y demostrar a los demás que aún son jóvenes, por eso pierden los papeles y les da lo de la crisis. ¿Será eso? Entonces yo ya he empezado el mal camino… porque esta noche me voy de fiesta a bailar hasta que salga el sol como una de veinte. Mi marido que me conoce bien me ha regalado el mejor regalo del mundo: Poder baillar toda la noche en una magnifica terraza de Madrid bajo la luz de la luna.

Me ha traído a la mente la primara vez que un niño me dijo "señora, me puede decir la hora???" AGGGG, ¿¿SEÑORA?? No, no, niño, ¡¡pídesela a tu ummmmm… madre!!. El pobre niño se quedaría pensando que SEÑORA más borde… Lo que el chaval no sabía era que ese “señora”fue un gran golpe para mí, el principio del fin de una era, yo era ya una señora. Una señora con toda la ley. Ese fue el hito que me marco el paso de la juventud a la madurez. ¡Pero bendita madurez!

Desde la cama me he ido al espejo, me he mirado un buen rato, analizando en mi cara cada rasgo, cada arruga, cada lunar y cada espinilla. Y la verdad es que me he visto igual que cuando unas horas antes tenía una década menos. ¡Qué cosas! Pero es verdad que voy notando ciertos detalles que me fastidian un poquitín: Ahora me tengo que pintar siempre la raya para verme ojos. Y toca teñirse el pelo una vez al mes para esconder las molestas canas que empiezan a multiplicarse a toda velocidad. Me ha salido una mancha solar muy horrorosa en el pómulo y un par de verruguitas de esas de vieja en el cuello, además hay cosas que se caen... ¡Qué asqueroso es esto de la gravedad a los cuarenta!.

El cuerpo tampoco aguanta como antes. Antes salía el viernes, sábado y Domingo y no pasaba nada. Me levantaba más tarde y ya está. Ahora salgo un día y tardo tres en recuperarme. Como coma o beba más de la cuenta tardo una semana en normalizar mi estómago. Como se me tuerza un pie, paso un mes con dolores, cuando antes se me torcían a diario los pies para cada lado y no me pasaba nada (siempre he sido un poco patosilla y muy hiperlaxa).

Pero estoy convencida que los cuarenta son una muy buena década; He superado muchas de las tonterías que me preocupaban y me bloqueaban muchas veces, he aprendido a reírme de mi misma, he asumido mis limitaciones y ya no me da la gana perder el tiempo en esconderlas, a quien no le guste pues que vaya por otro camino. Me he liberado de intentar ser maja y simpática con todo el mundo. Y he perdido muchos pelos de la lengua, así que digo lo que pienso y me quedo tan a gusto. Aunque también he aprendido a tener mano izquierda y ser conciliadora cuando hace falta. Pero lo más importante es que he aprendido a valorar las pequeñas cosas, los momentos buenos, el amor incondicional de mi maridos y mis niños, el respaldo de mi familia, la compañía de mis amigos, la diversión es las fiestas, la liberación de las escapadas, los momentos de paz, la tranquilidad en el hogar… Al trabajar aún no le he pillado el punto.

En fin, los años pasan, pero aún quedan muchas cosas por vivir y muchas más por hacer. Pero aunque tenga cuarenta y como dice el refrán a mal tiempo buena cara... he decidido celebrar mis cuarenta como dios manda y me he ido a la pastelería del lado de la oficina, me he liado a comprar los bollos que más me gustan (que por supuesto tienen miles de calorías) y nos hemos puesto morados, con mucha alegría, mi compis y yo en el curro.
Hoy ha sido un día estupendo porque me han dado miles de besos. Me encanta que las personas que tanto quiero me den muchos besos. También me encanta que me llamen, me manden por whatsupp y por facebook muchísimas felicitaciones. Pero sobre todo me emociona la fiesta y la celebración, dándolo todo.
Hemos ido a cenar a un sitio de esos de cocina de nueva generación, donde te ponen un plato muy grande con reconstrucción de huevo con croqueta de pisto, bañado por sopa fría de tomate con gotitas transparente de quien sabe qué, acompañado de un crujiente de jamón.

Ummmm, vaya pero si está bueno, pero luego tendremos que ir al burger con esta mierdecilla de ración. Pues no, porque tras siete platitos de reconstrucciones, espumas, vaporizados, turrones, crujientes, sopas rarísimas, culminado por un postre de helado de remolacha, es que iba a reventar. Creo que tenía toda la sangre en el estómago para deshacer lo elaborado de esta cocina. Además no sé si la cerveza también iría reconstruida o qué, pero a Martín y a mí se me había subido un montón. Así que nos fuimos andando haciendo eses para que se nos bajara la comida hacía la más nueva y más de moda terraza de Madrid, según no se qué periódico, ubicada en la azotea de un hotel de la plaza de Santa Ana.

