48.- Casamos al niño


Bueno, parece que ya hemos casado al niño…

¡Quién lo iba a decir!  El chiquitín de la familia ya casado, claro que el chiquitín ya tiene treinta y tantos, pero para nosotros continúa siendo el pequeñín de la familia. El soltero de oro, el crack de las pistas de baile, con ese movimiento de cuerpo inimitable que atrae todas las atenciones, sobre todo el de las féminas. El más amigo de sus amigos, el más simpático de todos, el alma de las fiestas. Mi cuñado ha sido cazado, el partido perfecto por simpático, trabajador y buena persona, pero sobre todo por tener un corazón enorme.

Cuando conocí a la actual señora de Gutiérrez, como buena cuñada que soy y atendiendo a mi instinto de protección del benjamín de la familia, la analice desde la distancia de arriba abajo. “Ummmmmm…. , a ver cómo es esta que quiere cazar al niño”, me dije concentrando mi atención exclusivamente en ella.  Y también por mi condición de mujer, desde las sombras me pase la noche anotando mentalmente las cualidades y defectos de la candidata al corazón de Jorge.

Así andaba yo enfrascada en mí análisis, cuando les vi bailar juntos, dándolo todo, improvisando una coreografía de locura, compenetrados y entendiéndose en las miradas y los movimientos a la perfección. Fue entonces cuando me di cuenta de que estos dos son tal para cual y que Jorge había encontrado a su media naranja. Había encontrado a la chica que le seguía el ritmo, que compartía su vitalidad, a la compañera perfecta. Vaya, parece que aquí no hay nada más que pensar.  ¡Al chaval le han pescado!

De este modo entró Helen, un huracán, pura energía, movimiento en acción, la reina de todas las miradas, en nuestras vidas y comenzamos poco a poco a conocerla.  Sin darnos cuenta fuimos apreciando a esta chica que habla a toda caña, que se apasiona con los nuevos retos,  en conseguir el éxito en sus proyectos y que emana ganas de comerse la vida.

Alguien me dijo, se casan y quieren una boda sencilla, una firmita en el juzgado y una cena íntima con amigos. Hoy, tirada en el sofá, con el cuerpo destrozado, los músculos agarrotados, los pies llenos de ampollas, el estómago revuelto y la cabeza fatal, pienso “¡Qué coño de boda íntima! ¡Esto ha sido una boda gitana en toda regla!”.
Y es que comenzamos la boda en el juzgado de Pozuelo, un trámite cortito ante la jueza de rigor.  Allí estábamos la familia acompañando a los novios; Los padres, los hermanos, los sobrinos, los testigos, un mogollón ruidoso recorriendo los pasillos del juzgado.  Todos guapos, pero informales.  Una bonita mañana radiante del caloruso del mes de Julio.
Llegó la novia con su padre. La novia, sofisticada con un conjunto de pantalón y camiseta de gris plateado. Pelo alborotado y cara lavada, tal y como es ella misma.  Sin pompa y postín.  Joeee, y yo de blanco, no he caído en la primera regla de cualquier boda, no ir de blanco… a ver si se van a confundir y me casan a mí otra vez.
Luego llegó el novio con sus padres, vestido de vaqueros y camisa blanca de hilo. Barbita de un día, tan guapetón y contento como siempre.   La verdad es que así da gusto casarse, eliminando todas las tonterías que nos inventamos en las bodas, nos complican la vida y nos salen tan caras.

