Un sabado guisando


Domingo, todos dormidos y la tele toda para mí. ¡Qué maravilla! Voy a saborearlo con tranquilidad este especial momento, voy a darme ese gustito de ser la que manda esta noche en mi salón, porque me he ganado un poquito de paz…
¡Menudo finde! Este fin de semana quería ser una amita de casa de las de toda la vida, de las que tienen la casa limpia, los niños  y el marido en palmitas y encima cocinan de maravilla y se pueden dar el lujo de invitar a gente a comer la comida que preparan con sus propias manos. Este finde me dió por guisar.

Queriendo imitar a una amiga a la que admiro mucho y también siguiendo mi propósito de recuperar las personas que apreció y volver a tener vida de propia (no solo la de mis hijos),  invité a cenar a unos buenos amigos que hacía mucho que no veía. Quería que vinieran a casa y se sintieran muy a gusto y sobre todo les quería hacer una cena estupenda.  El problema, es que soy una cocinera, como diría...:¡Algo nerviosa! No es que sea mala guisando, porque a veces me salen comidas incluso buenas, pero es que tengo tanta inseguridad cuando cocino y me agobio mucho cuando debo tomar la más tonta de las decisiones en la cocina.
Por ejemplo, una cosa tan sencilla para unos, como saber si el fuego debe ir fuerte o flojo me supone a mí una crisis. Imaginaros que quiero hacer un pescado, pues inicialmente pongo el fuego fuerte para que tome calor la sartén y así se quede el pescadito crujiente,  pero entonces dudo... quizás debería bajarlo para que se haga en su jugo y se quede blandito.  Jooooeeeerrr, no tengo ni idea de que tengo que hacer.  Ummm, como buena mamá moderna se me ocurre que mejor busco la receta en youtube para ver como la hacen.  Vaya fracaso, después de tragarme tropecientas maneras de hacer lo mismo, en ninguna dicen cómo debo poner exactamente el fuego, tampoco veo bien si hace falta mucho aceite o poco. Esto es un follón… Así que finalmente mejor lo hago como me da la real gana. Y claro, como no, he elegido la opción equivocada,  no sé cómo me las apaño pero ni jugoso ni crujiente, sino todo lo contrario, me sale quemado por fuera y crudo por dentro.

Otro tema que me inquieta mucho es aquello de dar el punto a las comidas. ¡Que concepto tan abstracto esto del dichoso punto!. A ver…  ¿Cómo sé cuándo un pescado que estoy friendo en la sartén tiene el punto?¿Se puede saber dónde se mira eso?.  Aquí no hay ojos brillantes que apreciar, o por lo menos a mi nadie me lo ha contado. Siempre me pongo algo nerviosilla con el dichoso punto porque nunca lo encuentro.. . Y no hay nada que me jorobe más que después de estar guisando  con lo que me cuesta, no encuentre el dichoso punto  y  me quede crudo o demasiado quemado y duro como un zapato, algo así como  un poco incomible...

Y los niños, pobrecitos mios,  me dicen:
-Mama, es que no sabe igual a como lo hace la abuela… pero no te pongas triste que nos lo comemos...". 
¡Ja! Ya quisiera yo que me dijeran esto y se lo comieran, en realidad lo que me dicen es:
-¡Mamaaaaaaaa! , esto no sabe como lo hace la abuena... está asqueroso, no pienso comermeloooo, ¡mejor te lo comes tú!
Otra cosa que siempre me ocurre es que se me queman  las cosas. Mi marido me dice que solo haga una cosa cuando me pongo a guisar.  Que me concentre y disfrute del momento de guisotear. Pero es que así no me da tiempo a tenerlo todo terminado.  Mientras estoy cocinando, no puedo estarme quieta y empiezo por limpiar las ollas y los platos sucios que me molestan cantidad acumulados en la pila. Luego continúo y ya que estoy cerca de la terraza pues mientras se calienta el agua preparo lavadoras. Me vengo arriba y con una escapada  corriendo por los pasillos, mientras se cuece las patatas, hago las camas. Y ya que estoy por la casa, limpio baños, recojo el salón y estoy pendiente de los deberes de los niños...   Eso mientras se pochan las cebollas para la crema.
 ¡Vaya! Que mala suerte, ¿Cómo habrá podido ser? Se me han pasado demasiado demasiado estas verdiras, tienen algo de mala pinta, han tomado un color algo negro… ¿Sabrá a quemado el puré si las dejo?