Llegamos sudados, porque esta noche no corría ni una gota de viento en Madrid. ¡Que poco glamour! Tras pagar cuarenta pavos entre los dos, llegamos a la súper terraza, adornada con pameras en plan chill-out. Uff, qué de pijos malcriados hay por aquí. Allí estaban todos esos niñatos forrados sentados en los reservados acompañados de niñas increíblemente guapísimas tomando champán que les llegaba e cubiteras con bengalas. Ummmm, necesito la copa que viene con la entrada para no atragantarme con tanta gente guapa. Todas las barras estaban repletas y los camareros perdían el tiempo con sus cubiteras haciendo exhibiciones a lo Tom Cruise. Por favor, dejaros de tonterías y servirme mi mojitooo, que por cierto estaba mucho más malo que el que nos prepara al lado de casa nuestro camarero preferido porque siempre nos invita al tercero.

Estábamos ahí fuera de lugar en un rinconcito, sintiéndonos incómodos por la fauna tan esplendorosa que nos rodeaba; chicos súper arreglados, con sus pantaloncitos rosas, y sus camisas arremangadas impecablemente planchadas, con cejas depiladas, pelo perfectamente engominado a la moda y mil veces más maquillados que yo. Rubias perfectas con vestidos de infarto y tacones de vértigo, morenas ajustadísimas en vestidos imposiblemente cortos, cuando uno de los sofás cerca de la pista se vacío.
-¡Corre vamos!
- ¿Pero podremos sentarnos? ¿No nos dirán nada?
-¡Pues claro para eso hemos pagado la entrada!

Y nos plantamos en medio de todos esos especímenes perfectos. Pero sorprendentemente resultaron muy simpáticos o quizás estaban bastante borrachos. Unos eran italianos, otros ingleses, llegaron unos rusos y otros franceses. Alá, qué internacionales somos. Esto parece la torre de Babel. Todos querían hablar con nosotros, la fauna autóctona. Nos hacíamos gestos y muecas en un diálogo de locos mezclado con carcajadas descontroladas.
Entonces la música comenzó a invitar de verdad al baile. Y entre las cervezas, la sangría de la cena y el mojito se me habían ido todos los prejuicios, con mis lorcitas me sentía completamente igual a esas despampanantes nenas moviéndome al compás de la música. La música fue más cañera y comenzamos a darlo todo en la pista de baile. Brazos para arriba, saltos varios, bailamos en corro, unos cambiaban de parejas, otros trepaban por las barras de las sombrillas, nos echábamos fotos, celebrábamos con desbordada alegría las ráfagas de viento refrescante que llegaban a la terraza y nos secaba el sudor, todos enloquecidos por las canciones de Riana, Enrique Iglesias y David Gueta. Así estuvimos toda la noche, sin parar, sin sentir el paso de las horas hasta que nos apagaron las luces… ¡Ohhhhhhhh! ¿Ya es por la mañana? ¡Ha sido una noche increíble! ¡El mejor regalo del mundo! Un buen comienzo para mis cuarenta años, pero ya verás que agujetas mañana.