Por favor, seamos discretos, que aquí están trabajando con casos importantes. Claro, claro, si nosotros no hacemos ruido… ¡Niñoooo¡,¡no griteeees!  ¡Tengo sed! ¡Correr!, ¡correr! ¡Qué aquí hay aire fresquito! ¿Pero cuándo se casaaannn? ¿Habrá por aquí algún tipo famoso?¿Cuándo empiezan? Calla, calla, que nos regaña el de seguridad.  Mira, mira, esos de allí se casan por conveniencia, como en la peli, ella debe ser rusa... Calla, calla, que nos oyen…

Llega la jueza y pasamos. Los novios nerviosos responden a las preguntas, los invitados no les quitamos ojo, se ponen los anillos, el de Jorge se resiste y Elena saca su musculatura para meterlo a presión en el dedo; ¡Esto entra por narices!. Por fin se dan el esperado beso. Aplaudimos todos. Ha sido una boda sencilla, sobria y rápida.  De pronto el padre de la novia,  Juan, como buen testigo que es, testifica que los apellidos de la novia está mal. Es compuesto y se han confundido. Incertidumbre entre los asistentes:
- ¿Entonces hay que repetir la boda? ¿O es que han casado a Jorge con otra?
- Si, si, que la repitan.
- Venga nos vamos. Vamos a dejar que arreglen las cosas mientras nos preparamos el arroz. -Llevo toda la mañana cargando con una bolsa sospechosa que he llenado con un kilo de arroz. Se van a enterar los novios, porque aunque sea una boda sin complicaciones, de tragar arroz no se van a librar...
-Oye, apuntar el arroz hacía la calle. A ver si vamos a acabar emperifollados en el calabozo de los juzgados.
-Seriamos unos presos muy glamurosos.
-Eso, eso, el glamur nunca hay que perderlo.
-Cuidado con tirar el arroz hacia ese coche… A ver si va a ser el de la jueza y nos pone una multa.
-No, multas no, mejor lo del calabozo… Así vivimos una nueva experiencia vital.
-Venga niños, vamos a practicar con el arroz.
-Oye, tú, que se me acaba… ¡Que no lo tires al suelo! ¡Que hay que tirarlo en la cabeza!
-Joooeeee, no salen y ya se he ha hecho un arroz a la cubana en la mano.
-Ehh, prohibido cogerlo del suelo. Pero no te lo comas, que está crudo…
-¡Tiene puntos quien lo cuele por los pantalones!
-¡Qué vienneeeeennn! - Grita la espía que hemos posicionado en la puerta.
-¡Vivan los novios! ¡Vivan los novios! – Y una lluvia de arroz cae sobre ellos.
-¡Que se besen! ¡Que se besen!

Esta es la primera boda que empieza desayunando en el VIPS. Son las once y todos tenemos hambre tras la emoción. Así que nos zampamos encantamos nuestras  tostadas de tomate y jamón.  El padre de la novia, Juan, al que algunos acabamos de conocer se queda con la familia Gutiérrez, y los novios nos dejan ahí jalando, mientras se van al aeropuesto a por el hermano que llega de Oxford.

Mi suegro y yo nos sentamos junto al padre. Nuestra misión es romper el hielo y que Juan se sienta a gusto. Yo sabiendo que le gusta la informática me he preparado una colección de temas, pero estoy inquieta, me ha dicho Elena que sabe mucho y tengo miedo de hacer el ridículo.  ¡Esto parece una boda a ciegas! Pero no hace falta ningún esfuerzo, nos sentimos relajados y en familia, la conversación fluye con naturalidad, y todos pasamos un buen rato.  Ufff, qué alivio, el padre de Elena es un señor muy amable y educado. Da gusto hablar con él.

Terminado el desayuno nos vamos a por nuestra sorpresa para los novios.
-Oye, ¿Tú crees que será un buen regalo?
-Que siiii.
-Les gustará, ¿no?
-Que siiii.
-Les gustará de color negro?
-Que siiii
-¿No será muy grande?
-Que noooo
-Es un buen regalo, ¿No te parece?
-Que siiii
-¿No te parece que es ideal para su terraza y para ellos?
-Que siiii
-¿Estás seguro?
-Que siiii
-Digo yo que nos invitarán ahora más a menudo a la terraza...
 
Conocemos al hermano, parece majete, viene de Oxford, el pobre lleva casi dos años fuera de España. Pobrecín –pienso. Sin luz del sol, todo el día lloviendo, comiendo las guarrerías de los ingleses, lejos de la alegría española… ¡Que felices se les ve a los dos hermanos! ¡El padre también está muy contento!