Pero esta vez, me digo, voy a concentrarme en la empanada, y la niña y yo nos ponemos los delantales y vamos a disfrutar juntas de un “momento madre e hija cocinando”. Esta vez no va a haber plato sucio o sartén asquerosa que me entretenga, toda mi completa atención va a ser para el atún, el pisto y los huevos de la empanada.   Me he mentalizado y nada me va a entretener de mi misión; hacer una empanada riquísima para mis invitados.

Pero no podía ser que no se me quemara algo, así que aparece un señor trajeado de la compañía eléctrica en la puerta de mi casa y aunque intento deshacerme de él, me cuenta que me va a hacer una rebaja del 30% en mi factura. ¡Madre mía! Esta oferta no la puedo dejar escapar….
Me vuelvo loca... ¡Si yo pago una pasada de luz y gas! Y claro, me emociono con tal oferta que me lio a hacerle preguntas y paso de las señales de mi pobre niña que intentar avisarme de que algo va mal en el horno.  
De pronto, en medio de mi emoción por el ahorro que he logrado, huelo a empanada quemada. ¡Ay, ay, ay! ¡Mierda!  ¡Qué rabia me da! Después de haber extendido con gran cariño la masa, cocinado el relleno en la sartén, rellenado la empanada, haber hecho florecitas y caracoles para adornarla (idea de la niña)  y haber recubierto todo de huevo batido para que brillara… Después de tanto esfuerzo y tanto amor puesto en la preparación, ¡Va y se me quema la jodida empanada!

Finalmente el resto de la cena me salió casi bien,  el tarter un poco soso, pero muy bien picadito el salmón y el aguacate. Aquí lo tenía fácil porque no había peligro de que se me quemara.  La dificultad estaba con el aliño. Tenía que echar limón, salsa de soja, pimienta  y wasabi. Había leído que no me pasara con los ingredientes porque daban mucho sabor.  Tanto cuidado me di que el marinado se me quedó de lo más insipido insípido.   Ufff, esto de los condimentos es un mundo y claramente no es el mío. 
A ver, no me voy a dar por vencida... Voy a intentar arreglarlo, no debe ser tan dificil, como dice mi padre, echar y probar, venga, más sal, más wasabi, más soja... Pruebo, nada, otra vez: Sal, soja, wasabi, limón. Nada, a ver: pimienta, sal, oregano, ummm...¡Salsa brava!.  Joe, joe, otra vez: comino, mostaza, vinagre... Ay, ay, ay, esto empieza a estar raro,raro... ¡Pues ya está! Pongo todos los potingues en la mesa y que cada cual se eche lo que le de la gana. 

Mi marido, tan atento conmigo, no paraba de decirme:
- ¡Mira que probar hoy recetas nuevas!-  Y yo pensaba "venga majo, dame ánimos que esto es lo que necesito…"

Ocho de la tarde, mis invitados llegan a las nueve, yo estoy echa un adefesio, apestando a aceite frito, con la ropa llena de manchurrones de comida seca  y con los pelos de loca porque no he podido peinarme ni arreglarme. Aqui estoy sudando lo mio para preparar el jodido menú de las narices...  Tampoco  he podido hacer la cena de los niños, que ya se quejan de hambre . Voy a tomarmelo con calma porque ya ando rozando el histerismo, con mil pucheros, sartenes, platos, vasos, y todo tipo de cacharros sucios por toda la cocina. 