68.- Fase REM

Conduzco mi corsita por la M-40 totalmente grogi, debo estar al menos en la fase REM del sueño y mis neuronas están todas roncando. Todos los días me hago 50 Km para llegar al trabajo totalmente aletargada. Muchas veces me despierto en el destino y no recuerdo como llegue… ¿Me habrán abducido los extraterrestres? ¿O conducía totalmente sonámbula? Menos mal que tengo el camino grabado a fuego en mi subconsciente y llevo el coche con el piloto automático.
Me se de memoria donde debo reducir, donde frenar, donde acelerar, en que carril debo ir, si me parase la guardia civil por supuesto daría negativo en la prueba de la alcoholemia, pero mis reflejos estáarían mucho más aturdidos que si me hubiera tomado cuatro cubatas. Creo que los de tráfico no han pensado en una prueba del grado de adormecimiento, se forraría el gobierno con las multas, aunque claro nadie llegaría pronto a trabajar.
Como medida para despejarme abro la ventana y me pongo la música a toda pastilla. A ver qué hay que me despierte… ¡Anda! ¡Move like Jagger! ¡Bien! Me gusta esta canción porque me recuerda a Sandra y su amiguita Marian bailando cuando estábamos de vacaciones de semana santa. Que gracia tenían… Qué bonitas mis niñas... Habían estado horas preparando una coreografía entretenidísimas, mientras los chicos sólo sabían decir “Me aburro, dame la maquinita”. ¡Qué buenos recuerdos de la playa! Ya me siento mucho mejor.
Finalmente, como todos los días, he quedado atrapada en un atasco del que no me puedo escapar. Desde que nos cambiaron la oficina de sitio y nos llevaron desde la plaza de los cubos a un polígono a las afueras de Madrid no me queda más remedio que ir en coche, porque hay tan mala combinación de transporte público que tardo una hora y tres cuartos en llegar desde mi casa. En coche tardo una hora en llegar, aparco a veinte minutos andando, pero vuelvo en media. Así que me compensa. Además lo de andar es un pro, cuarenta minutos me permite hacer el deporte diario que no haría de otro modo. No está mal, sobre todo porque lo hago estilo maratón ya que siempre voy tarde. Aunque no es sufiente porque la barriga sigue en su sitio día tras día.
El cambio me hizo polvo al principio, porque era feliz trabajando en el centro. Pero he descubierto algo bueno; Estoy ahorrando un montón al evitar las compritas. En el centro todos los días sucumbía a algún producto extraordinario de las maravillosas tiendecitas. Mi bolsillo agradece el cambio… ¡Pero mi espíritu echa tanto de menos currar en el ambientillo!
En fin, como estoy atrapada en el coche rodeada de otros miles de conductores en la M40 y no puedo ni cuidar niños, ni limpiar la casa, ni fregar, ni poner lavadoras y lavaplatos, ni planchar, ni trabajar, voy a aprovechar este momento para pensar en mi misma. Este va a ser el magnífico momento para mis cosas, a ver..., a ver..., cosas que quiero hacer... Ummm.... ¡Volver a Yoga otra vez! Lo inteté tras mi fracaso con zumba, y me apunte a un club buenísimo de Yoga, pero lo tuve que dejar porque las clases eran de 8:30 a 10:00 de la noche y no podría evitar dormírme en las relajaciones de lo cansada que estaba. Intentaba no dormirme y empezaba lasrelajaciones con ansiedad y tensión. Pero no había manera, caía en el pozo oscuro del sin padecimiento. Me dormía tanto que un día de pronto me desperté asustada por un pedazo de ronquido que alguien había dado en mitad de la clase; Lo malo es que ese alguien era yo... ¡Menos mal que estamos a oscuras!
Veo por el retrovisor un coche negro, de esos anchos que van como pegados al suelo, haciendo zig-zag entre los demás. Los tengo fichados, son los chulitos del asfalto, se creen los dueños de la carretera, siempre fardando de coche, y como no, cuando ven un corsita blanco como el mío conducido por una mujer, pues no se quedan a gusto si no me hacen una buena pirula. Y este no es la excepción. Se cambia de carril, cruzándose tres carriles por delante de mí, obligándome a pisar el freno. ¡Gilipollas! ¡Chulo!¡Machista!¡Abusón! ¿Pero dónde tengo el claxon?, ¿Dónde?, ¿Dónde? ¡Qué mierda! No lo encuentro, Joder, como nunca lo uso ahora que lo necesito no sé donde narices está el dichoso pito. Nada, no lo encuentro… Parece que no me queda más remedio que usar el símbolo universal para mostrar indignación, pienso mientras estiro el dedo corazón.
Yo soy muy respetuosa con la distancia de seguridad, pero los demás nunca respetan el hueco que he dejado. A veces pienso que es como una tentación. Ven una distancia de seguridad y no pueden evitar meterse a presión en el hueco. Así es imposible cumplir las normas de tráfico. Yo siempre trato de cumplirla, incluso más aún, porque soy muy precavida. Por ejemplo, aunque el otro tenga el ceda el paso, yo nunca me fio y me preparo por si al final tengo que cederlo yo. Yo empiezo a frenar, que no a acelerar con los semáforos en rojo. Pero al de atrás mio nunca le gusta porque ne pita. Y en las rotondas me cambio de carril para no cruzarme y salir desde el carril más externo, aunque esté yo sola en la redonda. Sin embargo la gente tiene la manía de intentar salir de la rotonda cruzandse, y encima te pitan si tu vas, tal y como te enseñaron en la autoescuela por el carril de fuera danto toda la vuelta a la glorieta.
Voy a poner las noticias a ver si me cuentan cosas buenas:
-El inicio de la campaña de verano ha hecho ganar a la Seguridad Social 56.622 afiliados en junio, el mejor dato en este mes desde 2007 y el primero en positivo, hasta los 16.684.995 ocupados, según confirma hoy el Ministerio de Empleo y Seguridad Social.
Para variar una noticia buena, pero ya me imagino la clase de trabajos que se han conseguido. Trabajos con una birria de salarios, una birria de jornada y una birria de cotizaciones. Yo no sé si mejoran las cosas pero en mi empresa están preparando un ERE, que estoy empezando a plantearme, porque últimamente mi curro es un infierno.
Aparco, y tengo un mensaje en el móvil de mi compi, que para evitar atascos y poder aparcar en la puerta, sale de casa antes de que hayan puesto las aceras, lo que viene siendo a las seis de la mañana. ¡Qué barbaridad!¡Eso no es vida!. El mensaje dice “No vengas a trabajar. Vuélvete a casa. No funciona nada”.
Jo, que chiste, estoy a punto de hacerle caso des-conducir otra hora hacia mi casa y meterme en la cama a seguir con mi sueño REM. ¿Qué habrá pasado esta noche? Estoy tan cansada… No puedo más… No nos funcionan las cosas, no tenemos presupuesto, ni gente, ni medios para arreglar nada, y encima no paran de presionar, pedir responsabilidades y amenazar. Estoy, muy, requeté harta.
Encima, yo no soy nadie. Soy un recurso barato que contrataron, una caja negra que se puede sustituir cuando este agotada. Un ente currante sin nombres ni apellidos, un número en un contrato, un algo impersonal. Me cabrea sobremanera que nos valoren tan poco las empresas, y que nos deshumanicen de ese modo. ¡Como si todo el mundo trabajara igual! ¡Cómo si todos se comprometieran del mismo modo! Que poco se valora el buen trabajo, el conocimiento, la experiencia, la responsabilidad y el compromiso. Según parece todos somos iguales y automáticamente sustituibles por otro recurso opaco desnaturalizado. De verdad que me dan unas ganas horribles de dar la vuelta, volver a mi coche y dejarles a todos colgados. ¡Qué les den! Es lo que se merecen. Por ahorrarse unas pelas nos de convierten en masa obrera indefinida, gris y triste. Se están confundiendo con esta moda de los servicios y los recursos. Pero no lo ven con el ansia de ganar dinero rápido para ya.
En fin, menos mal que aunque esté dormida, parece que tengo la cabeza sobre los hombros y sé que no me queda más remedio que currar. Hay que ganarse el pan para vivir, me digo, mientras me dirijo a la oficina adormilada.