Llegamos al restaurante en el Zielo de pozuelo. Un salón para nosotros solos que da a una terraza impresionante desde donde se ve todo Madrid. ¡Nos encanta! Es un sitio precioso y estamos todos felices y relajados. Me siento como de la Jet-Set, una invitada elegante y con estilo.   Nos volvemos locos echandonos fotos como los famosos. Los novios posan... ¡Pero tíos! ¿Es que no podeis dejar de poner caretos? Anda, anda...
La comida buenísima, los vinos riquísimos, las risas y la felicidad se mezclan con las bromas y las anécdotas. Pasan las horas y no nos enteramos. Nos sentimos como si todos nos conociéramos de toda la vida. Ha crecido la familia y hay que celebrarlo. El jamón delicioso vuela en las manos del que viene necesitado de buena comida de las Bretañas.
-¡Toma, niño, toma! Qué necesitas comer cosas buenas.
-Y los ingleses que no aprecian esto.
-¡Pues ellos se lo pierden!

Que sitio más maravilloso, que momento más feliz. Los testigos hacen migas, los hermanos están encantados, las cuñadas nos reímos sin parar. El vino, los orujos y los gintonics se nos han subido a la cabeza. No queremos separarnos,  así que nos autoinvitamos a la casa de los recién casados a invadir su terraza chill-out. Lo siento chicos, pero tendréis que estrenar el matrimonio en otro momento… Porque los pesados de los cuñados queremos seguir con la celebración disfrutando de  vuestra terraza.  Ya se sabe, cuando uno se casa, se casa con toda la familia...

-Oye, Podíamos probar un gin con una hojita de esa planta tan chula que tienes allí.
-Tío, somos los mejores testigos del mundo.- Se abrazan emocionados, con lágrimas en los ojos.
-Claro, lo hemos hecho  estupendamente. ¡Somos un bien equipo!
-Eres un crack, tú si qué eres un buen tío.
-No, tú si que eres un buen tipo. Pones unas copas estupendas.
-Eres mi mejor amigo de hoy...

Hemos llegado a la etapa donde el alcohol provoca grandes pasiones, amistades brumosas y algún que otro sentimentalismo a flor de piel que hace aflorar las lagrimas en los ojos.

-Venga, venga, tenéis que iros a casa a descansar. Mañana continúa la boda con los amigos.
-Bueno, vale..

 Segundo día. Estamos tocados del primero. Mucha comida, mucha bebida, pero no hay nada que no solucione un buen ibuprofeno, pienso mientras me subo en mis nuevos zapatos con plataforma.

Nos juntamos mis cuñados, y los primos para ir a esta segunda parte de la boda. Esta vez vienen algunos amigos y otros familiares.  Mi cuñado está encantado, es la primera boda a la que va en vaqueros, en metro, sin llevar el coche y sin niños. ¡Esto promete!

Llegamos al restaurante, es una terraza preciosa en la casa de campo, rodeada de un jardín verde, con cinco mesas de mantel blanco y sillas plateadas. Hace bochorno, noche de verano, pero en seguida nos refrescamos con las bebidas que sirven los camareros. Nos encontramos con más primos y amigos. ¡Qué bien! ¡Tenemos tantas cosas que contarnos!

-Me ha costado mucho vestirme para esta boda. No sabía que ponerme para ir informal.
-Vas muy guapo con tu polo azul.
-Tenía unos zapatos a conjunto pero me pareció demasiado.
-Me pregunto cómo irá la novia hoy.
-¡Ya llegan! ¡Ya llegan!
-¡Que sorpresa! La novia está guapísima … ¡y eso que va vestida de novia!
-¡Y lleva tacones!
-Bueno, dirás cuñas…

Estamos en la mesa de honor, la de los novios, solo que estos dos que son puro nervio, no paran, así que no les vemos el pelo. Están entusiasmados recorriendo las otras mesas, hablando con unos y otros y disfrutando su momento.

