18.-Una de terror: Tarde de dentista

Esta tarde tengo dentista, lo odio, lo odio, lo odio. Odio el dentista muchísimo y es que me da tanto terror.
Todos los años me pasa igual, retraso inconscientemente la revisión. Me invento mil y una escusas: “Este mes voy mal de pelas”, “estas semanas no tengo niñeros”, “estoy teniendo mucho curro”, “tenemos exámenes de los niños”, “no me encuentro de humor”… Y así van pasando semanas y semanas, y pasan meses y meses y también pasan las estaciones… y yo contino encontrando miles de motivos para retrasar la revisión del dentista.

Hasta que por supuesto un día, “¡Ayyyyy!”, me empieza a doler una muela un montón. Y como he tardado tanto en ir a visitar al dentista es demasiado tarde y no hay más remedio que hacer endodoncia, reconstrucción y funda: Ahora si que me he quedado fatal de dinero. Y esta vez lamentablemente para mi bolsillo no es una escusa.

Pero del dentista el dinero es lo que menos me preocupa, en realidad me aterra el chisme ese que perfora la muela y hace un ruido horrible.  No puedo soportarlo...

Está vez se me ha partido una muela por la mitad por el estrés. ¡Qué rabia! No sólo no gano más dinero por trabajar tanto y estar tan agobiada, sino que encima se me rompen las muelas de la presión que hago al appretar fuerte los dientes cuando estoy nerviosa. En fin, que le vamos a hacer: De nuevo endodoncia, reconstrucción y funda, un dineral, ¡se me llenan los ojos de lágrimas!

Así que sabiendo que como no me vea obligadísima me voy a escapar a última hora inventándome una escusa en cualquier momento, se lo digo a todo el mundo para sentir el peso de la obligación, organizo a los abuelos para que se encarguen de los niños e intento concienciarme para ir al dentista:
-No es tan malo, no duele, la anestesia es una maravilla, la dentista es buena persona…

Entro en la clínica haciendo acopio a todo mi control y con el corazón a mil por hora. Cualquiera diría que me voy a la guerra :-(

Hoy voy a probar la técnica de los cascos a mil.  Me lo ha recomendado una vecina. Así consigo anular el sentido del oido porque ya sé que no me duele con la anestesia. Sobre todo porque insisto para que me pongan mucha, y al final se me duermen los labios, se me caen los músculos de la mejilla y hasta el ojo. Es una sensación, como diría, algo incomoda…, pero la prefiero a sentir lo más mínimo.
El problema es el ruido, aunque no me duela, oigo el infernal sonido taladrando mi muela, y me pongo histérica. Yo creo que esto es una fobia de la infancia, porque con unos diez años me empastaron unas seis muelas sin anestesia y lo pase tan mal que nunca jamás lo voy a superar.  

Cuánto me he arrepentido toda la vida de comerme el azucar a puñados a escondidas de mi madre y mi abuela, y de no hacer caso de mis padres y no lavarme los dientes como ellos decían. Aunque debe ser un compotamiento que se hereda, porque mis hijos tampoco se lavan nunca los dientes y mira que les persigo todo el santo día.

Menos mal que ahora han inventado lo de sellar las muelas a los niños y la verdad es que es una maravilla.
Aunqe a lo que estoy esperando es a que inventen que te crezca de nuevo la parte del diente que te quitan. Así terminaríamos con las endodoncias, reconstruciones y fundas. ¡Sería la pera!

Es increíble ver como cambian los tiempos, me sorprende ver como mis hijos sueñan por llevar unos brackets de esos en los dientes porque ahora es lo que está de moda; de brillantes, zafiros, transparentes, de colores… ¡Si hasta la princesa Leticia los lleva! Y yo cuando fui de adolescente al dentista me dijo “no vas a tener ningún problema con los dientes, qué ilusa que me lo creí, y cuando no me cupieron las muelas en la mandíbula y se me torcieron los dientes y volví a ir me dijo, “bueno, ya está hecho y no es para tanto, ¿a ti te molesta?”.   No, a mi no, le dije. Pues ya está.  Todos contentos…

Ahora los niños deben tener los dientes perfectamente aliniados, y los padres nos dejamos uno o los dos ojos de la cara para ello. 