67- Haciendo papeles



 Me ha traído el nene una nota del cole donde pone que  tenemos que ir  por los informes de escolaridad, las notas de la prueba CDI, ésta de la comunidad de Madrid, y el informe de traslado al instituto, este Jueves de 10:00 a 12:00. ¡Toma ya! ¡Cómo si yo no tuviera cosas que hacer! ¡Como si yo a esas horas me pudiera acercar, así como si nada, al cole. Yo que trabajo a una hora en coche. Es que no me explico estas cosas, me es completamente imposible escaparme de trabajo un momentito a hacer un recado. Ese concepto "de salir un momento a hacer un recado" no existe en los madriles.

Bueno, seamos prácticos Dorita, pienso para mi, ya que se me ha juntado que tengo que recoger estos papeles con echar la matriculas en el nuevo instituto de Iván  y en el conservatorio de Raquel, además de pagar las respectivas tasas en bancos distintos, hacer las fotocopias pertinentes, pues ya aprovecho y lo hago todo en una mañana, así no pierdo más días.  Solución:  Le digo a mi jefe que teletrabajo desde casa. 
Y es que en la empresa privada, o al menos en la mía, no existen los días esos de moscosos, tan ideales para hacer papelotes que son imprescindibles para el buen funcionamiento de los asuntos familiares.  ¡Qué hartura de burocracia! Si es que te lo ponen todo muy complicado . No me queda más remedio que buscarme la vida para que no afecte a mi curro. A ver cómo me las apaño...

He repasado mi agenda de trabajo y tengo justo tres audios que no puedo dejar de atender; Una a primera hora de la mañana, otra a las 12:00 y otra a las 13:30.   Por favor, por favor, que no haya ningún problema sorpresa. Si todo va como está previsto,  este tema está chupado, es sólo cuestión de organizarse. ¡ Y yo con lo de organizarme soy una mala máquina! Si no cómo podría  sacar adelante la casa, la familia, el trabajo...

A ver voy a repasar el planning de mañana:  Me levanto prontito, sobre las ocho, que guay encima voy a dormir una hora y cuarto más, me hago el café y aún en pijama enciendo el ordenador en el salón. Inmediatamente, sobre las 8:05 le mando un chart a mi jefe diciendo ya estoy conectada, así se queda tranquilo porque puede contar conmigo si me necesita.  ¡Va a ser el día que más pronto empiece a trabajar!
Luego a las 9:00 me enchufo a la audio, en menos de una hora seguro que he terminado, así puedo hacerme una sesión de restauración en condiciones y vestirme para ir prontito al cole, y llegar de las primeras, y en un coser y cantar ya tendré los papelotes.

A continuación, puedo atender la audio de las 12:00 en casa de mis padres, que andan en el pueblo, ya de paso como buena hija, aprovecho, le doy una vuelta a la casa y riego las plantas.
Tras la audio paso por los bancos para hacer los distintos ingresos de las matrículas. Por último voy al instituto a cerrar la matricula, antes de que cierren la secretaría, luego atiendo la tercera audio, y por la tarde ya voy con Raquel al conservatorio a entregar el resto de papeles.

¡Pero qué maquina soy! Lo voy a apuntar en el calendar para no liarme mañana con la agenda. Bueno, ya lo tengo todo organizado,  mi plan es perfecto, me voy a la cama feliz y contenta. Tengo que dormir bien porque mañana me espera un día perfectamente ajetreado.

TIC-TAC, TIC-TAC…  8:00. Piii-Piii-Piii.  Suena el despertador. Según el plan, voy a por mí café, y me siento delante del ordenador con mi pijama aún dormida.  Bueno, esto va como la seda. Le mando un mensaje a mi jefe:
-¡Hola! ¡Buenos días! Ya ando por aquí.
-Buenos días. ¿Has visto el correo que te he enviado?
Joder, pues claro que no. Aún tengo las legañas puestas… ¡Que madrugador es este hombre!
-¿Ehh? No, aún no… ¿Pasa algo?
-Pues los trabajos nocturnos han ido fatal. Por favor, revísalos. Saca los datos y analízalos. A ver si descubres que ha ocurrido. En la audio de las 9:00 cuentas que ha pasado. No te olvides de mandar las gráficas y un informe.
-Vale... -Vaya puñeta, pienso mientras me despierto de golpe. - En cuanto lo tenga lo envío.
En fin, no hay otra que ponerse manos a la obra, solo que el mierda ordenador no se conecta remotamente a la red de la empresa.  ¿Pero bueno?  Lo intento otra vez y me sale una pantalla con el mensaje. “Su ordenador no cumple los requisitos necesarios para conectarse a la red corporativa”.

