27.-Recuento del 2012


Fin de año, momento para el recuento de los momentos memorables del año que se acaba, momento para recordar los grandes acontecimientos de este 2012.

Trato de enumerarlos y no me sale ningún grandísimo momento a tener en cuenta, este año 2012 ha sido un año sencillo y chiquitín, que ha pasado de puntillas por mi vida, sin grandes festejos y pompa, ha sido un año simplemente tranquilo y lleno de días de rutina y normalidad. Y gracias a ello ahora en este momento de recuento puedo fijarme en las cosas sutiles y valiosas, las cosas chiquititas que me llenan el corazón de alegría y me empujan a vivir.

Este año ha sido un año en el que he podido disfrutar y ser muy feliz con los míos, mis niños, mi marido, mis padres, mi hermano, cuñaos, suegros, primos y amigos. Este año he tenido la gran suerte se sentirles cerca y de compartir con ellos las cosas pequeñas y bonitas de la vida.

Este año 2012 he visto crecer a mis chiquitines, he visto a mi niña convertirse en una señorita, la he visto madurar  a una velocidad que me mareaba, cada día me ha regalado momentos llenos de salero e inventiva,  me ha sorprendido con sus giros y expresiones llenas de desparpajo y destreza.  Y todos los días de este año no he dejado de alucinarme con su risa abierta y sincera. La he visto cada día más coqueta y presumida, todos los días he sufrido horas de elección de los modelitos a ponerse. Mi niiña que se me hace una mujercita con casi sus ocho añitos.

También este año he visto a mí brutote entrar un poco más en la edad esa del pavo. Mi niño fantasioso y algo mentirosillo, cabezón y achuchable, tierno, cariñoso y rudo, se va haciendo un hombrecillo y guerrea por tener identidad propia e imponerse como un mayor que desea ser. Quiere llamar, la atención hacerse un hueco y no sabe cómo.  Mi niño chiquitín que me quiere crecer y yo me resisto…

Un año en el que he compartido momentos maravillosos con mi marido, donde he amado con y a él, Y donde hemos recuperado un poco de la pareja original que con la vorágime que son los niños nos habíamos dejado aparcada en el camino. Este año he recordado muchas más veces porque le quiero y porque me casé con él. Este año hemos vuelto a compartir las pequeñas cosas que nos encantan y que nos hacen sentirnos unidos y felices de estar juntos en esta aventura que es nuestra familia. Este año me he sentido protegida, consolada, comprendida y amada. ¿Qué más se puede pedir?

Un año en el que  he podido sentir el cariño inmenso de mis padres y hermano. He podido comprobar una vez más el sentido de humor tan estupendo de mi padre, el regalo que me hace cada vez que estamos juntos y hablamos sin parar, en conversaciones rápidas y fluidas, donde nos comprendemos y yo aprendo y comparto su modo de ver las cosas, donde todo lo demás desaparece mientras hablamos de nuestras cosas durante horas y si vamos conduciendo podemos acabar en valencia, lo menos. Menudo par de despistados...

Un año en el que una vez más mi madre con su generosidad inmensa me ha cuidado con mimo y me ha ayudado en el día a día, con las tareas rutinarias, preocupándose por mi bienestar y haciéndome más fácil la vida de carreras que llevo, encargándose de las cosas que no se ven, pero que son cruciales y completamente necesarias.

Un año donde he descubierto que es muy cómodo y a mano tener una estupenda relación digital a través del whatsapp con mi hermano,  mi hermano que siempre será un chiquitín con rizos aunque ronde los treinta y muchos y sea un tiarrón.  Este año hemos descubierto que nos une más una nueva relacción gatuna...

Este año en el que he recuperado amigos de siempre, amigos que dejé aparcados en algún lugar de mi alocada carrera, y con los que he podido reencontrarme. Este año he recuperado la alegría de volver a relacionarme, de salir,  de pasarlo bien teiendo vida social, y hablando de cosas distintas de niños y colegios.
Y los amigos que me acompañan, los que siempre andan allí aguantándome y ayudándome cuando me hace falta, mis compañeros del camino. Gracias por estar siempre a mi lado. Gracias por compartir conmigo vuestra vida y querer formar parte de la mia. Esto es muy importante para mí.

También este año he tenido tiempo para el trabajo, para sufrirlo y disfrutarlo, para sentirme una buena profesional y también darme cuenta que parece que nunca es suficiente, pero que es importante decir "hasta aquí". Que esta vida de gran competencia es muy exigente y las cosas nunca son fáciles, por lo menos a mi nunca me sale nada a la primera,  y que el trabajo no se hace por placer sino para ganarse el pan de cada día, pero que ya que se hace, pues se hace lo mejor que se puede, pero hay que tener claras las prioridades.

Pero lo bueno de esta año es que tuve trabajo y gracias a él pude pagar la hipoteca cada mes y esto hoy en día es ser muy afortunado. El trabajo lo compartí con mis compañeros, y sin ellos no hubiera sido igual de bueno a pesar de las crisis y los momentos críticos. Ellos estaban allí animándome y sacándome las castañas del fuego en muchasocasiones.

También en este año 2012 logré encontrar tiempo para mí misma, para recuperarme, para encontrarme, para volver a sentirme entera, porque hasta ahora me había tenido muy avandonada, había olvidado mis gustos y había perdido los momentos de paz en soledad que tanto me gustaban. Este año encontré tiempo para leer, me apunté a zumba, volví a pintar y sobre todo descubrí el placer de escribir y compartir con vosotros.

Tras este recuento del 2012 y a pesar de la crisis ha sido un buen año, y sólo le pido al 2013 que sea como el año que se va. Un año sin sorpresas, ni grandes acontecimientos, un año sencillo y pequeñito que me permita de nuevo disfrutar de los míos otros 365 días y apreciar estas pequeñas cosas que me gustan tanto y me empujan a luchar para seguir adelante
¡Feliz 2013 para todos!

26.-Día de la loteria


Día de la Lotería Nacional, primer día que la vivo con mi niña. Le he explicado en que consiste el temita de hacerse millonario:
-Mira Raquel, mama y papa compran unos numeritos y ahora tenemos que ver si esos niños de la tele los cantan. Si dicen los nuestros seremos ricos.
-¿Y nos compraremos una casa con jardín para tener un perro?
-¡Claro!, e iremos a Eurodisney...
-¿Y qué son esas dos pelotas doradas que giran?
-En esas bolas doradas están todos los números de todos los españolitos pringaos que tenemos esperanza de hacernos ricos así de golpe y poder tapar todos los huecos..., si tampoco pedimos tanto....- Y la pobre me mira con cara de qué está hablando mi madre.
Así que le explico la verdad del tema de la loteria:
-Hija, nadie regala nada en esta vida y a mí en concreto nunca me toca nada, así que seguramente me he gastado un pastizal y ni siquiera lo recupere. La suerte es sólo una ilusión para calmar a los bobalicones como nosotros y hacernos soñar que alguno puede tener lo de los ricos, pero en realidad las cosas se consiguen trabajando y mucho. Todo se consigue esforzándote  e intentándolo una y otra vez, porque lo realmente bueno de la vida nadie te lo regala y no es fácil de conseguir.- La pobre niña me mira de nuevo con cara de no me estoy enterando de nada mama...
En realidad si fuera por mí no me gastaría ni un euro de lotería, la compro por la tontería del “a ver si va a tocar a mi compañero, al de la otra planta, a los de mi departamento, al de la panadería, al del cole, al de equipo de Iván, al de… y a mí no”, y entonces sí que me da algo, por culpa de esa chorrada  supersticiosa este año me he gastado casi 100 euros. Que ahora que repaso todos esos papelotes, pienso en el bonito abrigo que me podría haber comprado con ese dinerito y lo mucho que lo rentabilizaría, no con estos decimos que seguro que ni me tocan.
Pero bueno, no sé por qué lo hago, si por seguir la tradición o por torturar a mi hija, pero quería transmitirle esto de la lotería para que lo sintiera como cuando yo era chica, y el día de la lotería me quedaba en casa de mi abuela. Ella tenía toda la mañana el programa de la lotería en la tele, y yo escuchaba la cantinela de los niños y  miraba como sacaban una bola, como otra, luego otra… así durante horas y horas, mitad con aburrimiento, mitad con inquietud, a ver si habían dicho nuestro número, éramos ricos y ahí estábamos sin enterarnos y perdiéndonos las celebraciones en la calle con champán. Y mientras yo estaba pegada a la tele toda la mañana, mi abuela limpiaba, recogía la casa y preparaba unas rosquillas buenísimas. Nosotros los niños la ayudábamos; hacia una especie de crater de harina, y ahi le echaba los ingredientes, los huevos, la leche el azucar. Y luego mi hermano, primas y yo metiamos las manos y nos liábamos a hacer que amasábamos esa masa. Lo pásabamos fenomenal y nos poníamos morados de rosquillas y números de loteria.