Ya está casi todo listo, ya tengo crema de verduras renegridas, empanada achicharrada, tarter rarito y aún me queda terminar la salsa de los dichosos pimientos rellenos.
No me acuerdo si se freían o no antes de ponerles la salsa, así que entre hacer algo sencillo o algo complicado, pues evidentemente elijo lo complicado…  Los frio y por supuesto se me pegan y se me rompen. Desesperada y hasta los mismisimos... los pongo como puedo en una bandeja y los meto en el horno  y decido que es una buena idea dejarlos ahí para que estén calentitos. Pues no, me vuelvo a confundir, no ha sido tan buena idea como pensaba porque se les ha secado la salsa de nata que con tanto esmero había preparado aromatizada con ajitos fritos y todo… ¡Una pena! Porque  me había propuesto hacer muchos  barquitos de pan. 

Finalmente consigo lavarme, peinarme, pintarme la raya en los ojos y ponerme algo decente. El olor a fritanga lo camuflo con kilos de colonia Alvarez gomez.  Y les frio unos huevos con patatas a los niños. ¡Parece que he logrado controlar la situación! Ya, por último, solo me queda calentar la crema que habia preparado, pero como ando como loca no controlo ya el fuego y lo pongo al máximo, por supuesto se me pega en la cacerola al recalentarla.  A estas alturas me importa un pito si sabe a quemado o no.

Mis amigos los pobres no se quejaron de nada  y se lo comen todo sin protestar. Yo me pongo morada de vino para alegrarme el ánimo.  Parece que todos están encantados, y yo con ellos.  Pero ya he decidido que la próxima vez invito a pizzas congeladas para cenar... Porque aunque se me quemen no me costará tanto hacerlas.

La verdad, es que ahora admiro más a mi amiga, esa que intenté imitar invitando a amigos a cenar. Cocina fenomenal, alguna de las recetas que me salen buenas me las ha enseñado ella. La tía se sabe todos los trucos y es expertisima en mil artilujios de cocina.   Los tiene todos.

Todos los años tengo la suerte de que me invita a cenar por su cumpleaños.  No me perdería estas cenas por nada del mundo, porque nos regala con una cena gloriosa.  Le encanta reunir a su mesa varios amigos y familiares de confianza  y muchas veces no nos conocemos entre nosotros, o solo nos encontramos una vez al año.  Es extraño y muy divertido, porque aunque no nos conocemos la cena funciona fenomenal, se crea un ambiente muy especial y  animados por la buenísima cena que tenemos servida en la mesa, el vino, las cervecitas y las copas terminamos todos como si fuéramos coleguitas de toda la vida.   Es una velada estimulante, relajada y de lo más curiosa.

Mi amiga, que es puro nervio, es mi ejemplo preferido de que nunca es tarde para luchar por lo que se quiere. También es un ejemplo claro de las vueltas que da la vida. 
Resulta que tras toda una vida empleada en los curros más varipintos se contrata en una consulta de psiquiatría y descubre que se le da bien esto de los locos, sabe como llevarlos; Vale para ayudarles. De pronto descubre que lo suyo es la psicología. Con gran esfuerzo, quitándose horas de sueño, robando minutos de donde puede y con una gran ilusión se pone a estudiar esta carrera por la UNED. Lleva dos años trabajando durísimo  y sorprendiendonos a todos por su fuerza de voluntad y téson para cumplir su sueño.

Lo sorprendente es que a pesar de la dificultad que le supone, de lo difícil que es para ella tener una familia, un trabajo, llevar una casa  y encima estudiar, saca buenas notas.
Aunque en realidad a mi ni me sorprende, porque es  otro ejemplo de que una persona que no le gustaba estudiar en el colegio materias generales como gramática, lengua, geografía o latín,  y que fue etiquetada "como no capaz de estudiar" puede descubrir que le apasiona algo concreto como  la psicología y comerse los libros. Y  es que no hay motor más fuerte que la pasión para lograr una meta.