Nos dijo la novia que no quería que la liáramos en el restaurante. Así que se va a enterar, no podemos perder la tradición de hacer el hortera un buen rato, ¿Qué sería una boda sin estas cositas?:

-¡Vivan los novios ¡ ¡Viva!
-¡Que se besen!¡Que se besen!
-¡De tornillo!¡De tornillo!
-¡Con lengua! ¡Con lengua!
-¡Servilletas arriba!
-¡Achendere, dechendere… Tuti pa dentro!

Llega el momento emotivo, y Elena lee algo escueto de dos hojas por las dos caras. Se trata de la maratón de la vida que van a llevar juntos. Cuando va por la media maratón, yo ya estoy agotada de tanto esfuerzo y tanta capacidad de superación… Ufff, por Dios... ¡Estos del running son la caña!
En esta maratón del matrimonio el éxito es terminarlo juntos. Dosificar las fuerzas. Llegar al final del camino sobrellevando lo mejor que se pueda las dificultades que te encuentras, que no son pocas. De eso se trata. ¡Mucha suerte chicos! Pienso, porque esta maratón si es que es dura de verdad, dura años y  años, donde hay que tener tolerancia, comprensión y saber encajar muchas cosas.

Luego hablan amigos, y nos hacen ver el lado humano, cariñosos y anecdótico de Helen. Para mí es un consuelo escuchar que tiene también pierde algunas carreras. No es por nada, es solo por sentirme más cerca de ella.  ¡Alcanzar a Helen la máquina!
Le toca participar al novio que le entrega completamente su tierno corazón. Al mío le da un vuelco. Deseo con toda mi alma que sea muy feliz y que los dos formen algo grande y hermoso que les dure para siempre.

Pero vaya, de Jorge nadie cuenta nada. ¡Cómo somos! Tenemos que decir algo…
-¿Los hermanos?  Venga, decir algo.
- No, no tenemos nada preparado. Que verguenza.
- El padre, que hable el padre…
-No,  no. No me han avisado. Si da igual.
- No hombre… A ver voy a intentarlo yo misma, digo achispada y con la lengua trabada por el alcohol… Hay que decir a los que no lo saben lo bueno, guapo y majo que es el ahora señor marido.
- ¿Qué os parece si digo?  Hace 25 años cuando empecé a salir con Raúl había un niño que iba a la Salle morenín, con el pelo lleno de rizos, que  acompañaba al hermano mayor cuando se hacía el encontradizo conmigo…
-Tía, eso no interesa… Eso es tu vida…
-Jooee, a ver podría decir. Había un niño llamado Iván…
-¡Qué no!¡ Iván no! ¡Estás fatal!. No das pie con bola, Iván es tu hijo.
-¡Anda!, si es verdad. Ay, que lio, es el vino. A ver que empiezo… Bueno pues Iván, Carlos, no, Raúl.. Ay, pues ese, el novio creció…
-¡Qué no hombre! Creo que mejor no digas nada. Vas a hacer el ridículo.
-No te preocupes, que en cuanto Jorge se dé un baile, lo compensa todo.
-Pues es verdad. ¡Viva los novios!¡Viva!¡Viva!

Tras la cena, nos vamos con la fiesta al garito del amigo de los novios. Continuamos como locos, riéndonos, bailando, divirtiéndonos hasta el amanecer.  Nosotros, los viejunos, ya no podemos continuar el ritmo de esta pareja de deportistas entrenados, y nos rajamos cuanto planean seguir con la juerga en un after-hour. Yo creo, que dos días de boda han sido más que suficientes para mi cuerpo y solo sueño con tirarme en la cama y caer en estado inconsciente durante muchas horas.
 
¡Os quiero chicos!

 

 

 

 

 

 

47.- La boda en Almería.


Una de la mañana de la última noche en el hotel. Estoy en el balcón viendo las luces en la piscina, escuchando las olas, mirando las ventanas de las otras casitas en miniatura que forman el hotel de estilo pueblecito encalado andaluz. Y yo voy despidiéndome tristemente de la cálida noche en Almería. ¡Qué pena! Qué rápido pasa lo bueno, pienso en esta frase que me ha repetido apenado mi suegro un montón de veces hoy  día en que se volvía para los Madriles.