Tanto entonces como ahora lo que más me gusta de la lotería es ver a la gente celebrando que son menos miserables, esos que te muestran todos los telediarios y tu envidias de todo corazón. ¡Ay!, si yo fuera ellos…  Y entonces empiezo a soñar en como repartiría los millones con los mios, ¡Este juego me encanta! A mi familia les daría tantos millones, a la de mi pariente cuántos, a mis primos esto, a mis tíos que están muy mal aquello, a los amigos les pagaría las deudas... Y entoncés es cuando mi marido y yo empezamos a pelearnos porque no nos ponemos de acuerdo con el reparto a las familias. Tiene guasa que nos peleemos por una lotería que no nos va a tocar nunca...
-¡Mama, mama! Sube la voz que no oigo a los niños, lo dicen muy rápido y seguro que nos ha tocado y no me entero. ¡Mama, mama!  Ha dicho algo de cuarentamil algo, ¿Tenemos ese número? ¡Mamá!, ¿es este?
-No te preocupes que cuando termine lo metemos en el ordenador a ver si nos toca la pedrea.
-¡Mama, mama! Que esa señora no para de hablar y me pierdo los números.
-¡Mama, mama! Que no me da tiempo a escucharlos todos.
Pobrecina, le enseño la aplicación de internet donde puede consultar los números, como esta niña está digitalizada de nacimiento, lo pilla al momento, y se pasa las horas siguientes del sorteo comprobando si nuestros números han salido una y mil veces.
Empiezo a pensar preocupada que me he confundido y estoy creando una ludópata…
De pronto empieza a gritar como una loca:
-¡Mama, mama! ¡Nos ha tocado, nos ha tocado!- Está súper emocionada, le brillan los ojos y repira ahogadamente, es la primera lotería que le toca, aunque haya sido sólo el reintegro. No quiero quitarle la ilusión contándole que han sido 5 tristes euros porque compartía el décimo. Lo malo es que se ha pasado estos días diciéndole a todo el mundo que le ha tocado la lotería, y yo aclarando que no somos ricos cuando me miran pensando que me tengo my calladito  para no compartir mi fortuna, que sólo ha sido el reintegro…
En realidad este año ni hemos cubierto gastos, ni ná de ná. ¡Qué pena de abrigo!
Una vez terminado el sorteo ya se lo que me puedo gastar en regalos, como dice una amiga mía, circonita en lugar de brillantes… Tendremos que seguir con el presupuesto básico y continuar con el plan previsto.
Tras la lotería conseguí escaparme de los niños y me encontré en mitad del centro comercial con la visa en mis manos y la tarea de comprar regalos a diestro y siniestro. Intenté aclárame la cabeza y hacer un repaso mental de lo que había decidido comprar y tenía un verdadero propósito de ser fiel a mi lista, no improvisar e ir llevando la cuenta de lo que me gastaba.

Al principio todo iba bien, bajo control, los juguetes de los niños … pero según gastaba, algo en mí se animaba, algo oculto y oscuro que habita en mi corazón; el capitalismo. Creo que me he quedado corta con los juguetes, estos también les gustan, así pueden entretenerse en navidad…  ¡Anda!, qué echarpe tan mono… ¡Para mi madre!. Ummmm, esto es ideal para mi hermano…, Uy, qué ganga, esto se lo puedo encasquetar a mi cuñado, me llevo no uno sino tres, para todos mis cuñados… ¡Madre mía! Esto es lo que necesitaba….,¡Pues me autoregalo!, Ayyyy, que estupendo el libro del hobbit edición mejorada…,¡Para mi maridín!!
Y aquella tarjeta empezó a echar humo, y yo elegía, pagaba, elegía, pagaba, elegía, pagaba…De pronto tuve la sensación de que descontrolaba, como cuando estoy bajando por una pista negra con mis esquís, sin técnica, sólo basándome en la fuerza bruta de mis piernas y me doy cuenta que empiezo a descontrolar y a descontrolar, no puedo parar y soy completamente consciente de que me voy a meter una buena ostía… Pues así me sentía con mi visa en los grandes almacenes siendo completamente consciente de la ostia que me daría el banco a primeros del mes que viene.
En fin, que pasado el trago de las primeras compritas y con todo preparado para Papa Noel, llega la esperada cena de Noche Buena. Este año toca con la familia política, y como otras veces mi suegra hace muchísima comida, de modo que en Navidad repetimos para comernos las sobras…
Como todos los años nos ponemos hasta las trancas, cigalas, langostinos, jamón pata negra, queso, y todo tipo de buenísimos platos que nos vamos zampando, todo esto regado por vino blanco, rosado,  tinto, cava y por supuesto los copazos. Este año mi cuñado ha traído un vino tinto riquísimo, un pedazo  botellón de esos gigantes, de reserva del 2004. ¡Estaba de miedo!  y nos lo hemos pimplado en un santiamén, con este vino me ha entrado una tontería y una alegría. Siempre me dicen lo simpática que me pongo cuando estoy piripi.
Es una pena, porque de normal debo ser más algo sosa e insulsa, nunca se que decir, o que contestar,  y sólo borrachilla parece que me hago más interesante y sobre todo más ocurrente. Vamos, que con algo de alcohol me muero de ganas de contar mi vida a cualquiera, y me enrollo como una persiana. Estas Navidades estoy siendo de lo más interesante porque todos los días ando medio piripi, y es que salgo bastante barata con un par de claras de limón ya tengo la mente nublada y la lengua avispada.
En fin, que nos volvimos a casa bastante perjudicados y el problema es que venía Papa Noel y los niños a las 2:00 de la mañana decidieron que papa Noel tenía que encontrarse la casa en condiciones, y me obligaron a recoger y barrer el salón, mientras ellos colocaban bien el belén y el árbol que andaban ambos bastante dañados porque el gato ha descubierto que son muy entretenidas sus bolitas. Luego tuvimos que poner galletas y leche a los renos, que es una faena, porque me las tengo que comer con el cuerpo tan revuelto que llevo.
Cuando por fin logramos acostar a los niños, el padre se ha tenido que meter en la cama con los dos, porque ahora tienen miedo a papa Noel. A la niña no le mola nada que entré un señor y no sé cuántos renos en su casa, a ver si se van a confundir de habitación y terminan metidos en su cama. 
Ya toda la familia dormida, aún queda la tarea de ir al trastero a por los regalos y envolverlos. ¡Ay, qué perezaaaa!   Ah, y muy importante..., que no se me olvide...,  tengo que  llenar los calcetines de caramelos. He ido repartiendo  por todos los escondrijos de la casa caramelos y chocolatinas.A saber ahora donde leches los metí… A las tantas de las mañana me dedico a abrir y cerrar armarios y cajones, revisar los altillos de los muebles y todos los sitios donde guardo secretos… Joooeeeee, a quien se le ocurre inventar lo de los dichosos calcetines. Son demasiado grandes, y cuesta un riñón llenarlos de chuches. 