Por esto, estoy completamente en contra de catalogar o encasillar a las personas, ni hacer juicios de lo que son capaces  o no de hacer en nigún momento de su vida, ni de poner barreras o cerrar caminos, porque todas las veces me sorprende lo que es capaz de hacer la gente cuando algo les emociona. Y siempre me alucina como cambian las cosas  y como la vida le da la vuelta a la tortilla.

Alguna buena noticia


7:00.- Los bancos dejan caer  la empresa  Reyal Urbis con una deuda cercana a los 4.400 millones…
- Aggg, ¡Que horror! Todos los días me despierto igual. ¿Es que en este puñetero país sólo hay malas noticias? ¡Ya es que no aguanto más porquería! ¿Es que no hay nada bueno?

Me levanto súper asqueada  y con la moral por los suelos voy arrastrándome por el pasillo a por mí café tempranero para poder abrir los ojos.  ¡Vaya asco de vida! Seguro que al señor este no le tocan ni un pelo, aunque deba  4mil millones, nada que se dice pronto.  Y un pobrecín que se queda sin curro y no puede pagar su hipoteca, pues a la calle…
Vamos, que esto de ser pobre y decente es una mierda. Ay, es que no puedo más, ya no puedo con más basura, más malas noticias, estoy empachada y desesperada, porque encima parece que aquí no pasa nada…

Voy a ver si encuentro por internet una buena noticia. Voy a ver si hay algo que me anime y me dé motivos para seguir trabajando.  Frente a mi taza de café, abro mi portátil, me meto en google y escribo “buenas noticias de salud”, aquí a veces hay cosas buenas.  ¡Vaya! Esto sí que es una buena noticia: “Científicos estadounidenses consiguen que el VIH combata el cáncer. Una revolucionaria técnica empleada en tres pacientes ha logrado espectaculares resultados en la batalla contra la enfermedad”.
¡Madre mía! Esto sí que es una buena noticia, que el SIDA, la enfermedad más temida del siglo pasado al final haya llegado a este loco mundo para curar el cáncer, la enfermedad más temida de este siglo.  De nuevo, con esta noticia recupero la fe en la especie humana, porque si hay ladrones, mentirosos y personas sin valores  en todos los sitios hacia donde miro, también hay personas maravillosas como estos investigadores y médicos que trabajan, luchar y se comprometen para ayudar a otras personas, como las niñas que tenían leucemia y gracias al VIH modificado se han curado.

Entonces, empiezo a pensar en las cosas buenas y generosas que he ido oyendo estos días de crisis, personas que cedían casa a otras que no las tenían, movilización de vecinos para evitar desahucios, el “sí se puede” por la dación en pago, el crecimiento de voluntarios, las familias que se apoyan para salir adelante.  Parece que esta mañana a pesar de todo recupero la esperanza mientras termino mi taza de café, y oigo los pasos de mi niña en pijama por el pasillo:
-Hola mami, buenos días… ¿Qué haces ahí?
-Hola cariño mío, estoy pensando en una razón por la que despertarme hoy
-Pues mama… ¿Es qué no lo sabes? Tienes que despertarte para hacerme el desayuno. ¿Cuánto falta para ir al cole?
-Tranquila cariño, tú eres el motivo por el que tengo ganas de vivir todos los días.