¿Pero qué carajo? ¡Al menos este cacharro podría ser tan amable de decirme que requisito no cumplo! Tras media hora revisando versiones de sistema operativo, navegadores, y antivirus, descubro que no tengo actualizados no sé qué ficheros de seguridad. Me pongo a descargarlos como una loca.

TIC-TAC, TIC-TAC… Son las 8:45, he perdido muchísimo tiempo sin hacer nada útil, Faltan quince minutos para la audio y no tengo ni pajotera idea de que ha ocurrido esta noche…
TIC-TAC, TIC-TAC. ¡Menos diez! ¡Por fin me descargué todos los jodidos ficheros!
TIC-TAC, TIC-TAC. ¡Menos cinco! ¡Ay,  mi corazón! Ahora tengo que ser súper eficaz; Me traigo la información, la transformo, la inserto en el Excel, filtro por los datos que necesito, creo una tabla dinámica por horas y estados, construyo una gráfica por tiempos…
TIC-TAC, TIC-TAC. En punto…  ¡Joder, joder, joder!  Miro la gráfica, de derecha a izquierda, de arriba abajo, la giro una vez, la giro otra, me la acerco, la alejo, la giro otra vez, ummm...,aggggg, intento concentrarme con todas mis fuerza. ¡No veo nada!. ¿Qué indica? ¿Qué indica?¿Qué veo?¿Qué veo?
TIC-TAC, TIC-TAC. Y cinco…  ¡Lo tengo!¡Lo tengo!  He comparado con la gráfica de otro día y ya sé que narices ha pasado. Ay, gracias, gracias…
TIC-TAC, TIC-TAC. Nueve y diez, me conecto a la audio:  ¡Buenas! Perdonar el retraso, pero estaba analizando la información. El problema no ha sido nuestros de sistemas… sino de un comportamiento atípico del equipamiento, que no ha cumplido la normativa…. Tralarín, tralarán…

Tras mandar, gráficas, informes, revisar varios casos y contar veinte veces lo que ha ocurrido, son las 10:45 y aún estoy conectada a la dichosa audio, en pijama, sin lavar ni los dientes y con los pelos de punta.  Mi plan se ha ido un poquitín a la porra.  Tranqui Dorita,  aún estoy a tiempo de enmendarlo.
TIC-TAC, TIC-TAC. 11:05. Gracias a todos, un saludo, hasta la próxima audio.

 ¡Qué pesaos! ¡Por dios! Salgo corriendo por el pasillo, me pongo el primer vestido que pillo, me lavo la cara, dientes, me pinto la raya y salgo pitando para el cole con mi corsita. Una vez más voy en plan rally  volando en los elevados que hay para no superar la velocidad.  

TIC-TAC, TIC-TAC. 11:15.  Llego a la secretaría del cole, he batido nuevamente mi record pero...  ¡Hay una pedazo cola!. Claro, normal, nos han convocado a todos los padres a la misma hora. Media hora después por fin me toca, pero resulta que falta la firma de la directora, y tengo que ir al huerto del cole a buscarla.  

La encuentro liada con los pepinos.  Este año han estrenado huerto en el cole, y tiene muy buena pinta. Todos están completamente entusiasmada con el huerto y todos los eventos giran en torno a él. La canción de la paz, el día de san Isidro, la nueva foto oficial del cole. De vez en cuando los niños traen una cebolla o un nabo a casa y lo celebramos como si fueran el mayor tesoro del mundo. Estoy planteándome hacer un huerto casero en el macetero de la cocina. Ahora están de moda los huertos urbanos. ¡Podría plantar tomates cherrys! Sí, decidido, quiero tomates cherrys.

-Hola, Le andaba buscando para firmar unos certificados.
-Es verdad, Iván ya se va del cole. ¡Qué rápido pasa el tiempo! Tu hijo es de esos que no se olvidan, ¿sabes?
-Ah, ¿Si?
-Claro, al final los que más recordamos son los traviosones. Porque menudas trastadas ha hecho tu chaval en el cole. Más de una vez se ha quedado conmigo en dirección castigado.
-Vaya por Dios. -Joer, con el niño, nunca me lo había contado. Bueno en realidad no es que me cuente mucho.
-Espero que él también nos recuerde con cariño aunque se haya llevado alguna que otra bronca.  Ahora empieza lo difícil.  No olvides que tu labor es muy importante. Al final los profesores nunca logramos suplir la función de los padres. Por mucho que nos preocupemos, sois vosotros los que debéis encauzar su vida.
-Yaaa. – Pues vaya sermón que me está echando. Debo de ser de esas personas a las que la gente le gusta sermonear, porque siempre me echan la charla e el cole.  Pero es verdad que la papeleta que me toca no es nada fácil:  Ni más ni menos que encauzar la vida de mi hijo, cuando aún no sé qué leñes estoy haciendo con la mía además de ir corriendo de un lado para otro.

