57.- La familia

-Mama, que riquísimo el cocido.
Jo, no sé como lo hace pero le queda muchísimo más bueno que el que yo hago. Y eso que ella ya no le echa nada que engorde ni que de colesterol. Ni chorizo, ni morcilla, ni tocino, ni na de na. Verduritas y pollo. Eso sí, pollo, ric, rico del pueblo.
-¿Cómo logras que el caldito sea tan espesito y blanquito?
Qué pena que conmigo se pierda el buen guisar de las mujeres de mi familia. Mi abuela también cocinaba de maravilla. Me acuerdo de sus tortillas, su arrocito y los calamares rellenos, mi comida preferida que me preparaba los domingos cuando la visitábamos.La recuerdo en la cocina con su mandil, pochando cebolla a fuego lento o quemando los pelos de la gallina.
Yo en la vida he hecho calamares. No me veo en tal embolao. Si dar la vuelta a la tortilla me da pavor, y el arroz solo se hacerlo blanco. Una vez intenté hacerlo con pollo y costillas y sentí lastima de mi familia, porque estaba completamente insulso y echo un pegote. Los pobres no me querían decir que estaba asqueroso y le daban vueltas en el plato. No lo he vuelto a intertar; estoy completamente en contra de la tortura. -Dorita, ¿Te tomas un café conmigo en la cocina?
Uy, que raro… Si mi madre me lleva aparte es que tiene algo en la cabeza, me lo quiere contar sin que los demás se enteren...
-Dorita, tienes que ver las propiedades de la leche de savia. Tu padre me las ha sacado de internet y vale para todo. Es antioxidante, tiene muchísimas vitaminas, ayuda a quemar grasas y cura el cáncer.
-Ya…
-Ayer fuimos a ver a tu tío Tomás y le lleve leche de savia a ver si le sienta bien... ¿Sabes?, le van muy mal las cosas. Más de lo que nos había contado. El negocio es una ruina. Debe mucho, no saca para pagarlo, así que ha tenido que vender su casa.
-¿Si? ¿Y dónde vive ahora? ¿Y el primo?
-Ay Dorita, están fatal. Se han ido de alquiler a una casucha llena de humedad y sin calefacción. Y como tu tío está muy deprimido no ha hecho nada. Tiene todas las cajas de la mudanza en una habitación y ni cama se han comprado. Tu primo hace lo que puede pero aún es sólo un adolescente.
-¿Pero que hicieron con sus camas? ¿Las vendieron? Vaya plan mama. Tenemos que hacer algo, ¿no?
-Si hija, algo haremos… Me he pasado la noche sin dormir. He estado pensando durante horas . Tenía un dinerito que había ido ahorrando, quizás con él pueda pagar algunas trampas.
-Me preocupa el primo. ¿Continua con sus estudios?
-Pues sí, continua con sus estudios, le hemos insistido mucho, aunque cuando puede va a ayudar al padre a la tienda. Pero mi hermano está muy hundido y solo saben pelearse y gritarse. Además no le ha puesto ningún sitio al chico en la casa; su habitación está llena de cajas sin abrir, así que duerme en el sofá y estudia en el salón. Hacía un frío ayer…
-Que desastre. Pobrecito.
-Tu padre y yo fuimos y les compramos una estufa de las de toda la vida, de esas con bombona de gas para que al menos estudie calentito. No veas, estaban los dos súper contentos, parecían dos niños con zapatos nuevos.
-¿Lo saben tus otros hermanos?
- Sí. Tu tío Pedro se encargó de vestir al niño de arriba abajo para que vaya al instituto en condiciones. Hasta le compro una cazadora de esas que les gustan a los chicos. Tu tía Manuela cuando se entero les llevo una bolsa llena de ropa y cachivaches para la casa. Decía que al menos de esa manera la casa parecería un hogar.
-Ya, necesitan una mujer. Seguro que se tomarían las cosas de otro modo, y la casa estaría menos dejada.
-No han tenido buena suerte con las relaciones. Tu pobre primo, desde que se divorciaron, no ha parado de dar tumbos de un lado a otro; con su madre, con el abuelo, con el tío Pedro y ahora de nuevo con su padre en el peor momento. Y Tomás se ha encerrado en su depresión, es frío y distante con el niño.
-Y mira que es bueno el primo…
-Sí, es un chico buenísimo. El pobre en esta nueva casa no tiene amigos y le han cambiado de nuevo de instituto. Quiere acabar secundaria para ayudar en el negocio a su padre.
-¿Y el negocio no remonta? Todo el mundo dice que las cosas están mejorando.
- Eso de que las cosas mejoran no lo vemos los pobres. De momento han perdido casi todos los clientes. Vamos a ir tus tíos y yo a echar una mano. Hemos pensado que podíamos ayudar a hacer publicidad, podían bajar precios, hacer ofertas para recuperar el negocio.-
Y luego dicen que en España entra el dinero a manos llenas. Pues debe ser que solo les llega a las cuentas de los grandes ricos, porque los pequeñitos continúan en el lodo. Me parece que las cuentas del país le salen a Montoro porque unos pocos puntúan muy alto, pero el resto continuamos igual.
Aquí lo único seguro es que las familias se ayudan y apoyan. Estos tiempos demuestran que al final lo que queda es la familia. ¿Quién te va a querer más que tus padres o hermanos?. Lo bueno de la crisis es que se está recuperando el valor de la familia. Se están recuperando valores que habíamos perdido con la bonanza.Recuperamos el valor de la honestidad, de ganarse el pan de cada día con el buen hacer. Ya no nos gusta el pelotazo, ni el consumismo din medida, por fin nos hemos dado cuenta de que son humo y no valen nada. Queremos las cochas bien hechas, con cimientos resistentes y esfuerzo. Bien apuntaladas.

Todos los días sale a la luz nuevos escándalos, y cada uno de ellos me siento agradecida a los periodistas que están barriendo toda esa porquería de nuestro país. Lo que me fastidia es la impotencia cuando todos estos tipajos se escudan en más mentiras y continúan agarrados como lapas a sus cargos. Yo quiero echarles, a la puñetera calle, y si procede a la cárcel. ¿Pero qué tenemos que hacer los de a pie para echar a toda esta canallada de nuestro país? ¡Qué podemos hacer para conseguir una limpieza! Algo podremos hacer... Que alguien me lo diga, por favor.