34- Hoy es el día de los enamorados

Hoy es el día de los enamorados. Yo siempre creí en eso del amor y por ello tengo un marido, del que tras 20 años juntos, aún estoy muy enamorada. Y gracias a ello tengo una familia maravillosa de la que también estoy enamorada, con gato y todo, a pesar de que mi buen esposo lo odia...
Pero ahora, en esta edad de madurez, donde se ven las cosas desde otra perspectiva, menos soñadora, más real, pienso que me equivoqué; tenía que haber creído en el amor, pero también en el dinero.  Así me habría enamorado de un señor que me mantuviese además de amase. Así, ahora, no estaría pensando como leñes llegar a fin de mes.
El caso es que yo de joven era muy idealista y despreciaba el dinero. Pensaba que yo sola iba a conseguir la luna, todo por mi propio merito. Yo misma lo lograría todo. ¿Para qué preocuparme si  los demás tenian posición o bienes? Yo me reía de todo eso.  ¡Qué alta estima tenía entonces de mi misma! Qué pena haberme demostrado una y otra vez a lo largo de mi vida que no soy capaz de prosperar como esperaba. Que pena haberme dado cuenta de que yo sola solo he logrado apañármelas por los pelos y con muchísimo esfuerzo. Porque... ¡Cuánto me cuestan las cosas! A mí es que nunca me sale nada a la primera, y solo dándome de tortas una y otra vez saco algo de lo que me propongo. Así terminan mis días derrotada, de tanto darme contra uno y mil muros para avanzar para adelante. Siempre me pregunto, ¿cómo lo harán los que viven del cuento?
Qué tranquilidad debe ser eso de que la mantengan a una, pero bien, quiero decir con pasta, porque para mantenerte sin un duro, teniendo que limpiar, cocinar, y sin llegar a fin de mes, pues prefiero irme a la oficina y currar. Yo hablo de mujer florero, pero de orquídeas. Algo así como que una tiene niñera, cocinera y limpiadora. Entonces, solo hay que levantarse, ir al gimnasio, tomarse un café con las amigas, ir al salón de belleza,  luego de compras, y quizás como soy buena persona, pues colaboraría con una ONG de esas que hay, pero eso si horario súper reducido y flexible. Pero eso sí, mantenida pero con amor…
Pero yo ya no tengo remedio, como no me toque la lotería, eso de amor más dinero, lo tengo dificil porque encontré a mi media naranja, el compañero de mi camino y la verdad es que no lo cambiaría por ningún jarrón de orquídeas.  ¿Qué le vamos a hacer? Seguiremos juntos tirando del carro. Y es que a mí nunca me han gustado demasiado los de pasta, ni los chulos, ni los guapos, ni los simpáticos. A mí siempre me han llamado la atención los tíos inteligentes, los que saben mucho, los que me explican las cosas, los que me dejan admirada. Y claro, ¿Cómo no me iba a enamorar de mi marido? Bueno, fue por eso y por otras cosillas más, como que es el unico que me aguanta con mis despistes...

En fin, que aquí ando, contando los euros para llegar a fin de mes y poder pagar mi pisito en Alcorcón, justo, justo enfrente del Eurovegas. Que disgusto el otro día cuando sonó mi despertador y me enteré de que era definitivo:
7:00.- “La localidad madrileña de Alcorcón ha sido la elegida por las vegas sands para construir el complejo de ocio conocido como Eurovegas”. ¡Mierda!, vaya manera de empezar el día…  
Ya sé que las cosas no son blancas ni negras, sino llenas de colores, esto siempre lo he sabido. ¡Pero mira que se me hace cuesta arriba tener el eurovegas frente a mi puerta!
Imagino, que como todo el mundo dice, generará empleo, será beneficioso para Alcorcón, donde estamos endeudados hasta el cuello y pagamos un IBI que ni en La Moraleja, y que habrá resort, teatros, salones de convecciones además de por supuesto los casinos…  Vendrán señores de toda Europa con los bolsillos llenos de euros para gastarse en Alcorcón, vendrán en sus cochazos e irán dejando propinas a tutiplén… Pero por otro lado me asusta que mis hijos se críen pensando que es normal vivir enfrente de un casino, y que cuando hagan pellas se vayan a jugar a la ruleta, o que terminen con negocios raros  o deudas en el Eurovegas.
Quizás haya sido que he visto demasiados capítulos de la serie esa de “Las Vegas”, pero me agobia que haya tanto vicio de fácil acceso a la vuelta de la esquina. ¿Y si tengo un mal día, de esos míos raros y en lugar de ponerme morada de chocolate me da por meter toda mi paga a las tragaperras? ¡Hay madre! ¡No lo quiero ni pensar!