Luego bajo al trastero, intento no hacer ruido al salir pero como estoy algo borrachilla doy un portazo sin querer, pues vayaaaa…. ¿Alguien se queja? Parece que no, deben andar muy dormidos... Uff , menos mal...  Bueno, parece que he encontrado todo lo que buscaba en el trastero. He hecho un cambio de planes de última hora  sin consultar con el pariente, que anda roncando a pata suelta con los niños, he decidido que voy a poner casi todos los juguetes por Papá Noel, así podrán jugar más tiempo.  
Ahora sólo me queda el rollo de envolver todo esto: Tropecientos juguetes, libros y cuentos, uffff.  La verdad que a mi normalmente se me da fatal envolver regalos, pero encima hacerlo un poco perjudicada…
A ver vamos a acerlo bien; preparo muchísimos celos cortaditos en la mesa, todos del mismo tamaño y listos para ser usados.  Y me pongo manos a la obra  meto un tajo por aquí, otro por allá,  vaya me quedé corta de papel, le hago un apaño, pegando un trozo encima. Esto otro queda un poco arrugado no importa, lo apretó un poco le pongo muchos pegotes de celo y listo!. Vaya, este es redondo.  Pues hago como un cono, y arriba le doy vueltas miles de metros de celo, intento cortarlo con los dientes y el jodido se me pega a los labios, Ay, que grima!! …Bueno, este paquete ha quedado, como diría yo… ¡Creativo!  Joooeeee, y este es asimétrico. Estos son los peores, corto, doblo, pego, me falta por un lado, ya no tengo del mismo color, pego un recorte de otro color, corto, apretó, pego, más celo…Vaya…, han quedado un poco…, ummm, ¿cómo diría?  Quizás la palabra que busco es adefesios. Me importa un pito, me quiero ir a la cama, espero que los niños no aprecien ese detalle con la emoción y les parezcan los paquetes fabulosos y despampanantes. Todo es posible con la ayuda de la imaginación. Por fin cerca de las cuatro de la mañana logró acostarme.
Son las ocho y los niños nos despierta, estas súper nerviosos y tienen miedo, dicen que ayer oyeron muchos ruidos raros, portazos en los armarios y cajones  que se abrían y cerraban y una puerta que se cerraba de golpe. Vaya…, que poco discreta fui anoche…
-No os preocupéis niños, debió ser Papa Noél que buscaba algo…
Medio grogí, voy con ellos al salón, no me quiero perder por nada del mundo su cara cuando abren los regalos. Están encantados, este año Papa Noel ha traído más regalos que nunca…
-¡Mira Raquel! tenemos un montón de regalos. Si estos son los de papá Noel que siemrpe nos trae muy pocos,  ¿Cuántos traerán los reyes?
-¡Pues menos!, les digo algo agobiada mirando al padre de las criaturas.
Los niños son muy felices, el salón parece una juguetería, y la casa está llena de cajas, y papelotes.  Después de liberar los juguetes de sus miles de ataduras, y montar otros tantos ¡que mira que nos lo ponen difícil a los padres! Me voy a mi cama, que me duele todo de dormir en la cama canija de Raquel y tengo que estar lista para la Navidad.

25.-Venga, que entre la Navidad


Este año me he estado resistiendo a dejar entrar la navidad en casa lo máximo que he podido, porque todos los años me pillo un empacho horrible y en noche buena ya estoy hasta el moño.
Así que aunque en Noviembre ya había turrones, chocolate y mil cosas navideñas en Mercadona y los niños querían de todo, yo pasaba con el carro a toda pastilla intentando ni siquiera mirar. ¿Por qué mira que me gustan todas estas cosas? Ahora que por fin he bajado los kilos que me sobraban y que había acumulado en semana santa y verano. Ahora llega la dichosa Navidad para estropearlo todo:  Con sus turrones, sus polvorones, mantecados, mazapanes, los chocolates en forma de papa Noel, los bombones de coco, el Roscón de Reyes… Ay, se me hace la boca agua de sólo pensarlo, pero qué mala suerte que tengo… A mí me gusta absolutamente todo, ¡Hasta el turrón de almendras amargo!
Pero este año me he puesto dura y salvo alguna excepción, porque caí en la tentación y compré panetone que me encanta para desayunar, me he mantenido en mis treces y no he comprado  casi nada…
Pero mis niños han debido ir con el cuento a la abuela, porque el otro día mi madre me metió en el bolso un montón de dulces navideños, lo que me tiro por los suelos mi plan de este año...  Así que por la noche me dio una cosilla en la tripa, como un antojo, y me zampe al menos tres polvorones y dos mazapanes.  ¡Que tristeza de dieta!
Esto de la bolsa navideña me hizo pensar que ya iba siendo hora y que no me quedaba más remedio de dejar pasar la Navidad.  Y ya puestos,  pues lo hacemos bien. Así que el sábado busqué en el spotify grandes éxitos clásicos de Christmas y con ayuda de los niños montamos árbol con mil bolas, espumillón y lucecitas. Pusimos el belén, y decoramos toda la casa con muérdago  de plástico y lacitos rojos. Hasta hicimos un bazo jitano navideño que estaba de rechupete. 
La verdad es que esto aderezado con Last Christmas  de Whan,  Happy christmas cantada por John Lennon y White Chritmas de Elvis, pues  realmente  te entra un espíritu navideño que te hace querer ser mejor persona, ayudar a los demás y arreglar el mundo.  Fue ciertamente bastastante especial y de nuevo me sentí  afortunada y querida, y como con una certeza de que las cosas irian bien y que el mundo era bueno...

Le di muchas vueltas a lo de arreglar el mundo,  a hacer cosas por los demás, porque mi voluntad era buena y estuve pensando y pensando...  qué podría yo aportar, en qué podía mejorar las cosas, qué sabía hacer… y di “game over” sin llegar a ninguna conclusión que me convenciera. Tendré que seguir pensando en ello…
A mí me gustaría que hiciéramos lo de la navidad como los americanos, bueno como los de las pelis, que son los que conozco, que el 24 dejan pasar la navidad, montan una buena, revientan los fusibles de las casa con las luces,  y ponen una decoración de lo más hortera y exagerada,  pero el 1 recogen todo y echan a  la jodida Navidad: En total una semana de Navidad.
Nosotros en España, o por lo menos la gente que conozco  montamos la Navidad en el puente de Diciembre y hasta después de Reyes no la quitamos:  ¡Un mes entero de Navidad!. Acabo hasta la mismísima de encontrarme  bolitas navideñas en todos los rincones de la casa.  Pasado el momento Christmas alucinador que sentí en el montaje de la Navidad, la decoración me resulta insufrible.
Pero bueno, una vez que dejamos entrar la Navidad, pues alé, a muerte con ella. Me apunto a todas las cenas y comilonas, con copazos y fiestorro hasta las tantas. La verdad es que esto es lo que más me gusta, la pena es que no tengo dinero suficiente para ir a todas las que quisiera, porque yo todos los días quedaría con amigos, familia, compañeros, papas del cole y todo aquel que se anime a celebrar algo…
Me encanta esto de compartir la fiesta y la alegría. Salir con los compis del trabajo y relajarnos todos, vernos de otro modo, de fiesta.  Todos deseandonos buenos deseos y olvidándonos del extrés los agobios y los encontronazos.  Todos en paz y armonía, borrachos y unidos como una piña.