Ufff, ya vienen a por mí…   Espero que esta vez si me pongo la música de los cascos muy altos, lo llevaré mejor.  También podrían sedarme un poquitín, ¿no?

-Susana, la espera la doctora
-vooooyy, digo con un hilo de voz, y me tiemblan las rodillas.

Mi doctora es un encanto y sabe perfectamente que soy una cagueta. Se lo dejé muy claro una vez que después de una sesión del infernal taladro le dije que lo había pasado mucho menos peor en la cesárea.  La mujer pensaría que exageraba, pero desgraciadamente no es así. Esto es un rollo de esos mentales, estoy segura.

La pobre doctora me sonríe con paciencia, y me dice siéntate Susana.
Y yo evaluo la posibilidad de inventarme un imprevisto de ultima hora y salir corriendo de allí, no se, un “uy, me he olvidado de los niños y me están esperando en la puerta del cole”.  Uff, no, venga, que esta muela me duele mucho, relájate y cuenta hasta diez Susana… Tú puedes.

Obedezco y me siento en el sillón de tortura con cara de cordero degollado. Me sudan las manos instantáneamente. Me las sujeto y trato de relajarme.
-          Me puede poner mucha anestesia.
-          La necesaria, no te preocupes que terminamos pronto
-          ¡Ya!

Y un sudor frio me baja por la frente cuando empezamos con la sesión de torturamiento.  Miro las paredes y el techo y me pregunto por qué estos sitios son siempre tan espantosamente parecidos al laboratorio de Dr. jenkins y Mr.  Hyde. Con la silla esa de suplicio, las paredes azul triste y descolorido y los carteles de dientes y melas.  
Mientras trajina en mis dientes pienso con tristeza en cómo pierde la dignidad una con la boca abierta y el tubo ese asqueroso que te absorbe la saliva. Qué denigrante cuando se les olvida, no lo tienes y tu comienzas a ensalivar y a gesticular porque te ahogas o no sabes qué hacer con el líquido en la boca. O cuando se te tapona la nariz y no sabes cómo respirar. O cuando ya te duele la mandíbula y vas cerrando poco a poco la boca, hasta que te dicen, te voy a tener que poner el aparato de los niños… Y contino pensando en estas cosas tan penosas...

¿Y las endodoncias? Son horrorosas también y cuando terminas ya no sabes si tienen boca o un agujero negro porque la mandibula ya ni te responde. Odio que vayan limándome el nervio con las sierrecitas esas. Ayyy, me da una dentera grandísima cuando quedan trabadas en algún lugar entre el nervio y el hueso.   Siempre pienso que pasaría si cierro la boca y muerdo a la doctora. Imagino que no es muy educado por mi parte,  pero me muero de ganas...hay momentos de nervios que me cuesta contenerme.


Al final no ha estado mal, me ha puesto suficiente anestesia y se me cierra el ojo…, ¡Pero estoy encantada! Lo prefiero totalmente, estaba tan preocupada de que no me hiciera efecto en un principio, siempre me parece que comienza demasiado pronto con la faena y antes de que acerque el chisme infernal ya estoy “ay,ay,ay…”.

Esta vez lo de la música ha ayudado mucho, que me ponía nerviosa y el corazón se me aceleraba… Pablo Alborán “Tú y tú y tú y solamente tú…” , que el chisme suena mucho y no soporto oírlo, pues el “Dani California”  de Chilli Peppers. Que necesito superar el terror que me entra me pongo el “sin miedo” de Rosana.   Que necesito fuerzas y energías me pongo “Highway to Hell” de ACDC. Tengo repertorio para todos mis estados de humor. He venido bien preparada para la ocasión.


Por fin hemos terminamos y me voy para mi casa con mis niños. tengo la boca retorcida por la anestesia pero me siento súper feliz de no tener que volver a pasar por esto hasta el año que viene. O eso espero.

17.-Una hora para mi misma: ¡Zumba!


Ummmm, es sábado y no quiero despertarme...