Miremos el lado bueno, quizás suba mi piso y lo pueda vender y me pueda ir lejos, muy lejos..., quizás como dice Raúl a una granja en los Pirineos a  hacer queso de cabra casero…
¿Veis? Si fuera mujer florero, viviría en un chalé en La Moraleja y no me quitaría el sueno que me fueran a construir cinco súper casinos enfrente de mi casa.
Así que para los y las que aun estáis a tiempo: ¡Enamoraros de un señor o señora con mucha pasta!

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33-Soy un moco andante

Si, ya sé que Enero y Febrero son los meses más fríos del año y es natural que así sea y es lo que toca… Y también se que son malos meses para irse a dar un paseo por el monte en Ávila, a los pies de Gredos. Que lo que hay que hacer es quedarse en el sillón de tu casa calentito, viendo una buena peli y mirando a través del cristal como otros pasan frio en la calle  ¡Pero era tan bonito el sitio! ¡Y tenía tantas ganas de escaparme de Madrid!
Que preciosas se veían las montañas de Gredos bañadas por la luz, que maravilla mirar al cielo todo azul  intenso y despejado . ¡Pero qué frio negro que hacía! ¡La leche!.  Forrados con gorros, guantes y bufandas nos dimos un paseo tan contentos. ¡Estos chicos de cuidad como somos! Yo  estaba emocionada con el camino que habíamos tomado; estrecho y sinuoso, lleno de barro y cacas de a saber que bicho,  y rodeado de arboles pelados y espinas de moreras silvestres. ¡Toda una aventura! Los del pueblo que nos hacían de guías nos miraban como diciéndose “mira que tontos estos madrileños que les damos una vuelta por un caminucho y están tan emocionados”.  Pero es que era un camino precioso y además tenía una sorpresa: ¡Encinas! Así  que nos pusimos morados a comer bellotas. ¡Para que luego no digan que  soy de pata negra!
Pero lo mejor de nuestra visita a Ávila fue el matadero. Suena muy siniestro, pero es que había tantas cosas riquísimas y todo lo que nos daban a probar estaba  tan bueno y tan bien de precio. Nos sentíamos como niños que están haciendo una gran hazaña: Adquiriendo carne de verdad, sin guarrerías de conservantes, estimuladores de sabor,  o a saber lo que le añaden a la carne del súper de Madrid. Aquí todo natural. Eso de ver el bicho entrar por un lado y salir   los filetes por el otro, sin historias y procesados intermedios  es increíble.
¿Y la leche? Me refiero a la de verdad.  Estará riquísima para lo que saben pero  a mí, que ya no tengo remedio, porque me he corrompido con las leches ligth y semi-light, sin lactosa y los más variopintos fluidos sospechosos  que llaman derivados lácteos, me parece demasiada fuerte y grasosa y soy incapaz de beberme ni un cuarto de vaso . Y como  me alcance algo de nada me muero…  Pero a mis niños les encantó. Sobre todo con una receta llamada “galleta inflada”, que consiste en llenar un plato de leche de vaca de verdad y meter cuatro galletas maría de las de siempre, de las gorditas, para que se llenen de leche y vayan hinchándose. Luego le echas bien de azúcar y a zampárselo.