Quedar con amigos a los que no vemos hace mucho, comentar lo que crecen los niños y como nos hacemos viejos, recordár cuando éramos jóvenes, presumir de los logros y prometernos como todos los años vernos antes.
También me gusta muchísimo estar con la familia, el follón de todos hablando a la vez, la alegría contagiosa, las risas, las historias, la guasa, el follón en la mesa, el lio de platos, cubiertos y manteles, el trajín de platos, el recordar otros tiempos, echar de menos a los que faltan  y sentirnos sobre todo familia.

Este año vamos a quedar las amigas del cole. Llevamos mucho tiempo sin vernos, sin saber unas de otras, y este año queremos quedar como antaño, e irnos de botellón dice una, a la plaza mayor dice otra. Y como somos mamas modernas hemos usado las más novedosas tecnologías para quedar: El whatsapp.
14:01:19 Tamtam:  "Grupo Quedada Cuarentañeras"
14:01:21 Tamtam:  "Hola, a mi me viene bien los diás 26,27,28. Porque vienen unos familiares de mi querido espeso..."
14:01:25 Tamtam: "Yo sólo pedo el 30"
14:01:33 Tamtam: "A mi me viene mejor entre el 2 y el 5"
14:01:50 Tamtam: " Pues yo me voy del 28 al 1. Ásí que si quedáis vosotros pues pael año que viene"
14:02:21 Tamtam:  "Yo tengo los niños la semana de Enero"
14:02:54 Tamtam: "A mi me vienen los suegros. Tengo que guisar el 30."
14:03:12 Tamtam: "Pues pide pizza y que se apañen."
14:03:21 Tamtam: "Pues yo trabajo..."
14:03:40 Tamtam; "Esto está my chungo, no?
....
...
os mtrMil Tamtam después...

23:09:12 Tamtam: "Sois unas plasta... me voy a ver tu cara me suena
23:10:50 Tamtam: "Pues a mi me gusta la Rockera"
23:11:50 Tamtam: "No, no, Va a ganar el heavy"
23:13:20 Tamtam: "Este programa es un culebron, aqui llora hasta el presentador"
23:23:45 Tamtam: "Joooeee, que me doy un panzón a llorar, son las hormonas, jajaja" 
Otros mil Tamtam despés ....
01:00:23 Tamtam: "¿Pero hemos quedado?, sois unas petardas"
01:00:35 Tamtam: "¿Dónde quedamos? Yo propongo botellón para recordar viejos tiempos."
01:00:45 Tamtam: "Y si nos vamos a la plaza mayor como cuando estábamos en el insti...
01:00:59 Tamtam:  "Pues yo prefiero un café y nos ponemos al día"
01:01:05 Tamtam:  "Pues si que estás hecha una marchosa, jajaja..."
01:01:19 Tamtam:  "Oye, que yo a veces hasta veo amanecer"

Otros mil Tamtam después...
03:05:12 Tamtam:  No puedo dormir...¿Hay alguién por ahi?
07:24:21 Tamtam:  ¿Pero hemos quedado? No me he enterado de nada...  A ver, ¿A qué hora podéis?...

Que tiempos los del insti, que se quedaba de palabra sin tanto rollo tecnológico... Navidades de mis 15 años, nos fuimos todas a la plaza mayor, salíamos desde Aluche a Opera, íbamos en un autobus que nos daba miles de vueltas por caravanchel, una de las primeras veces que me atrevía a ir al centro, a disfrutar de un Madrid Navideño, lleno de luces y de ambiente. Me embriagaba esa sensación medio de alagría medio de aventura. En aquella época aun no se habia puesto de moda ir masivamente a la plaza mayor. Aún podías andar por ella a tus anchas, comprar tonterías navideñas y disfrutar de los malabaristas y artistas que hacian sus actuaciones. No se cómo fue, pero finalmente terminamos bailando en un corro gigante ocupando toda la plaza. Ese Madrid si que era maravilloso.
Lo malo de estos eventos es la constante mezcla de cerveza, vino, cubata, y comida, más y más comida…Me digo voy a controlar,  pero luego no lo puedo hacer y me pongo ciega, y claro, la resaca y los ardores de estómago pasan cuenta.  Así un día, otro, el siguiente…
Cuando llega noche buena, y vamos a cenar, aparece mi padre con la pandereta y los villancicos a todo volumen (ande, ande, ande...) , mi pobre madre con el cordero que lleva guisando todo el día, y  yo con la cabeza y el cuerpo resacoso y enfermo de tantos excesos solo sueño con un rato de tranquilidad y unas acelgas…
En Navidad también está el tema de los regalos, es idilicamente precioso comprarle cosas bonitas a la gente que quieres. Un pensamiento precioso... Pero cuando ya te duele un montón el bolsillo por los gastos de cenas, comilonas, copas, juguetes de los niños...,  y encima te falta tiempo para recorrerte Madrid cazando el regalo perfecto, lo de buscar un regalo bonito, bueno y barato se me hace un auténtico suplicio. 
Así que finalmente acabo regalándoles a mis padres y suegros unas entradas a la obra de teatro de moda que compró por internet, un jersey a mi hermano de cortefield,  y a Raúl la cuarta edición especial de lujo del señor de los anillos, puesto que las tres ediciones auna, dos y tres cayeron en las otras navidades. Lo bueno es que esté año le podré regalar “El Hobbit edición de lujo”  y al menos cambio un poco…
Me dijo mi marido que a partir de los cuarenta todo lo que te regalan empieza por “c”: Camisa, cartera, corbata, chaqueta, chaleco…  Ea, por eso yo le regalo el seños de los anillos porque empieza por “e”, y porque cuando estoy aturrullada y agobiada buscandole regaloa  última hora rodeada de miles de personas en el mismo aprieto que yo, de pronto veo "El señor de los anillos" y recuerdo que  le encanta. Lo que no recuerdo es que ya se lo he regalado otras tres veces...
Y lo de guardar el secreto de los reyes Magos,  eso si que tiene su dificultad. La verdad es que es precioso ver las caras de ilusión de tus hijos el día de Reyes, son tan felices. Te trasnmiten la magia en la que ellos creen. Raquel todos los años me cuenta que ha oido las campanitas de los renos de Papá Noel.  Ivñan les prepara con mucho esmero, unas galletas, unas copas de licor, y para los camellos leche y zanahorias.
Y allí estamos el papá y yo, comiendonos y bebiendonos todos los manjares de los Reyes, yo rallando zanahoria para que sea más creible, como los restos que han dejado los distintos bichos tras comersela y luego uno haciendo guardía y otro empequetando regalos como loco, porque si los regalos van sin embolver para los niños pierden la gracia..., a ellos les gusta arrancar los papeles de tajo.
Recuerdo claramente cuando era pequeña y el día de Reyes entre en el salón de la casa de mis padres. Vi un precioso traje azul brillante de hada. Es que me llego al alma… Me pareció la cosa más maravillosa del mundo y aun soy capaz de recordar completamente ese sentimiento. Bueno, mi recuerdo está influido por la fantasíade un niño, porque recuerdo como el vestido resplandecía con  una aurea mágica...
El problema es cuando los niños te empiezan a hacer preguntas. Intentas contestarla y te metes en un laberinto de mentiras que es difícil de mantener y que te resulten coherentes. En la última encerrona me preguntaban:_
-Mama, ¿Por qué hay tantos Papas Noel  y reyes Magos y todos son distintos? Los del cole no son los mismos de la iglesia. – Pregunta Raquelita.
-Creo que el del cole era el papa de una de tu clase –dice Iván-
-Bueno…ummm…, en realidad estos no son de verdad. Les mandan los de verdad como ayudantes. Por eso hay muchos y son distintos porque son los que tienen que hablar con todos los niños del mundo. Necesitan muchos.
-Yo, pues conmigo no han hablado.
-Ah..., ¿no? No te ha dicho nada el del cole?? 
-¿Por qué los mayores se comprar regalos? No se los dan los Reyes Magos?
-Ejem… Resulta que cuando eres mayor y pierdes la fe, ya no te traen regalos los Reyes, como no crees en ellos… y como los mayores nos damos pena pues nos regalamos entre nosotros.
-Pues yo no pienso perder la fe, de verdad mama- dice Iván
-Pero… ¿De verdad que no sois vosotros? –Me pregunta Raquel – ¡En el cole dicen que son los padres!
-Bueno… Imagínate todo el dinero que tendría que gastarme en comprar vuestros juguetes si fuera yo.
-¡Ah, sí!.  Eso es imposible. Papa y tú no tenéis tanto dinero –Dice Iván convencido.
-Pero mamá, si los reyes magos entran en casa porque hacen magia…,¿No pueden entrar también los magos malos? –Me pregunta muy preocupada Raquel.
-Uff, -madre mía, a ver que le cuento para que no me tenga ,miedo por las noches- Pues no, porque como a los vampiros hay que invitarles a entrar en tu casa. Y nosotros sólo invitamos a los buenos: Reyes Magos, Papa Noel, ratoncito Pérez…
-¿Y el hada de los dientes? – Dice Raquel
-Ahhh… sí, a esa también.
Madre mía que de personajes entran por mi casa últimamente…
En fin que hoy ha sido el festival de los niños del cole y un año más me ha encantado.  Es tan bonito ver a todos los niños esforzándose para hacer feliz a sus papis. Y las profes cada vez se inventan actuaciones y bailes más preciosos. A mí siempre se me cae la baba con mis hijos y alguna vez hasta una lagrima de la emoción. Si, estos festivales me emocionan mucho y me dejan un ánimo estupendo que me permite pasar el día feliz y contenta.
Aunque lo realmente bueno del festival son las cervecitas que se toman los padres después, las felicitaciones y los buenos deseos. Qué pena que este año me lo perdí…
Este año lo que me asusta es el año nuevo 2013, esto de que termine en 13 da mala espina y algo de miedecillo. Así que en noche vieja pediré con mucha intensidad un deseo: ¡Qué en el 2013 me quede como estoy!
¡Felices Fiestas a todos!