TIC-TAC, TIC-TAC. 12:00. Llego por los pelos a casa de mis padres. Me repanchingo en el sofá, conecto el micro y los cacos a mi móvil y llamo al novecientos donde tiene lugar la audio:

-Muy buenas, soy Dorita. ¿Qué tal todos? - Gracias  a Dios , en esta audio nos conocemos todos muy bien, y hemos ido directamente al grano, cerrando las cosas con eficacia y rapidez. ¡Qué maravilla! Así puedo regar las plantas de mis padres relajadamente, hacer las fotocopias y acercarme por el primer banco con tranquilidad.  Agradezco con toda mi alma este momento de paz.

Son las 12:30, y mi próxima audio es en una hora, así que me da perfectamente tiempo a acercarme por el nuevo instituto de Iván para cerrar la matricula, y después acercarme por el otro banco para pagar el conservatorio.

Los del conservatorio son unos bordes, solo nos dieron un día para pagar, conseguir los papeles y entregar el formulario. Si no lo haces, quizás porque en tu vida había otros planes, consideran que no quieres la plaza. Llegan a esa conclusión después de que hayas pagado la prueba de acceso, tu hijo haya hecho el examen en lugar de haberse ido a la playa, te hayas tragado tres horas de concurso para elección de instrumento, y después de todo esto ¿consideran que no te interesa si no puedes hacer la matricula en el único día de plazo que te dan?

¡Vamos!  Es que no se para quien están pensadas las actividades públicas. Porque por los horarios cualquiera diría que solo para los que no trabajan y tienen todo el tiempo del mundo para ir al lugar y en el instante que se les diga. Tal y como hacen las cosas parece que no son para los que trabajamos, cumplimos con los impuestos  y por ende les pagamos los salarios.

TIC-TAC, TIC-TAC. 13:20 y acabo de terminar en el instituto. Como no, había cola.
Me voy pitando al último banco. Por narices debo hacer el pago del conservatorio. ¿Qué hago? En diez minutos comienza la última audio.  Pero el banco cierra a las 14:00h. Si no pago ahora no podré entregar la  matricula a tiempo y los del conservatorio interpretarán que no me interesa.  ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! Bueno, puedo hacer las dos cosas a la vez, pienso,  me pongo el micro y el casco, y le doy al mute. Hablo lo justo y ya está.

TIC-TAC, TIC-TAC. 13.30: ¡Hola a todos! ¿Qué tal estáis? - Espero que estéis menos atacados que yo, pienso para mis adentros.

Intento entrar en el banco de esa guisa toda llena de cables que salen de mis orejas y se  esconden en mi bolsillo para no parecer muy loca. Pero cuando intento entrar me pita algo metálico en el bolso. Llevo mil trastos ahí dentro: Mis llaves, las del coche, las de mis padres, gafas metálicas, tarjetera metálica, cinturón del niño con hebilla metálica...  A saber cuál es el que pita.  Debo dejar las cosas en taquilla, pero no tengo suelto. Así que me voy conectada hacia un bar donde me den cambio.
-Hola, ¿Pueden darme cambio?- Le digo al del bar.
-¿Qué cambio? ¿Vamos a hacer un cambio?-Me preguntan de la audio. Vaya leñe, se me ha olvidado poner el mute.
-No, no, no, no es necesario ningún cambio,  perdón, estaba hablando con mi… ummm, compañero…

Me voy con mi monedita al banco, guardo el bolso entero, así no pierdo tiempo en descubrir que es lo que pita  y me pongo a la cola. Cuando me toca me doy cuenta que guarde el bolso entero, con la cartera incluida. Así que no tengo ni dinero ni DNI. Vuelvo a salir, cojo lo que necesito y me pongo otra vez en la cola. ¡Jo! Que mala suerte, ahora está mi vecina la encantadora que no trabaja y siempre me recuerda las pintas de cansada que tengo, la vida tan estresada que llevo, mientras ella va a la peluquería,  al gimnasio o de compras. ¡Cómo la odio!¡Yo quiero ser como ella de mayor!