Ha pasado esta semana en un suspiro, pero cómo la hemos disfrutado.El reencuentro de la gran familia, la boda, y luego compartir el hotel con los abuelos. ¡Que buenas son las vacaciones en un hotel! La emoción profunda y secreta que siento al llegar a la habitación y tener las camas hechas,  todo limpio y ordenado. ¡Qué paz no pensar en desayunos y comidas! ¡Qué relax tirarse en la hamaca en la piscina a dejar pasar la tarde! Que gozada estar juntos pero no revueltos, compartir buenos ratos y al final cada uno para su cuarto con su cosas, manías y rarezas.

Empezamos las vacaciones con la boda, una boda playera y andaluza. ¿Qué más se puede pedir? Pues disfrutarla en compañía de la gente que aprecias y has llegado a querer. Porque esta boda es del lado de mi marido, pero son tantos los años, que ya uno de compartir momentos como este de alegría profunda, y otros que mejor olvidamos, te van calando en el corazón y cuando te reencuentras con sus críos y sus familias crecidas con nuevos adquisiciones, lo que sientes es una sincera alegría, sobre todo si lo vives en fiesta, guasa y juerga. Porque eso que no falte,  estamos en Andalucía y se nota, y estamos a pie de mar y eso también se nota.

Vivimos la boda entre gritos, enfados, carcajadas, confusiones, riñas de niños y sobre todo mucho jarana y jalero, pero sobre todo cariño. Porque éstos que casan a la niña son muchos hermanos y es un follón hasta que todos, con los hijos, las mujeres,  los tantos nietos nos ponemos de acuerdo, aunque solo sea en qué comer o dónde tomarnos juntos el aperitivo.  
Por ahí andan los primos poniéndose al día, contándose como van las cosas con los curros, los amoríos, los dineros y los sueños. Por allá las nueras, tratando de no desentonar en la familia y ganarse un poquito de sitio entre tanto gentío, por ese lado los críos, corriendo, gritando, llorando para hacerse notar porque sus padres andan muy ocupados con lo suyo. Por acá las nuevas adquisiciones entre divertidos y asustados por lo que se les viene encima, porque está es una familia de esas que cuando te casas con uno de ellos,  te casa con todos los demás. Por allá las abuelas que ya saben mucho de cómo van las cosas, y se lo toman con calma, resignación y bastante humor. A estas alturas ya han vivido muchas de estas y pocas cosas les van a sorprender.

Un hermano corta, otro pincha, el mayor hace, el siguiente deshace, el uno opina, el otro no está de acuerdo,  éste se enfada y el último se ríe. Así pasamos el tiempo, intentando organizarnos el montón que somos, casi nunca de acuerdo pero todos felices de estar juntos,  hasta que llega el momento de la boda. Compartiendo, viviendo, sintiendo, poniéndonos al día, recuperando el tiempo perdido...

Por fin es la mañana radiante de la boda, nos hemos emperifollado con nuestras mejores galas, ellos con sus camisas de algodón para combatir los calores de Almería, trajes con la raya bien planchada, corbatas y pajaritas de colores veraniegos, algún que otro tirante anglosajón y un pañuelo marcando mucho estilo,  bien cuadrado en el bolsillo de la chaqueta.

Ellas peinadas a la última moda más variopinta;  tirabuzones, melenas, cortes atrevidos, diademas de colores, tocados de plumas, espigas y algún que otro floripondio. Se ven trajes de seda, tul, organza y alguno que otro del HM que da el pego. Eso sí, todo llevado con mucha presencia y estilo y como no, calzadas con taconazos rompepies, que a mí me matan y he calculado que podré soportar unos veinte minutos.