24.-Ayer me dormi viendo la tele


Ayer me dormí viendo la tele y lo último que escuche ya en un estado catatonico por el sueño  fue que Intermón  advierte que si se mantienen las medidas de austeridad y los recortes sociales la pobreza en España podría afectar a casi el 40% de la población en un década y necesitaría 25 años para recuperar el bienestar social.

Al principio no repare en lo esto significaba..., más palabras negativas, más malas noticias, más de lo mismo...  Me dormí pero tuve pesadillas toda la noche. No las recuerdo, pero me desperté con una desazón enorme…  

Esta mañana mientras me tomaba el café  se me ha hecho la luz y me he dado cuenta del motivo mi agobio: Ayer me dijeron estos señores de Intermon que mis hijos vivirán peor que yo. Que triste me hace sentirme esto. 

Dentro de 10 años cuando terminen su carrera, si es que se las puedo pagar,  aun tendrán problemas por culpa de que su madre y de que toda la generación de su madre se creyera rica.  No una generación perdida sino 25 años de generaciones perdidas.  ¿No os parece muy duro cargarse esto a los hombros?

Además hablaban de un 40% de población pobre…  Pero eso es casí la mitad de los que somos y aquí estamos.  ¿Puedo ser yo misma una de ese 40% de pobres? Hasta ahora me sentía tan segura, con nuestras carreras, nuestros trabajos, arraigados tan felices a la clase media. Había hecho todo lo que se me dijo; Estudié, trabajé, paguo  mis impuestos y curro, curro, curro muchísimo... 

Pero incrédula veo como se ha caído el techo de la casa de naipes y veo que se caen las paredes también, me quedo con cara de tonta porque estoy perpleja mirando cómo se resquebraja el suelo a mis pies, mientras por el rabillo del ojo no se me escapa como se hunden mis vecinos, como despiden  y caen mis compañeros, como mis amigas pierden sus trabajos. Veo como la crisis se traga la clase media y se abre un abismo entre los pobres y los poderosos.

Sabía que esto del consumismo compulsivo era un monstruo, que no era sano esto de sentir tanto gustirrin comprando como una loca, pero nunca imagine que era un monstruo de humo, y que ahora que el viento de la crisis se lo ha llevado no queda nada. Todo era falso, era mentira, y lo que me pesa en el corazón es que mi afán de tenerlo todo, de vivir por encima de mis posibilidades provoqué que mis niños tengan que vivir en un mundo más difícil: Un mundo al que no estoy preparada y donde no se cómo guiarlos.


Mis padres me enseñaron en un mundo que mejoraba, del que estaban orgullosos, por el habían luchado y construido.  Un país que mejoraba y donde se daba oportunidades a sus hijos. Ellos lo tenian claro; trabajar, estudiar, cumplir con el déber. Ese era el camino. Te inculcaban las reglas del juego y si las seguías todo iba bien.  Aprendias de niña los derechos, los déberes, la constitución... y esas cosas que ellos crearon, que venían en los primeros libros de texto de la democracia.  Era un mundo donde podían soñar con que sus hijos llegarían a algo gracias a sus capacidades, talento y buen hacer.
Yo ahora no lo tengo nada claro, la verdad...

De pronto, sin saber cómo, me encuentro con que ese mundo de mis padres se ha destruido. Nos dijeron que sólo era una desaceleración, anda que ilusos, y nos lo creimos muchos.  La verdad es que la sociedad de consumismo que creamos, donde todas las cuidades tenian AVE y areopuerto, donde todas las alcaldías tenían grandes edificios municipales y miles de coches oficiales, esta sociedad de comprar, comprar todo a crédito se ha podrido. Y ahora están cortando las ramas pochas a hachazos0.  Y nos dicen que es para sanearlo. Pero yo me preocupo, no sea que con la tala acaben matando al árbol. Para esto hay que ser buen jardinero...

Todo lo que yo conocía está desapareciendo co cada hachazo ante mis narices y a estas alturas ya no sé que decir ni aconsejar a mis hijos, porque no se qué va a quedar después. Sólo me queda mirar con la boca abierta estos tiempos que me tocan vivir.