- ¡Mama!, ¡mama!, ¡es de día! ¿Abro la persiana?
-NOOOOO!
-¡Mama!, despierta, ¡Mamaaaaaaaa!
- Ayyyy, dejarme dormir, porfa...- Les suplico con voz quejambrosa.
-Mama, venga, venga, venga, ¡despierta! ¡Vamos a jugar!
No quiero abrir los ojos, me duele todo, y qué mal me siento...
-¡Dejarme en paz! - Y me tapo la cabeza con la almohada.
Pero estos dos bichos no paran de saltar, pegarse, jugar y gritar sobre mi cama, y por supuesto encima de mí cuerpo...
-¡Irosssssssssss!, ¡quiero dormir! Necesito dormir, porfaaaaaa...- les digo ya lloriqueando
-¡Venga mama!, ¡Arriba!, ¡Arriba!

-¡Vale! Me levanto echando humo por las orejas. Pero ¡¡Ay!!, ¡Mi espalda! Joooo, ¿Qué me pasa? me duele muchísimo el cuello, los brazos, los gemelos, algo por la tripa, un músculo que no conocía.... Ahhhhh, ¿Pero qué..?  Ayyyy, ya caigo… ¡¡son agujetas!!

Pues si haber encontrado una hora para mí los viernes  me va a sentar así de mal el sábado, me lo voy a tener que replantear.

Ayer fue mi primera clase de zumba. Estaba un poco nerviosilla porque llevo un año entero sin hacer nada de deporte y estoy bastante oxidada. Pero por otro lado me hacía tanta ilusión poder tener una hora para mi misma y ---¡¡encima bailar!! Hacía tanto tiempo que no bailaba, que realmente tenía mono, verdadera necesidad de sentir la música y mover mi cuerpo.

La verdad es que lo pasé fenomenal, en serio...  Aunque me fastidió mucho verme reflejada por espejos en todas las direcciones. Era muy difícil no apreciar, el barrigón, las lorzas de la espalda, la chepa, y demás atributos que los crueles espejos me revelaban de mi anatomía. Pero me negué a que esto me fastidiará mi hora para mi misma. Así que me concentré en no apreciarlo, en mirar sólo a la profesora y disfrutar de la clase.

La profa resultó ser una cañera que no nos daba un respiro. Vamos, lo que yo andaba buscando para meter mi cuerpo en vereda en tiempo record. Lo malo es que a los quince minutos estaba morada, me caía el sudor por al cara, tenía problemas para respirar, el flato me mataba y encima descubrí que tengo una capacidad completamente genuina de hacer todos los movimientos de las coreografías al revés. Pero eso sí,  me concentré de nuevo en no preocuparme de estas cosillas y disfrutar de mi hora para mi misma.

A la media hora, me moría de sed, me palpitaba el corazón a mil por hora, me temblaban los brazos y piernas y ya no era capaz de dar esos saltitos tan divertidos del principio. Pero eso sí, sin perder el humor. Cambie de táctica, ya no sólo iba a despreciar todos los síntomas que evidenciaban lo poco en forma y oxidada que estaba  sino que además me iba a  reir de todos ellos: Jajajaj, que graciosa estoy medio afixiada, con la cara morada,  la boca seca, torciendoseme las patejas y arrastrandome por la clase, jajajaja.  No pienso dejar de disfrutar de mi hora para mi misma. ¡¡Esto es súper divertido!!.  

Concentración, ya sólo queda diez minutos. Yo puedo, yo puedo, esto sólo es bailar…¡no hay dolor, no hay dolor!

Al finalizar la clase, estaba encantada conmigo misma. Destrozada, pero absolutamente orgullosa: ¡Lo había logrado! Después de un año sin hacer nada de deporte había logrado aguantar toda la clase. ¡Esto era magnifico! ¡Qué subidón!¡Quiero así todos los viernes!

 Cuándo llegue a casa, tuve que hacer un esfuerzo sobre humano y reunir toda mis fuerzas de concentración para preparar la cena a los niños. Hice un pure, se lo puse en el salón, me duche, y me metí directamente en la cama.