Esperamos, la novia cumpliendo con las buenas costumbres se hace de rogar,  los niños se impacientan, y las de los tacones nos morimos del dolor de píes.  La brisa del mar nos salva del sofocante calor andaluz del mes de Julio. Se casan en el ayuntamiento de Roquetas que es un precioso castillo al pie del mar, pero con un adoquín asesino de tacones de aguja.

Por fin ya están los novios juntos, ella guapísima con un vestido ceñido de sirena con cierto estilo a charlestón y él muy elegante con bastón y sombrero; un guiño a otro tiempo,  una pareja que encanta a los chiquillos que les siguen risueños, haciendo piruetas  y dando grititos de felicidad hasta donde los van a casar. Emoción en la ceremonia, hablan los hermanos, lloran las madres, enviadian las solteras y  recuerdan las casadas.

Tras el casamiento nos volvemos todos al hotel donde se celebra el banquete, tomamos asiento en la mesa y llegan los platos regados con vino blanco, tinto, espumoso y se nos sube la alegría a la cabeza. ¡Vivan los novios! Gritan unos. ¡Vivan los novios! responden otros. ¡Qué se besen! ¡Qué se besen! Celebramos todos encantados que se amplía nuestra ya gran familia.  Llegan los postren y los licores acompañados por sevillanas, volantes y lunares; ¡Empieza la fiesta! Niños revoltosos  y mayores achispados por los alcoholes bailamos hasta agotar el día y comenzar la noche, juntos y felices sintiéndonos una familia unida y querida apuramos la cálida noche andaluza repleta de lucecillas y mecidos por las olas.

¡Vivan los novios!
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46.-Ahi te quedas Madrid. ¡Me voy a la playita!


Suena despertador, 8:30. ¡Dios mío tengo que hacer miles de cosas! Las voy a repasar porque siempre me dejo algo, a ver a ver..., cierro los ojos en la cama y  repaso mentalmente;hacer  las camas, recoger el salón, limpiar la cocina, barrer, limpiar los baños y echar lejía en el water para que no huela mal, la nevera, tengo que vaciarla y limpiarla, una última lavadora porque los pijamas están sucios de helado de chocolate, fregar el suelo de la cocina que está otra vez hecho un asco…, no me puedo ir dejando la casa empantanada…, sigamos;  llevar  las llaves a mi vecina, encima si viene a regar las planta y lo ve todo hecho un cristo que va a pensar…, ¡hay que irse de vacaciones dejando la casa apañadita!.
Ay, me despisté, a ver por dónde iba, ah sí, las llaves para que venga a regar, el gato lo tengo que llevar a mi hermano, llevar los libros de texto de Iván a casa de mis suegros, pasarme a por la chaqueta que perdí y después de andar una semana preguntando… ¡por fin me la encontraron!, ¿Qué más?  Desayunos, los niños tienen que desayunar hoy también claro,  hacer la comida, bajar las basuras, limpiar la arena del gato, poner el lavaplatos, depilarme, lavarme la cabeza, peinarme, duchar a los niños y por fin hacer las maletas… Uff, siempre me falta algo en la maleta, echo mil cosas pero siempre me dejo la que necesito.  Pero este año intentaré meter justo lo que me hace falta, porque siempre empiezo bien y al final términos metiendo todo el armario por los imprevistos que puedan surgir, ¿Y si llueve? ¿Y si hace frio? Y si nos apetecer salir a correr y si queremos ir de fiesta…  Y si me da tiempo podría acercarme a la pelu, porque aunque yo me peino, pero no queda igual y hay que estar guapa para la boda… ¡Anda! ¡La ropa de la boda que no se me olvide!