Lo peor de la crisis es el miedo y la desesperanza contagiosa que tenemos la gente de a pie. De los otros, los que van en yet privados no tengo ni idea de como se sentirán... Quizás  también tengan miedo... porque se vuelven tiempos donde la desesperación clama a cambios. Me temo que estaremos para verlos.


Como soy una currita nata, no me resigno..., pienso que tiene que existir una solución, me digo que algo podremos hacer, esto lo tenemos que arreglar entre todos,  no se... del único modo que se me ocurre, quizás trabajando mucho... Si le echamos horas y horas, hacemos las cosas muy bien, nos echamos los trastos a la espalda y tiramos del carro quizás así, quizás si todos lo hacemos así…

Pero descubro  todos los días, no falla ni uno, que mientras unos hemos decidido arremangarnos y ponernos manos a la obra, otros, más listos, aprovechan el momento, y escondidos tras palabras necias y sucias mentiras, se guardan lo de otros en lingotes de oro en  su casa o en cuentas de suiza.

Y estoy muy asqueada, ¿Por qué les dejan? ¿Por qué no les quitan todo su dinero, sus posesiones?  Pero luego lo comprendes, los que mandan hacen lo mismo. Están todos en el bote. En este país nos come la corrupción. Y me pongo morada de rabia: ¡Los quiero a todos en la cárcel! Todos, chorizos cabrones, que juegan con la vida de las pobres gentes! ¿Cómo pueden dormir?, ¡No!, ¿Cómo pueden respirar?

Y de nuevo miro a mis pies confusa y  veo que el suelo continua rajándose, y pierdo las esperanzas, porque me falta una señal significativa, me falta creerme que estamos todos juntos, no sólo los pobrecitos curritos.  Con pena sólo me queda esperar muy atenta a verlas venir por si al final debo salir de pies.

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23.- Sin café


Como todas las mañanas he ido dando tumbos por el pasillo y arrastrando los pies a por mi café salvador y ¡No me funcionaba la dichosa cafetera! Pongo el café molido, el agua, le doy a los botones, hace ruido, pero este cacharro no me da mi café redentor. A ver, modo purgado, nada. Modo limpieza, nada de nada.  Otra vez, café molido, agua, botones, presión. Joooeeee, esto no funciona  A partir de este momento el día ya no se ha enderezado.

 Yo sin café no soy persona, así que preparado los desayunos de los niños como una zomby.
-Mama, este colacao está helado -. Me dice la pobre Raquel
-Mama, falta la pajita -. Me dice el otro
-Suuuuu, ¡Joder! No abras el agua que me estoy duchado!-. Grita el padre desde el baño.
-Mama, me has puesto un calcetín de cada…
-Mama, que este calzoncillo es de papá
-Mama, que hoy no tengo chándal.
-Mama, que no me has metido el desayuno.
-Mama, que este es el de Iván.
-Mama, vaya birria de coletas que me has hecho

Mama, mama, mama, mama, mama, mama… Hoy lo hago todo al revés.
Hago las camas arrastrándome. Soy una obsesiva de las camas. No tengo remedio. Pase lo que pase las tengo que dejar hechas antes de irme por las mañanas, aunque me suponga llegar tarde al curro. Y es que lo que más odio del mundo es llegar por la tarde cansada y encontrarme las camas sin hacer. Me entra por el pecho una mala sensación,  ver las camas empantanadas me hace sentirme mala madre y mal ama de casa, me hace pensar que no puedo con mi vida  y empiezo a darme pena de mi misma y esas cosas que a veces me rondan la cabeza cuando no logró poner las prioridades en su sitio. Así que prefiero ahorrarme estas comeduras de tarro y remediarlo por la mañana y dejarlas perfectamente hechas, con las sábanas remetidas y los cojines colocaditos, aunque esté sin café.

Adoro el café, sobre todo recien hecho, bastante azucarado y con una capita de espuma por encima. Justo como lo hace la cafetera que me regalaron SSMM los Reyes Magos el año pasado.  Me encanta tomar la taza con ambas manos y sentir el calorcito, y el aroma, el olorcito siempre me lleva a las meriendas los sábados en casa de mi abuela.

A aquellos primeros cafés en el cuartito de estar de Juan Urbieta. Con mis tíos y tías, mis primas, mi madre y mi abuela Dora orquestando la reunión y echandonos las cartas para ver que nos depararía el futuro: Si un novio rico o un negocio interesante. Así pasaban las horas entre historias de unos y tonterias de otros.

Mi abuela nos contaba cosas de sus clientas, ella era masajista, y de sus amigas, de sus salidas de paseo por Madrid, de las cafeterias de la Gran Vía, del Bingo y de los bailes robados en los hoteles.  Mis tíos presumian de sus aventuras con los amigos, sus viajes, sus liges y sus aventuras. Mi madre y mi tía contaban la última dieta que habian hecho, a quien habian conocido, y los ultimos cotilleos de vecinos, familiares y amigos.  Hora tras hora compartian las cosas de la vida.
-¿Sabéis que el primo Pepin se enamoró locamente de una chica de Cuenca?
-Ella era una chica my sencilla. Que nunca habia salido del campo. El primo tan erudito, con tantos estudios y perdió la cabeza por una chica tan humilde. Una chica buenísima, según dicen.
-Jajaja, él que siempre andaba paboneándose de su nivel cultural y económico. De su clase noble.
-Pues les pilló la portera porque les dió una necesidad muy fuerte... Por lo visto no sabian donde ir y se escondierón donde el cuarto del carbón.
-Jajaja. Cuando se los encontró la portera él estaba completamente negro. La pobre, la portera, se dió un sustó de muerte, porque le confundió con el negro que pide en la puerta del mercado...
-Jajajaja...
-En esta vida no se puede hacer planes ni decir de este agua no beberé....

Y todo bañado por los chistes que siempre contaba mi abuela. Ella tenía un humor especial y a todos nos encantaba compartirlo durante las largas horas de las tardes de sábado de Otoño.  Yo tomaba nota de todo y en los primeros años de adolescencia,  en los primeros cafés en aquella habitación, deseaba hacerme mayor para echarle un pulso a la vida tal y como hacian todos ellos.

Vuelvo a la realidad, a mi pulso actual al día a día y sin café. Conduzco con los reflejos atontados, menos mal que se me el camino de memoria.  Y freno, giro, cambio de marcha y de carril de modo automático. Son miles de veces las que he hecho este camino. Porque yo soy de caminos sabidos, y me gusta repetir las maniobras. todos los días freno, giro, cambio de marcha y de carril en los mismos lugares. Y menos mal porque sin café no estoy para leer carteles ni improvisar rutas...
Creo que los de la guardia civil deberían hacer además de la prueba del alcohol la de la falta de café. Porque el atontamiento que llevo encima es de nota. Aparco por el sistema de aproximación por ruido: Un golpecito al de adelante, cambio de marcha, giro volante, un golpecito al de atrás. Otra vez cambio de marcha, giro volante y un golpecito al de adelante… Así golpecito a golpecito y tras tropecientas maniobras logro meter mi corsita en un sitio inverosímil y en línea. Y me digo a mi misma “¡Ole, ole, Susana! ”.