Esta mañana cuando me he levantado echa polvo me he encontrado la cena sin tocar ahí donde se la dejé anoche.  ¡¡¿¿Pero qué ..??!!  Noto como me empieza a subir una especie de fuego por los brazos y las piernas hasta el pecho, y se me crispan las manos. ¡Estoy que muerdo!

- ¿Así me agradecéis par de dos enanos maleducados que vuestra madre se ponga a guisar anoche medio muerta que estaba? ¡¡En la vida vuelvo a cocinar yo que lo odio y lo hago por vosotros!! No pienso haceros nada más nunca más. Así que ya podéis ir pensando lo que vais a comer a partir de ahora porque yo ya estoy ¡¡HARTA!!. ¡Ahora que guise otro! Estoy harta de ser vuestra criada y vosotros unos despreciables desagradecidoooossss!
-No mama, quemaba mucho el pure y luego se nos olvidó
-¿Qué? Pero, sí teníais muchísima hambre. Y tú, ¡el padre de las criaturas! -Le miro con los ojos que echan llamas de cabreo - ¿No te diste cuenta?
-No, no lo vi, no lo vi. Ehhhh, yoooo...
-¡¡Estoy hartaaaa!!

Y me vuelvo a meter en la cama tapándome la cabeza con la almohada.

-¡Perdona mama! - Viene uno
-Perdona mami! -Me dice después el otro.
-¡No quieroooo! -Les grito

Tengo un cabreo de mil demonios y me siento fatal. Uff, no me soporto. Odio sentirme así. Con tan mala leche, pero no puedo controlarme. Es que me muero de ganas de tener una buena bronca con mi querido maridin o pegarle tres tortas a cada niño. ¡Me quedaría tan a gusto!

Pero ya me sé por otras miles de veces que me pasa esto,  que luego me arrepiento de todo lo que diga y haga cuando estoy así. Y los más inteligente es intentar alejarme de aquellos a los que ahora mismo gritaría, pegaría y mataría.

El papi se lleva los niños, es lo muy astuto por su parte,  y yo me quedo en casa con un humor de perros. Pasa una hora, pasan dos, tres, cuatro...  Joder, no se me pasa y ni me aguanto yo misma.  A veces lo combino por autocompasión por la familia tan ingrata que tengo y otras veces desesperación y culpa por lo malísimamente que estoy criando a los niños y al marido. Estoy creando monstruos, lloriqueo para mi misma.

 Finalmente he caído en que día es hoy. ¡Día de síndrome premestrual! ¡Vaya mierda lo de tener las hormonas alborotadas! ¡La que he liado!  Tengo a toda la familia exiliada de casa. Hasta el gato ha decidido que es mejor esconderse y no rondar cerca de mío, y todo porque no soy capaz de contenerme.

¡Mira que somos complicadas las mujeres! Debería estar más feliz que una perdiz por tener una hora a la semana para mi misma y aquí estoy, que echo chispas!

El lado positivo es que he logrado no sólo una hora para mi misma, sino todo el sábado enterito porque mi familia ha preferido mantenerse lejos del hogar mientras su madre se comporta como una loca...


Si te gusta compatelo. Su


16.- Sábado de pintura

Estamos tan a gusto, no suena el despertador y no tiene porqué. ¡Hoy es sábado! ¡Qué bien no ir a currar! Aún estoy en la cama y entra luz por la ventana, ¡Que maravilla! ¡De día aún durmiendo! ¡Que bien se está en la cama mullidita los sábados!
Entonces oigo unos piececitos y mi niña entra en la cama,  luego escuchamos otros y entra Iván, y por fin hasta el gato viene con nosotros. Él también es uno más de la familia y no se quiere perder la fiesta.

Ya estamos todos en la cama... ¡Que maravilla! Qué gusto toda mi familia reunida, relajada y contenta. Pasamos la mañana jugando con los niños, haciéndonos cosquillas, contándonos secretos y sobre todo sintiéndonos muy, muy, muy felices, y queriendonos todos muchos.