Doce del medio día, casi he logrado hacer todo lo que me propuse, pal final he hecho tres maletas en lugar de dos, una más que el año pasado, y es que como este verano es raro, pues que leñe! He echado todo el armario.  ¡Estoy completamente agotada! No tengo ninguna sensación de vacaciones, ni de paz, ni de relax..., ¡Qué estrés! Uff, creo que me voy a zampar lo que queda de sandía para terminar de vaciar la nevera mientras aplico el consejo que les digo siempre a mis hijos de buscar el lado bueno de las cosas, así que mientras doy buena cuenta de la sandía  me concentro en visualizar como voy a estar dentro de unas horas…¡En un hotel! Donde me harán la cama, me barrerán y limpiarán la habitación, no tendré que preocuparme de desayunos, comidas o cenas, sólo de no quemarnos… Jajaja, ¡Que alegría! ¡Ya lo siento! Me siento pletórica de felicidad , laralara laralarita   Eso si va a ser darse la buena vida, en el mar, sintiendo la brisa, meciéndome por las olas, dorándome por el sol…  ummmm… ¡Qué maravilla!

En fin, mejor vuelvo a la tierra porque dentro de cutro horas nos vamos y  ahora me queda hacer los recados fuera de casa, me siento completamente animada, ¡Estoy de vacaciones! . Son las doce y media, me da tiempo a llevar el gato, recoger mi chaqueta, dejar los libros y pillar el carnet nuevo de mi madre…
-¡Niños! ¿Quién se viene conmigo a hacer los recaditos? Iván se queda en casa y Raquel y yo  nos vamos con mi corsita a hacer los recados. Primero vamos a casa de mi hermano a dejar el gato. Mi hermano tiene el coche en el taller, así que se lo he tenido que acercar. EL gato es feliz, se queda con su primo, el gato de mi hermano. ¡Qué bien viven estos bichos! ¡Quién fuera mi gato! En fin, primer recado terminado, lo malo es que he aparcado al sol y hace un calor de mil demonios.

-Vamos Raquel despídete de tu tío que nos vamos. Tenemos un montón de cosas que hacer. ¡Un besito! Nos llamamos y quedamos a la vuelta. ¡Mua ¡Mua!

¡Ostras!¡Este coche no arranca! Es que no hace ni el ruidito ese de intentar arrancar. Joooeee. ¿Será el calor? Se habrá derretido algún contacto. ¡La madre que me …! Jopeleeeee, tendré que llamar a los de mutua. ¿Dónde he metido el teléfono? Ay, madre si me lo he vuelto a dejar cargando en la cocia… Joeeee.

Llamo al telefonillo de mi hermano:
-Hola, soy yo otra vez. No te lo creerás, pero mi coche no arraca, me dejé el móvil y dentro de cuatro horas me tenía que ir de viaje…
Baja mi hermano y con su móvil trato de llamar a mi marido, solo que no su móvil normal lo tiene apagado y el del trabajo no me lo se. Llamo a casa donde está el niño sólo.

-Hola Cariño. No nos funciona el coche y tenemos que esperar la grúa. ¿Tú estás bien?¿Tienes miedo solo en casa?
-No mama, estoy viendo una peli.

-Muy bien hijo. Mira, busca mi móvil que debe estar cargando en la cocina. Te vas a contactos, el icono de la cabeza… ¿Lo encuentras? … Si ese… Y llama a un número que pone papa-trabajo, y le dices que llame al móvil del tío, que no me arranca el coche., que mi movil está en casa ¿Lo encuentras?
-Si mama, ya lo he encontrado.

-Mira cariño, en la olla exprés tienes el pollo que preparé si tienes hambre, ábrela y te lo comes. ¿Vale?¿Sabrás hacerlo? En un rato de llamo a ver cómo estás.  A dios cariño.-
Ufff, que agobio de vacaciones, si lo sé me voy hoy a trabajar, ¡Vaya manera de comenzar! Menos mal que el niño está tranquilo y la niña parece encantada con la aventura. Suena el teléfono:
 -¿Qué ha pasado?
-¡Hola! Pues que me he quedado tirada con el coche. Resulta que no arranca. He llamado a los del seguro y ya vienen. Lo malo es que el niño se ha quedado solo en casa y una vez más me deje el móvil cargando.

-Esto es subrealista a mi primo le ha pasado lo mismo a la altura de Granada—Lo siento por tu primo, pienso, pero ahora mismo me importa un comino. Estoy aquí sudando la gota gorda, con un niño solo en casa, otro al sol y el de la grúa sin llegar.