-Hola Dorita.
-Hola Pepa.- De Dorita nada, pienso. Pero por qué me llama con tanta confianza.
-¿Pero qué llevas puesto?
-¿Eh? Es que tenía una audio de trabajo. ¿Sabes qué es eso?- Le lanzo la pulla-  Pero como me cierran el banco, pues voy a ingresar el dinero mientras estoy conectada. Perdona un momento que me están preguntando algo.  ¿Podéis repetir? Estaba un poco despistada…
-Ay, mujer, pero qué vida llevas. De verdad que esto no debe ser bueno para tu salud. Sí, definitivamente  te veo desmejorada últimamente. Tienes como muchas ojeras, ¿no? ¿Es que trabajas mucho?¿Mucho estrés?
-Pues sí. – Pongo el mute- Ya sabes las cosas están feas en las empresas. – Me desahogo con ella.- Ahora somos menos gente, haciendo el mismo trabajo, o quizás más porque las empresas se están aprovechando de la crisis y cada vez aprietan más. Así que las cosas se hacen mal y sin ganas…
-Lo mejor es que hagas como yo, que te mantenga tu marido. El marido trabaja y la mujer se dedica a su familia como debe ser. Así se hace lo más importante en la vida de una madre bien. No corriendo, deprisa y de malas maneras como algunas… Así salen los niños ahora.  – ¿Pero?¿Pero? ¡La muy perra! ¿Para qué le contaré yo nada a esta?
-Perdona, tengo que atender mi audio, no puedo hacerte caso. Soy imprescindible para el proyecto, ¿sabes?  Porque valoran mi inteligencia. –Y le doy la espada echando humo por las orejas.

Al salir del banco me siento al sol, necesito un descanso, un descanso de esta vida de locos que llevo. Pero, ¿qué es lo que estoy haciendo con mi vida?¿Qué coño estoy haciendo con mi vida?

66.-La graduación


Pues parece que aquí estoy, en el cole, tras nueve años, estoy sentada en el salón de actos junto al resto de padres, preparada con mi arsenal de pañuelitos de papel lista para llorar como una magdalena (a los cuarenta ya me dejo llorar a mares si me apetece), pensando que éste es un momento importante para una madre, un día para recordar, el fin de una etapa, el acto que reconoce que tu hijo crece y se hace mayor. Siento una mezcla de tristeza por la pérdida de mi niño pequeño junto con un orgullo y satisfacción porque mi chico ya es grande y ha conseguido terminar primaria con buenas notas. Mi niño de ricitos despeinados ya es un hombrecito, pienso mientras le observo de arriba abajo, sentado tan satisfecho de sí mismo, en el escenario con su banda dorada y su birrete de graduado.

Ay, Mi niño chiquitín que hace nada se escondía entre mis piernas porque no quería ir al cole, que volvía a casa con su babi hecho una porquería, lleno de miles de manchas y kilos de arena en los bolsillos, churretes por todos lados y manos negras. Mi niño es ese que esta mañana ha estado una hora colocándose el tupe y echándose litros de colonia para ir guapete a su graduación.
Ay, mi niño chiquitín, ese que cuando sin apenas saber hablar me dijo su primer "mama te quiero", dándome un vuelco al corazón  y ahora le da vergüenza que le dé un beso delante de sus colegas.
Ay, mi niño chiquitín, que tenía miedo por las noches y me obligaba a quedarme en el pasillo leyendo para que me pudiera ver y se sintiera tranquilo. Y ahora cierra la puerta de su habitación para tener intimidad como un adulto.

Ay, mi niño chiquitín al que le compraba los más dulces y suaves peleles, y ahora se compra  camisetas y pantalones  de colores oscuros y estampados absurdos, los más horribles de la tienda. Y si no estoy de acuerdo le coaccionó y no respeto sus gustos.

Ahí está mi niño chiquitín en este salón de actos terminando primaria,  sintiéndose a sus escasos once años un tipo mayor, porque deja el arropo del colegio y se aventura a la nueva experiencia de secundaria. Él se piensa que ya es grande y no sabe que allí donde va es el más pequeño y novato de todos.

Pero yo, que soy su madre, sé que empieza una nueva etapa, con grandes y profundos cambios, empezando por su cuerpo, su entorno, sus hábitos, su obligaciones, su forma de mirar la vida,  la forma en que la vida le ve a él. Y como madre protectora que soy, me gustaría evaporarme, como decía Mecano, para ser el aire que le acompañará todo el tiempo y poder susurrarle al oido lo que debe hacer, lo que debe sentir, lo que es importante, lo que no merece la pena... Me gustaría poder transferirle todo lo que yo he aprendido en estos cuarenta años de mi vida, quizás pinchándole  un USB en la cabeza, como en las películas de ciencia ficción.

Quisiera guardarle en una cajita para que nada le hiciera daño, pero por otro lado no quiero que se pierda vivir el cambio, sentir el progreso, descubrir el mundo, porque fue algo tan maravilloso para mí y deseo con toda mi alma que lo sea también para él.  Descubrir ese nuevo mundo tan aterrador, pero fascinante... De pronto sentirse distinto y mayor; Entrar en ese juego de demostrar que eres alguien, de ser medido por los demás, de encontrar tu sitio sin ser rechazado, ese miedo, esa inseguridad cuando tienes que ganarte la aceptación de los demás, conseguir un sitio entre tus amigos, esa excitación, ese vértigo...

¡Ay, madre! Qué miedo que me crezca y que deba enfrentarse a la vida sin que yo le pueda arropar. Que miedo que no sepa elegir bien. Qué miedo que no sepa resolver bien los conflictos. Qué miedo que vaya con malas compañías. Qué miedo que no sea como yo espero. Qué miedo que no sea buena gente. Qué miedo que al final no cuente conmigo y no me busque cuando se haya metido en líos. Qué miedo que no haya hecho bien mi trabajo y mi niño no esté preparado para la que se le viene encima...