Esto me trae recuerdos de cuando yo misma de pequeña con mi hermano iba de puntillas a la cama de mis padres los Domingos por la mañana. Eran los mejores momentos de la semana y me sentía la niña más afortunada del mundo. Yo le decía mi madre cómo era posible ser tan felices y ella me respondía porque nos conformábamos con los que éramos y apreciábamos lo que teníamos. 
Ahora de mayor me doy cuenta qué razón tenía mi madre y todo lo que sabía de la vida, es muy cierto que ese es único modo de sentirse feliz y tranquilo. Pero qué difícil es lograr conformarse con tu vida y lo que tienes. Qué difícil saber valorar.

El sábado es el día de los desayunos especiales. Me pongo el delantar de mamita hogareña y me dedico a probar recetas: Unas tortitas, unas magdalenas caseras, un bizcocho de yogurt, unas galletas con mala pinta, unos huevos revueltos, jamón frito, baicon. Yo lo intento, me estudio la receta, pongo todos los chismes y hago mis experimentos, pero me agobia mucho no saber si puse demasiado fuerte el horno o no, y me pongo de los nervios ver como no me sube el bizcocho o como las tortitas se me pegan... Yo lo intento y los niños  a veces me dicen los "mama, no está tan bueno pero me lo como". ¡Pobres!, saben que si  me dicen que está malo me desanimo mucho y volvemos a los kellogs rápidos de entre diario. Y a mis chiquitines  les encanta pringarse con la harina, el huevo y la leche, poniéndolo todo perdido...   Pero no me importa porque son unos cocineretes fenomenales.

El sábado también es un día de coladas porque entre semana no me da tiempo y la acumulo. Así que me encuentro una cesta gigante a rebosar de ropa sucia y maloliente (porque cómo le cantan los calcetines a mi chiquitín). Me pongo manos a la obra a separar la ropa por colores: La blanca renegrida junta para ponerla en un programa de agua hirviendo con lejía. La oscura con amoniaco, que dice mi madre que es bueno para el negro. Y la de colores por otro lado.  Pero no se cómo me las apaño que siempre la lio con la colada: O se cuela un calcetín aventurero y rojo del uniforme del cole entre la ropa blanca y entonces salen todos los calzoncillos rosas, que mosquea al padre y al hijo, pero que yo pienso " qué exagerado si no es tan grave...,  por qué, ¿quién les va a ver en el curro y en el cole los calzoncillos rosas? Hay que ser pijos... Y luego me imagino qué pensarían los compañeros de mi marido si supieran que va con toda la ropa interior rosa, y me parto de risa, lo que ya les sabe a padre e hijo a cuerno quemado...

Otras veces se me cuela algo delicado, de lana o algodón en la ropa renegrida que va con agua ultra caliente y sale enano, enano. Y de nuevo, qué mala suerte,  suele ser algo de mi marido, y queda con la talla de uno de los bebes de juguete de Raquel. Aquí me encuentro en un dilema, ¿debería haber secretos en nuestro matrimonio? ¡Pues claro que si! Es sano para la pareja... Así que cuando me pregunta, "¿has visto mi polo ese que tanto me gusta?", yo le digo "No tengo ni idea. Si cuidarás donde dejas tus cosas..." Y me libro cambiando de tema del problema.

También está el tema de la secadora, porque sí, es cierto, las secadora destroza la ropa. Pero a mi me da igual porque no me gusta llevar la ropa misma ropa varios años seguidos. Siempre termino cansándome de ella o me parece anticuada y fea, por lo que la secadora es mi mejor amiga y la escusa ideal para tener que comprar cosas nuevas ya que las que tengo terminan echas polvo. Eso si evito comprarme ropa buena, ¡porque para lo que me va a durar! Y por supuesto es imprescindible que todo aquello que adquiero sea lavable y secable. ¡Esos son requisitos básicos!

También el sábado es el día de hacer la limpieza de la casa, la compra, la comida, los deberes, estudiar...
Vamos que el día se pasa volando y yo termino hecha polvo.