Me voy arrastrando por el metro como puedo, me dan calambres las piernas y tengo tembleque de brazos. Me obligo a hacer un esfuerzo mental  para mover las piernas una detrás de otra y recorrerme intercambiador de noviciado. Me concentro: Un pie, otro pie, un pie otro pie… Un escalera, otra escalera, otra más... arriba, arriba. Yo lo que quiero es volver a mi casa hacerme un ovillo y meterme en mi cama que está perfectamente hecha con las sábanas remetiditas.  Pero aquí estoy andando pasito a pasito a ganarme el pan de cada día, el mio y el de mis hijos.  Valoro la posibilidad de llamar al curro y decirles que tengo un mono horrible y que me tengo que desintoxicar en mi cama durante una semana.  La verdad, es que si  esto que siento es el mono del café que tiene mi cuerpo. ¡Es increíble!  Me imagino lo que debe ser dejar de fumar. Ya entiendo porque la gente lo pasa tan mal cuando intentan dejar de fumar… ¡Si yo estoy así por un simple café!.

Echo tanto de menos los tiempos buenos de las pellas. Aquellos años de la universidad: Que  no estaba de humor, pues me saltaba la hora de clase. Que habia una peli chula hasta las tantas. Sin problemas, me saltaba las primeras horas y punto.  Lo malo es que en los trabajos no se puede forzar las cosas. Si en tonterías como está me salto días de trabajo cuando de verdad lo necesite porque un niño esté malito o tenga que ir al cole para algo ya voy a tener un poco al jefe desgastado y eso no conviene a una mama curranta como yo. Hay que llamar la atención lo menos posible, que es bantante dificil.

Por fin llego a Quevedo y muevo mis piernas acalambradas hasta una magnifica cafetería donde tienen unos cruasanes riquísimos. Ummm, esto es el paraíso en la tierra, huele que alimenta a café recién hecho, rico-rico, y a bollería. Esto es justo lo que yo necesitaba.  Es para volverse loco: tres cruasanes por euro y medio. También hay ensaimadas, napolitanas, magdalenas caseras … todos recién horneados y esperando que yo me las coma.   Hoy creo que necesito un súper café para llevar espumoso y cremoso y tres cruasanes de sabores distintos: Chocolate, mantequilla y azucarado. Esto va por una servidora trabajadora, me digo a mi misma.  Lo meten todo en una bolsa de papel monísima y yo me voy tan feliz y contenta a mi mesa de trabajo. Y me sabe a gloria.


Lo malo es que parece que las casi dos horas si café han afectado a mis neuronas o quizás a mi suerte o no se a qué. Hoy nada me sale como quiero.  Atiendo audios donde no me entero de lo que se habla. Les digo mentiras (no a propósito sino porque me confundo) a mis clientes, compañeros y jefes. Todas las pruebas que hago me fallan. Así pasó las horas, agobiada, con la cabeza loca y atontada.  En un intento de arreglar las cosas a la desesperada  caen dos, tres, cuatro y cinco cafés más, creo que me he pasado,  esto no mejora.  

Continúo  con una sensación de que hoy no me cunde y no soy capaz de pensar cuerdamente. Se me embota la cabeza y se me hace un mundo mover los brazos sobre el teclado. Me pesan tanto… nunca me había fijado en lo que pesan unos brazos con unas manos colgando… Que curioso...

Me van surgiendo asuntos unos tras otros, se mezclan todos y no me da tiempo a terminar ninguno. Me estoy poniendo algo atacada. Intento ordenarme apuntándolos y numerandolos en la libreta…pero se me olvidan antes de completar la lista.  Las llamadas interrumpen correos que escribo y no me acuerdo de mandar. Y hago promesas a los que me llaman, promesas que olvido en cuanto cuelgo el teléfono.  Así ,  tan torpe y estúpidamente va pasando la mañana. Y me aumenta el dolor de cabeza, los temblores  y comienza un malestar en la boca del estómago… ¿Será que al final tomé demasiado café?

Por fin me voy para el cole, al final hubiera sido más acertado haberme quedado hecha un ovillo en la cama.  Seguro que mañana tengo que deshacer y arreglar todo lo que rompí hoy con mi tonteria.  De nuevo con las piernas atenazadas me arrastro por el metro y además dolor de cabeza intentando llegar a tiempo al cole.  Me concentro y muevo los pies, unos, dos, uno, dos y  bajo las interminables escaleras del intercambiador de Noviciado. Una escalera, dos escaleras, tres.  ¿Esto es del café? Quizás me he pasado un poco al final con el dichoso café. Vuelvo a darle vueltas al asunto.

Llego al colé, con tembleque y palpitaciones… Me concentro. Esto no tiene importancia, es el jodido café. Me concentro, pedo seguir. Disimulo, estoy fenomenal. Esto no es nada.

-¡Hola niños! – Les digo forzando una alegría que no siento para nada  y dando saltitos de una a otra de mis piernas acalambradas.
-¿Nos vamos para casita?-. Estoy loca por meterme en la cama y hacerme un ovillo.


Llegamos a casa y me compadezco de mi misma una vez más, yo sólo quiero meterme en la cama, pero los niños tienen hambre y Raquel tiene que hacer no ée qué adorno de navidad para el cole. Hago de nuevo acopio de todas mis fuerzas de voluntad y con manos rigidas preparo la merienda y hacemos el adorno. 

He de reconocer  que los niños me arrastran a la vida. Sin ellos estaría siempre tirada en un sillón consumida por la apatía y comiendo pipas Tijuana-  Ellos no me dan cuartelillo para lamentaciones, me obligan a vivir porque sus necesidades me llegan al nucleo de mi ser y soy incapaz de no cubrirlas.  Soy incapaz de pasar de ellos y tirarme a la bartola en mi cama perfectamente hecha, que es lo que más me apetece en el mundo.  Me obligo a cumplir como madre, aunque estoy como unos zorros y con muy mal humor. Les doy de merendar y les doy también una retaila de gritos  e improperios:   Sois unos vagos. Sois unos desagradecidos.  A mi es a quien tendríais que traer el agua. Yo que estoy fatal aquí como una esclava. ¿Qué quieres otra merienda? Pues yo quiero un esclavo que me guise, me barra y me abanique…

Finalmente enchufados a sus maquinitas, logro colarme entre mis soñadas sábanas. Lo malo es que no disfruto nada de la paz que yo esperaba, estoy hecha un flan de nervios, la sangre en las piernas me bulle como loca, los brazos me tiemblan, la cabeza me da vueltas. No soy capaz de soportar estar echa un ovillo en  la cama.

Joeee, esto tiene mala pinta. Ahora tengo mal cuerpo, me revienta la cabeza, tengo dolor muscular.  Y creo que algo de fiebre…  Me parece que me he confundido completamente hoy con lo del café y esto es el virus fulminante que pasó mi compañero hace unos días. Tiene todos los síntomas, estoy hecha unos zorros con los mismos dolores que nos explicó ayer. Será…¡hijo de su madre! ¡Me lo ha contagiado!  Y yo aguantando todo el día pensando que era el dichoso café.