Pero lo divertido de la leche es ir a por ella, al corral donde ordeñan a la vaca que tiene unas ubres gigantescas y donde te llenan la botella de cristal. Además en este corral hay un cerdo gigante, al que están engordando a conciencia para la siguiente matanza. A mí, que parece que no he tenido suficiente con el matadero, se me hacia la boca agua pensando en los riquísimos chorizos  que darán   lugar este pedazo cochino. Pero mejor me guardo para mí estos pensamientos, no vaya a ser  que los niños se me pusieran tristes al saber el destino del pedazo guarro que ahí vivía.
Así que tras un fin de semana muy campestre  y entrañable en una casita  de pueblo en Ávila, donde hemos disfrutado de la naturaleza y hemos pasado un frio de mil demonios, ahora soy un moco andante. 
¡Qué rollo esto de ser moco! Aparte del agobio de ir por la vida sin respirar y en mi caso también sin oir, con la cabeza embotada imagino que por tener el cerebro oprimido por una sustancia  asquerosa y repugnante verde, aparte del dolor de nariz cuando te has limpiado mil veces y del moquillo brillante perenne en la punta de la nariz. Aparte de los mocos que se deslizan a los pulmones y de la tos carrasposa que te queda, aparte de todas esas molestias corporales,  queda fatal ir una reunión de tipos muy serios con la nariz colorada y sorbiendo el moco todo el rato. Que cuando te despides estos señores dudan si darte la mano por si les dejas pegados un recuerdito… Si yo lo comprendo, esta semana estoy de lo más lamentable y por supuesto que todo el mundo pensará porque no se va esta mujer a su casa…
Pues no me quedo en casa por muchas razones:
Una, en mi casa tengo dicho que si no hay fiebre al cole. Esta es una norma infalible, que aplico con los pobre niños para evitar tenerlos todo el día haciéndose los malitos en las casas de las abuelas, porque estos con tal de irse a casa de las abuelas y saltarse la clase, son capaces de todo. Así que ahora que yo soy la enferma, pues me toca hacer eso de dar ejemplo que nos dicen que tenemos que hacer los padres… si, eso de enseñar con el ejemplo o algo así. De este modo aunque estoy hecha polvo y me siento fatal , cómo no hay fiebre---¡ al curro!
Otro tema, es con la que está cayendo mejor continuo currando. Y es que están tan negras las cosas y hay tanta incertidumbre que mejor no faltar, no vaya a ser que el día que repartan los cromos yo no esté y me lleve una sorpresa a la vuelta. A ver si van a descubrir que soy prescindible y mi trabajo se lo pueden repartir entre los que quedan…
Por otro lado, ¿Qué hago yo todo el día sola en mi casa?  Pues limpiar. Ya me veo mala, moqueando y venga a lavar y limpiar, organizar y recoger. Seguro que me pego la paliza padre enferma y  todo. Y este trabajo sí que nadie lo paga. Peor aún, nadie se da cuenta de que lo has hecho. Seguro que termino con fiebre de la locura que me da por sentir que tengo tiempo  para hacer las mil cosas pendientes en casa.

Así que me chuto un frenadol  y mil porquerías asquerosas que anuncian por la tele y que no me hacen ná de ná, bueno si me dan dolor de estómago y me voy con mi catarrazo al curro.
¿Seré ilusa? Me he ido a la farmacia y me he gastado una pasta en estos productos porque me he creído el anuncio ese del que se toma un vaso con el efervescente y al momento está tan contento. ¡Será posible! ¡Pero si a mí no me hace nada!  No sé cómo me lo he creído, si soy yo la que ando todo el día sermoneando a los niños diciéndoles que lo que sale en la tele no tiene que ser verdad, que solo quieren que nos gastemos el dinero. ¡Y voy yo y pico!  Como dice mi compi, de los costipados si vas al médico te duran una semana y si no vas pues siete días…
Con mi chute de guarrería, que no me hace nada, me voy dispuesta a dar ejemplo al curro. Esta vez no me vale el truco de los auriculares para animarme porque no oigo la música, o sea que me invento otro modo de impulsar mis pies paso a paso hasta la oficina. Tengo que llegar a 100 estornudos al menos hasta allí: Aaaaachis-uno, aaachis-dos…. Me siento un gran moco andante por el metro de Madrid.
Hace años que no me pillaba una buena,  y es que los últimos años mi empresa nos vacunaba de la gripe y de verdad que me fue realmente bien. Este año con la crisis no nos han vacunado y se han salido con la suya, porque se han ahorrado el gasto de las vacunas y encima estando mala trabajo. Vamos, mejor imposible.

En fin que como ya estoy en casa y he cumplido trabajando, son las diez de la noche y ya han cenado los niños, están durmiendo, he preparado los uniformes,  mi comida de mañana y os he escrito esta historia, pues que ya puedo sentirme muy enferma y meterme en la cama: Ay, ay ay…

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