Pero este sábado para no aburrirnos hemos decidido pintar nuestra habitación. He conseguido engañar a mi maridito.  Se me ha ocurrido que quedaría la habitación chula con una pared de otro color. Me apetece mucho un azul fuerte y vivo. El resto de paredes quiero que sean de otro color pero no lo tengo claro. Un blanco roto como las novias, pero no se, dudo...

Me he dejado los riñones empapelándolo todo para no manchar rodapiés, ventanas, armarios y parquet. Madre mía, esto es agotador, como se ve aqui que no estoy en forma, estoy sudando a chorros y no hago na de na... Menos mal que me he apuntado a zumba para hacer deporte. Creo que me va a gustar porque es baile y tengo tanto mono de bailar. ¡Cuánto echo de menos salir a bailar todos los finde!   Por eso yo estaba tan delgadita y grácil de joven porque lo quemaba todo baila que te baila durante horas... Ahora como mucho quemo la silla de las horas que paso sin moverme frente al ordenador.
En fin, que misión cumplida, mi parte del empapelado ha finalizado.

Ahora le toca al experto pintor de brocha gorda. Fuimos a la tienda y el señor de la pintura nos ha dicho que hagamos nosotros el blanco roto. Su indicación ha sido echar una gota de azul en el blanco para romperlo. Nos concentramos para echar una gota, pero lo que sale de la mezcla no tiene pinta de blanco, en realidad me recuera más a azul dentista... ¡que mal rollo!
-Será la luz, mañana seguro que con la luz se ve blanco roto como las novias...

Raúl hace con el rodillo los acabados gruesos, como tiene los brazos tan largos que llega del suelo al techo sin esfuerzo, arriba-abajo, arriba-abajo, ¡Buen entrenamiento para el sábado!. Mientras  yo con la brocha final y el pincel me encargo de los acabados delicados y artísticos. Porque mira que es complicadísimo hacer la esquina entre los paredes de distinto color. Llevo horas intentando que quede una línea decente entre las dos paredes. Venga escalera para arriba, escalera para abajo, dos pasos para atrás, observación de la dichosa línea y conclusión: "Esto es una chapuza". ¡Otra vez!  Escalera para arriba, escalera para abajo, perfilado de línea, observación y conclusión. ¡Esto no mejora pero estoy hasta el moño! Finalmente, agotada de tanto step gratuito he decidido que no me importa absolutamente nada que la línea en realidad sea una carretera curvilínea de la costa de Galicia.  Una línea así tiene su encanto casero...

El problema es que la habitación que hemos pintado es donde dormimos, y huele súper fuerte.
Creo que nos podemos intoxicar.  Me da que no es muy conveniente dormir ahí. Además tendríamos que vaciar la cama de trastos. ¡Qué pereza por Dios! ¡Con lo que me costó ponerlos! Si no tengo fuerzas...

Me doy una ducha y me quedo en el sofá del salón como un zombi.  Paso de dormir en la cama. ¿Quién necesita una cama para dormir? Hoy de aquí no me muevo.

Una vuelta en el sofá, otra, otra más. No encentro la postura del cuello, se me hunde el hombreo con un ángulo raro, no me caben las piernas,  se me tuerce la espalda, me duele el lumbago... Pruebo a levantar las piernas. Pruebo con cojines bajo las caderas. Boca-abajo,boca-arriba. De lado, del otro lado... ¡Ay... qué nervios! Finalmente decido dormir con la niña. Su cama no es muy grande, pero mi chica es muy pequeñita... Por favor, si está enana parece una culebra; no para de moverse y darme patadas. ¿Cómo un mico tan canijo me puede quitar toda la manta?. ¿Pero cómo esta enana me puede echar de la cama? Son las cinco de la mañana y ando por la casa como alma en pena...mi cama...mi cama...mi cama... Y el pobre de mi marido esté echo un ocho con sus dos metros de cuerpo roncando en el sofá del salón. 

Por fin amanece. Estoy como loca por quitar todos los trastos de mi cama y poder dormir. Pero ... ¡El color! ¿Será blanco roto o azul dentista!  ummmm... definitivamente azul dentista. Parece que nos pasamos con la gota del roto...