Todo esto me da vueltas en la cabeza mientras le veo en la graduación, con su jersey rojo, su banda dorada, y el birrete, despidiéndose de sus compis, de sus profes, de este cole donde se ha sentido seguro y querido.  Él sonríe feliz cuando dicen su nombre y le dan el diploma:  ¡Lo ha conseguido!  Su padre se emociona y yo lloro a moco tendido.

Y ahora tras la graduación se nos van de viaje de fin de curso. Son tan pequeños...¡y se van a un hotel al Gandía!
-Les he preguntado en que planta del hotel están.-Me dice otra mama mientras mordisque el jamón del aperitivp que hemos preparado.
-Ah, ¿sí? ¿Es importante?
-Claro. me han dicho que el primero. Así no podrán escaparse por la noche y si pasando de un balcón a otro se caen, pues al menos no se matará. Quizás se rompan algún hueso, pero nada más.
-Ahhhh, no lo había pensado...
-Claro, claro. Hay que pensarlo todo. Además el hotel no está cerca de la zona de marcha. Así que se les quitará las ganas de irse andando a ver el ambiente.
- Vaya, tampoco me había planteado que con once años se fuera de fiesta por la noche.
-Uy, los niños están muy adelantados hoy en día. Me han dicho los monitores que harán guardia en el pasillo, para cotrolarles todo el tiempo. Y que revisaran sus cosas, no vayan a llevar quien sabe el qué.
-¿En serio? Pero si mi niño es muy pequeño. Como mucho se tomaría unos acuarios.
-Sí, sí... Eso es lo que tú te crees. Y no le pienso dar mucho dinero para que no se lo gaste en las cosas que no debe, ya sabes... alcohol o drogas.
-¿Drogas? ¡Por Dios! ¡Si se van solo tres días!- Que barbaridad, si mi niño aún juega con sus cochecitos. 

De verdad que no se qué pensar, si yo soy demasiado inocente o esta mujer ha perdido la cabeza... Decido que lo que voy a hacer es confiar en mi hijo.

Lo que está claro es que hasta ahora no me había planteado lo que realmente significa que mi niño me crece y que estas cosas, si no ocurren ahora, terminara llegando tarde o temprano.  Vaya, pienso, es imprescindible hablar de estos temitas con el niño. Y pensar que mi padre me contó lo de la semillita a los quince.  A ver cómo le planteo al chaval lo del alcohol, el tabaco, los porros, las peleas,  el sexo, el amor...

No sé cómo explicarle lo que se le viene encima, no sé prepararle para que haga las cosas bien. No quiero que esto de su pubertad le pille por sorpresa, y cada día intento prepararle  soltándole al pobre los sermones más variopintos:
-Ya sabes que tu cuerpo va a cambiar...
-¿Eh? ¿Qué dices mama? ¿De qué hablas? Estábamos con el helado...¿Me lo compras  o no?
-Pues que dentro de nada, te sentirás distinto. Por lo de las hormonas. ¿sabes? Lo diste en el cole, ¿no?
-Sí. Pero me prometiste un helado ¡No cambies de tema mama!
-Te cambiará el cuerpo. Te saldrán pelillos. Te cambiará la voz. Te gustarán las niñas... Eso lo has dado en el cole, ¿no?
-Sí, mamá. Pero, el helado...
-Sentirás cosas nuevas. Ya sabes, querrás agradar y caer bien. Pero tú haz todo con cabeza. Haz lo que te parezca bien a ti. Tienes que ceder a veces, pero ser tu mismo. No hagas cosas que no te gusten o no te parezca bien. ¿Sabes lo que quiero decir? Se comprensivo pero no tonto. Y las cosas hay que hacerlas con cabeza. Hay que hacerlas, no es bueno tener miedo, es bueno experimentar pero con todas las medidas de seguridad, hay que ser cauteloso y sensato... ¿Me entiendes?
-Siii, ¿Y el helado? -Me mira con cara de menudo rollo me está metiendo mi madre.
-Mira hijo, los cambios son buenos. ¿Sabes? Porque abren nuevas puertas, te ofrecen oportunidades, y además ...¡Qué aburrido sería todo si siempre es igual!
-Jo, mamá, ¿Pero me lo compras o no?
-Pero lo más importante y ya te compro el helado si me haces caso: Siempre, siempre, siempre puedes contar conmigo. Porque nunca nadie te va a querer más que yo, que soy tu madre y te traje al mundo. Así que hijo, siempre, siempre, siempre estaré ahí para lo que necesites. Puede ser que me enfade, que me desespere, que me tire de los pelos, pero siempre, siempre, siempre hare lo que sea por tí.-  Le suelto esta frase angustiada porque es muy importante para mí que se le quede grabado. Me mira con cara aburrida y me dice:
-¿Si? Pues si me quieres tanto...¡cómprame de una vez el helado!