22.- Hemos decidido ir a la nieve


Hemos decidido ir a la nieve, tenemos mono toda la familia, y aun este invierno no la hemos visto.  Así que hemos planeado levantarnos prontito, hacer unos bocadillos e irnos a la montaña.
Sólo que el plan se tuerce un poquitín, porque se está tan bien en la cama..., que nos olvidamos de aquello de "a quien madruga Dios le ayuda”, y como ya no tenemos a Dios de nuestra parte, resulta que las botas de nieve les están chicas a los niños, y eso que el año pasado las compré grandes para que duraran muchooo, tampoco encuentro los guantes, las bragas y los gorros.  Juraría que los dejé en una bolsa del armario de la entrada. Y tampoco aparecen las cadenas. ¡Maldita sea! Nos dan las 12 en el Decathlon  avituallándonos, ¿como nos vamos a ir sin un equipamiento apropiado…?
¿Dónde quedaron aquellas escapadas que hacíamos en el instituto a la nieve con aquello que pillábamos por casa? Me acuerdo que nos íbamos en tren hasta Navacerrada, con nuestros chándal y el pijama debajo, las zapatillas de deporte con un par de calcetines, nuestras trencas que se nos empapaban y guantes de lana. Nos llevábamos los bocatas en los bolsillos y trescientas pelas para un refresco y un capricho. Revivo la emoción de la salida, la aventura de las primeras escapadas, con amigos y más que amigos. Las tonterías en la nieve. Las primeras caricias robadas en las batallas de bolas de nieve. Los calores y las mejillas ardiendo en el frío.  ¡Qué tiempos aquellos! Nos lanzábamos colina abajo con  bolsas de basura, no sabíamos ni que existían los trineos. Me acuerdo bajando al tren por un camino de hielo. Resbalando uno, resbalando otro, resbalando todos. Felices y contentos tirados en el suelo. Y finalmente empapados y agotados en el tren de vuelta a casa.
 Una vez con el kit completo de nieve que nos vende el Decathlon  tomamos  carretera hacia Riaza. Hemos desechado la idea de ir a la sierra de Madrid, porque a estas horas la Guardia civil debe estar impidiendo el acceso al puerto.  Así que nos vamos a Segovia. Lo malo es que es el primer día de puente y medio Madrid ha decidido salir por la misma carretera que nosotros. DEspues de hora y media para recorrer cuarenta kilómetros, tener la cabeza como un bombo de las peleas de los niños y gritos amenazadores de los padres, empiezo a pensar si ha sido una buena idea salir de casa. Pero, gracias a Dios todo tiene su fin, incluido el atasco de salida de Madrid y ya vemos las montañas blancas de la sierra de Ayllón.
Ante tal vista, se nos pasan  a toda la familia los malos rollos y estamos todos emocionadísimos. Sólo que son las tres de la tarde y nuestras tripas rugen de hambre… Y aun estamos en Riaza. Aquí no pega comerse un triste bocadillo. Aquí lo que pega es comerse un cochinillo. ¡Con el hambre que tenemos este cambio de planes nos parece perfecto! Así que vamos a casa José y nos pedimos el menú degustación: Unos torreznitos de la zona, setas de cardos al ajillo, calditos de cocido, una ensalada y cochinillo. Todo esto regado por un buenísimo ribera del Duero, y para finalizar un poche segoviano casero.  ¡para chuparse los dedos!
La alegría de salir de Madrid, disfrutar de mi familia, ver felices a los míos y el ribera del Duero que se me sube a la cabeza, me hace sentir con mucha intensidad el momento tan bueno que vivo. Soy tan feliz, me siento tan afortunada de tener a mi familia, de que compartan conmigo estos momentos tan maravillosos.  Me río a carcajada suelta, no lo puedo evitar, los niños y el papi están encantados. Nos contamos tonterías, chistes, adivinanzas y nos reimos costantemente por todo.
-Papá, pero estas palas que hemos comprado sirven para tirarnos por la montaña.- pregunta una
-Pero papi, ¿ cogerán velocidad?-  Pregunta otra
-¡Claro que si! -Respondo yo, adelantandome al papi. - ¡Ya veréis como se lanza una experta montaña abajo!-Les digo deseando hacerme con una de sus palas segura de que va a ser muy divertido. Ya me veo a toda velocidad montaña abajo.
Papa les dice -  Dejar a vuestra madre que está pedo con un vaso de vino…
-Mama , ¿Pero es que te ha sentado mal la comida y tienes gases? –Me pregunta Raquelina toda preocupada.
¡Yo me troncho!, Lloro de tanto reir .- ¿Se me han corrido los ojos?- Pregunto
-No mama, continúan en su sitio- Me dice Iván muy preocupado.
 - No ha sido un vaso, ha sido media botella lo que me he pimplao. - Me defiendo, porque Raúl me dice que se sube el vino con olerlo.
 Los demás clientes del  restaurante nos miran disimuladamente y yo me siento orgullosa de estar pasándolo tan bien con los míos. Pero parece que es la hora de pagar e irnos sin armar más lio.
 
Nos metemos en el coche camino a la nieve. Subimos la montaña, por una carreterita entre hayedos de colores rojos, naranjas y amarillos. Vemos vacas y hablamos con ellas un rao para deleite de los niños:
-MUUUU, ¿Sabéis dónde está la nieve?
-MUUUUU – Nos contestan
Y ahí vamos, la familia al completo a la nieve.
Lo bueno, con el cambio de planes es que la gente baja de la montaña a comer y nosotros subimos. Son las tres. Aun tenemos tres horas para disfrutar del sol. 
Llegamos a un sitio que tiene muy buena pinta. Y no hay practicamente nadie. ¡Qué lujo! . Y nosotros sacamos todo nuestro súper kit de nieve y nos preparamos. Tres horas dan para mucho: Miles de lanzamientos de trineos, guerras de nieve, muñeco de nieve y paseo por la nieve.
Pruebo la pala -Dame niño,¡Que tu madre te va a enseñar lo que es la velocidad! -Pero aun me duele el moratón del patinaje. Mejor os lanzáis vosotros...




 
Raúl y yo disfrutamos de la puesta de sol entre las montaña. Huele fenomenal a tomillo, y todo es precioso.  Nos sentimos tan bien… El sol nos da en la cara, y la nieve brilla arrancando preciosos colores al paisaje. El cielo está anaranjado y yo me siento la mujer más afortunada del mundo a pesar de que mi maridito me ha tirado un bolazo en el cuello que me ha calado hasta las entrañas.  
Observo a los niños y me siento aun más dichosa. Les veo apurar sus juegos con las palas,  ya han probado todos los modos de lanzarse;. sentados,de rodillas, de cabeza, dando vueltas, los dos enlazados, uno adelante y otro atrás, agarrados por los tobillos…
Les veo tan mayores, se han convertido en dos personitas buenas y alegres.  Estoy segura que son niños felices y me siento bien por ello.  Algo he debido hacer bien... No es que sea niños perfectos, tienen sus cosas, a veces les mataría, pero les quiero tanto… Me gustaría guardar este momento en un botecito. Les miro y remiro para intentar grabar todo esto en mi memoria.
La niña es ya una señorita. Entiende todas las cosas que le cuento, me comprende, nos encanta pasar ratos como ella dice “de sólo chicas”, siempre se ofrece a ayudar, y es muy trabajadora y hacendosa. Además se ríe muchísimo. Tiene un gra sentido del humor.

Mi niño, con sus pelos rizados siempre despeinados,  es el hombrecito de la familia, a pesar de seguir con la cabeza llena de pájaritos, y de seres maravillosos, le encanta descubrir como son las cosas y luego contarte historias que escucha y darme una y mil explicaciones para que lo comprenda bien. Crea teorías para todo lo que ocurre a su alrededor. 
Mi marido, atento, fuerte y protector. El compañero ideal para compartir estos momentos. Me siento la mujer más rica del mundo. Yo si que tengo un gran tesoro.
 Anochece, volvemos a casa, cansados, mojados y encantados.