Me entra la hiperactividad. ¡Estoy agotada pero necesito mi cama y todas las cosas en su sitio! Me lio a limpiar, colocar las cosas en su lugar, poner los libros, fotos, cuadros. Y a las tres de la tarde, con los niños abandonados y lloriqueando porque tienen hambre, sin desayunar, en pijama, sin lavarme ni los dientes y sin tener lista la comida, ¡logró terminar mi obra maestra!  ¡Me encanta!

Ha sido un infierno de finde. Unos de esos tan agotador y horroroso que te hace valorar cualquier otro como maravilloso.   Pero estoy tan encantada con mi nueva habitación.¡ Además la pedazo siesta que me voy a pegar me va a saber a gloria!


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15.- Escapada a Gijón

Estaba tan decaída, cada día me pesaba más y me sentía tan mal, tan inútil y metepatas. La lluvia me tenía el alma mojada y encogida y la rutina completamente agotada. Entonces Raúl tiró de mí y me sacó del abatimiento.

-Nos vamos de puente a Gijón

En realidad no me veía con fuerzas, pero lo organizó todo y yo me dejé llevar. Así que el jueves estábamos toda la familia montada en el coche camino a Asturias.

Nada más salir de Madrid se me alegro el corazón, me sentí liberada dejando atrás todas mis preocupaciones y los negros nubarrones que me habían agobiado estos últimos días. Sorprendentemente hacia el norte resplandecía mucho más el sol.

Soy muy feliz con los viajes. Los disfruto muchísimo. Me encanta ir de copiloto . Mirando el paisaje, las montañas, los sembrados de cereales, los campos de vides, todo pasar ante mis ojos. Me encanta el cielo infinito y las formas caprichosas de las nubes.

En esos momentos me siento tan insignificante que comprendo lo ridículo de mis preocupaciones. Me siento superada por tanto espacio abierto porque no haya obstáculo que me impida mirar al infinito, lo que no es muy usual para mí viviendo en una ciudad atestada de pisos.

Y noto como se me cargan las pilas y noto como se me alegra el alma. Kilometro a kilómetro me siento cada vez más feliz y relajada.

Puedo dedicarme a sentir gracias a que mi maridín no me deja conducir mucho en los viajes, y eso que ando todos los días con el coche para acá y para allá a toda pastilla por Madrid.

Pero cuando yo conduzco el pobre no puede descansar nada, bueno en realidad termina completamente agotado y estresado porque se pasa todo el tiempo frenando y acelerando, y diciéndome ahora gira, ahora acelera, ahora pon el intermitente, ahora... Y esto no es absolutamente nada saludable para nuestro matrimonio. La última vez que conduje terminé tirándole las llaves a la cabeza y tomé una sabia decisión; nunca jamás volveré a ser la piloto en estos viajes compartidos con él y siempre disfrutaré de mi papel de paquete apreciando estos paisajes que hacen sentir tan bien.

Bueno, siempre que no me quede frita, porque no sé qué será, quizás como me mece el coche, su vaivén y sentirme tan a gustito y feliz pero me empiezan a pesar los parpados, yo me resisto y aunque intento con gestos imposibles y muecas horribles mantener mis ojos abiertos, siempre, siempre acabo roncando y finalmente noto como Raúl me coloca la cabeza bien porque me quedo con el cuello retorcido en mi intento de no dormirme. Ya se ha vuelto en nuestra broma particular...

Al principio me agobiaba que si me dormía yo, se durmiera Raúl, pero he descubierto que tengo una confianza plena en él, y que aquí la única que tiene la capacidad de dormir a todas horas y en cualquier sitio soy yo.

Hicimos una parada del viaje en Astorga y probamos el cocido Maragato. ¡Dios mío de mi vida! No volveré a comer cocido nunca más. Lo prometo... Por poco reviento de tanto comer. Esta gente de castilla son unos exagerados comiendo. Primero nos pusieron una barbaridad de carne, chorizo y tocino entre otras cosas. Todo buenísimo, todo lleno de colesterol y grasa, ummm, para chuparse los dedos (a la porra mi dieta de sólo comer muesli...). En fin haré el sacrificio y me zamparé todo lo que pille en la fuente de barro, pensé para mi misma.