Después de una hora esperando sudorosos al sol llega el de la grúa. Llega, le echa un vistazo al coche y me dice:
-Señora es la batería, ¿Cuántos años tiene?
-Pues casi cuarenta… -Que le importará a este señor mi edad.
-¿El coche???
-Ah, ¡no!, Creo que ocho… No lo sé seguro.
-¿Y ha cambiado la batería en estos ocho años?
-Pues creo que no- Aunque también podía haber dicho que sí, porque no tengo ni idea…
-Pues muy mal. Estas baterías no aguantan tanto y no avisan. Se para el coche sin más y la puede haber dejado tirada en cualquier sitio. ¡Hay que cambiarlas cada cuatro años!
-¿Qué motor tiene su coche?
-Pues ni idea. Sé que es diésel…
-¿Cuándo hizo la última revisión?
-Pues no lo sé. El año pasado pasó la ITV -Lo llevo mi suegro, imagino que algo le miraría…
-Bueno, le voy  a poner las pinzas y arrancamos, entonces lleva el coche a su taller de confianza. ¿A cuál lo llevaría?
-Ummmm, ¿A la Opel quizás…?
-¡No hombre! Ahí la van a clavar. ¿No tiene cerca algún otro?
-Un Norauto… ¡Un norauto! - Le digo por fin victoriosa. Al menos me he sabido esta contestación. Yo de coches lo único que sé es conducirlos. Que pesado este señor, cuántas preguntas… No tengo ni idea de motores, ni de revisiones, ni de talleres, ni de estas cosas del motor, de esto se encarga o mi marido o mi padre o mi suegro… No sé ni cómo se hinchan las ruedas, ni como se echa el agua, ni cómo se cambia el aceite. Esto es algo que les toca a ellos por genética. Todo lo demás me toca a mí, así que no pienso aprender, me niego rotundamente a saber nada de nada y pienso ser toda mi santa vida una necia en esto de la mecánica. ¡Sólo me faltaba aprender esto también!

Me pone las pinzas en el motor y parece que el trasto este arranca de una vez, así que el señor de la grúa me da el formulario azul para firmar y se pira. Nos montamos en el coche con la intención de llevarlo al Norauto, pero a los 10 metros se me cala en mitad de la calle -¡La madre que me parió!

Llamo al telefonillo de mi hermano:
-¿A qué no sabes qué me ha pasado? ¡Se me ha calado! Llama al seguro a ver si puede volver el de la grúa.
Al cuarto de hora vuelve el de la grúa.
-¿Se le caló tan pronto?
-Pues no, habrá algo más mal… - Le contesto indignada, yo soy una buena conductora. ¡Mi padre dice que conduzco como un taxista!
-Bueno, iré detrás de usted casi todo el camino hasta el taller. Así me aseguro que no se le cala.

Me pillo atasco y voy con un nudo en la garganta, Primera, segundo, embrague, primera, fren, acelero, embrague, embrague… no quiero por nada del mundo que se me cale el dichoso coche y que el de la grúa me vuelva a preguntar nada de nada. Me alegro por fin  se va. 
-Piiii,  ¡A dios majo! ¡Espero no verte nunca más!

En el taller me dicen que estrá sobre las cinco y  media. Son las tres y media, la niña tiene un hambre horrible, yo estoy rendida y nos vamos para casa.

Allí están ya esperándonos.
-Mira que dejarte el móvil. Podía haber ido a por vosotras pero no sabía dónde estabais, cuándo aprenderás, blablablablabla- Desconecto, ya no estoy para sermones, estoy agotada, quiero pasar página,  ya sé que me he dejado el móvil y yo soy la más jodida por ello, pero al final está resuelto así que… ¡paso!  
Voy a concentrarme en mis vacaciones donde me hacen la cama, limpian la habitación y no tengo que pensar en qué hacer de comer ¡Qué alegría! ¡Ahí te quedas Madrid, me voy a la playita!

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