Ya estaba a punto de reventar cuando nos trajeron el repollo y los garbanzo. ¡Madre mía de mi vida! Otra vez buenísimo, creo que aun me queda un hueco en algún sitio de mi cuerpo. Y cuando ya no podía ni pestañear trajeron la sopa castellana... ¡Jesusito de mi vida! Estaba de muerte, creo que si empujo con la cuchara y me la meto a presión aun me cabe...

Finalmente después de que el dueño me echara un sermón por no terminarme todo, que señor más loco... y me jurara que existía gente que se lo comía y encima repetía, me convencí que estos paisanos de Astorga no son humanos, deben ser de otra especie con gran capacidad para nutrirse… No se, quizás se coman un cocido de estos y ya no tienen que comer más en toda la semana. Si, esa debe ser la explicación, ¡no encuentro otra!

Entonces me empecé a encontrar fatal, toda la sangre de mi cuerpo debió irse al aparato digestivo, imagino que el estómago necesitaba refuerzos para digerir la cantidad de grasa que le había regalado así sin avisar, y como toda mi sangre y energías estaba allí tratando de hacer algo con la carnaza y los garbanzos, me dejó de regar el cerebro. Se me nublaba la mente y veía estrellitas. La frente se me llenó de gotitas de sudor frío y por supuesto la tripa me estallaba. Esto no merece la pena... No vuelvo a comer nunca más... Jejeje, no me acordaba que íbamos de camino a Asturias.

Asturias, tan preciosa en otoño con sus hayedos de colores imposibles, sus bosques, sus prados y los magníficos Picos de Europa. Subimos a los lagos de Covadonga y para mi sorpresa estaba despejado, nunca antes los había visto sin niebla. ¡Qué pasada! La sensación fue sobrecogedora, estar rodeado por las magnificas montañas fue increíble. Los niños se volvieron locos corriendo por los senderos de arriba abajo, abajo arriba. Ahí estábamos toda la familia feliz el viento en la cara, llenando el cuerpo de libertad.

Tras una bajada de vértigo por la serpenteante carretera nos perdimos en los bosques frondosos verdes y anaranjados. No se cómo nos la arreglamos siempre pero nuestro Tomtom nos lleva por caminos muy extraños y cutres. Yo me preguntaba que opciones le habíamos metido a este trasto para llevarnos por mitad de la montaña por senderos perdidos de la mano de Dios De verdad que estaba todo el rato asustada y esperando que nos saliera al paso un hobbit escapado del señor de los anillos.

Pero como estábamos en Asturias y en otoño nos tenía que llover: El día del torneo de rugby de Iván en Gijón llovía sin parar. Una lluvia finita que podemos llamar calamamaboba. Nos armamos de paraguas y gorros y nos fuimos al campo de rugby que se convirtió en un barrizal. Los niños estaban encantados ¡Barro! ¡Al ataque! Claro, lo que tiene de atrayente el rugby es que están permitido realizar cosas prohibidas como lanzarse de cabeza al barro y las madres solo podemos pensar en el modo de sacar luego toda esa porquería... ¡He tenido que poner tres veces la ropa a lavar para sacarla algo decente!

Pasé el resto del puente con los chavales del equipo, siendo testigo de su alegría y juventud. Contagiándome de sus ganas de vivir y optimismo. Nos echamos muchas risas, compartimos con ellos sus emociones y aventuras. Y los padres disfrutamos de nuestro tercer tiempo entre bromas y copas en las cabañas del camping donde nos alojábamos en Gijón. No importaba que lloviera, en Asturias cuando lleve la vida sigue y la lluvia no pesa en el corazón.

Conclusión; ya estoy de vuelta con las pilas cargadas y en mi cabeza las prioridades colocadas en su sitio. De nuevo me siento fuerte y positiva. Ahora el trabajo no me parece tan importante ni mi error tan irreparable. Tengo fuerzas y energía para resolverlo. Puedo de nuevo con mi vida. ¡Aquí estoy lista de nuevo para luchar en la jungla de Madrid!

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